El Día del Juicio

Este espacio reúne artículos de análisis y opinión sobre derecho, instituciones y vida pública. La mayoría de los textos abordan cuestiones políticas y jurídicas vinculadas al contexto mexicano.

Ocasionalmente, el autor comparte también experiencias o reflexiones personales sobre asuntos más generales, cuando considera que estos pueden iluminar, desde otro ángulo, los temas que aquí se discuten.

Luis Villegas Montes Luis Villegas Montes

SERÍA BUENO QUE EL PAN NO SE ENGAÑE O LA REALIDAD DEL ESPEJO

Me queda clara la pertinencia y validez del acuerdo por el cual el PAN decidió darle la bienvenida a eventuales candidatos externos; jurídicamente es posible y políticamente podría resultar oportuno; sin embargo, este acuerdo no hay que interpretarlo a lo tonto; es decir, esto podría considerarse factible donde el PAN no tiene candidatos propios viables.‍ ‍

De acuerdo con los Estatutos Generales y el Reglamento de Selección de Candidaturas a Cargos de Elección Popular, el PAN tiene distintos métodos para elegir candidatos; cuenta con tres mecanismos principales, y la decisión sobre cuál aplicar corresponde, por lo general, a la Comisión Permanente del Consejo Nacional:‍ ‍

1. Votación de la militancia: éste es el método tradicional; los militantes del PAN votan directamente para elegir al candidato.‍ ‍

2. Elección abierta: aquí pueden participar ciudadanos en general, no sólo militantes.La Comisión Permanente Nacional puede autorizar este método cuando, por ejemplo: lo solicite un Consejo Estatal, una Comisión Permanente Estatal, la mayoría de los comités directivos municipales, según el tipo de elección, o se actualicen otros supuestos previstos en el Reglamento. ‍ ‍

3. Designación: consiste en que el candidato no surge de una elección interna, sino de un acuerdo de la Comisión Permanente Nacional, en los casos previstos por los Estatutos y el Reglamento.Entre esos supuestos están, por ejemplo: cuando un proceso interno es declarado nulo o en diversos casos excepcionales relacionados con la estrategia electoral, coaliciones o circunstancias previstas por la normativa interna.‍ ‍

Al examinar los Estatutos y su marco normativo de selección queda claro que el PAN establece una separación tajante entre un método de origen ordinario y los métodos extraordinarios o excepcionales. El método ordinario es el de la votación de la militancia; la normativa interna define que el canal regular y natural del partido para postular candidatos es dicha contienda. El artículo 92, numeral 1, establece que los militantes del Partido elegirán a los candidatos a cargos de elección popular, salvo las excepciones y las modalidades previstas en los propios Estatutos; es decir, los otros dos métodos son excepcionales y están sujetos a modalidades.‍ ‍

Esta noción se refuerza por el mismo artículo, numeral 2, que señala: “Cuando se cumplan las condiciones establecidas en este Estatuto, y con la mayor anticipación posible, podrán implementarse como métodos alternos al de votación por militantes, la designación o la elección abierta de ciudadanos”;[1] es decir, se emplea el verbo “podrán”, lo que significa que no es vinculante esa posibilidad; además lo condiciona a que “se cumplan las condiciones establecidas” en los Estatutos; y por último, expresamente habla de “métodos alternos al de votación por militantes”.‍ ‍

Empero, si todavía existieran dudas, está el artículo 11, numeral 1, inciso c), de los propios Estatutos, que consagra como un derecho fundamental de la militancia el “votar y participar en las elecciones y decisiones del Partido”;[2] lo que convierte la contienda interna en la base institucional natural de sus procesos.‍ ‍

En ese orden de ideas, la elección abierta no es, ni puede ser, una decisión en automático, sino una modalidad condicionada; y para proceder se requiere una solicitud aprobada por mayoría o dos terceras partes (según el cargo) de las comisiones permanentes estatales o de la mayoría de los comités directivos municipales, sujeta a la validación final de la Comisión Permanente Nacional.‍ ‍

De la designación directa mejor ni hablamos; el artículo 102 de los Estatutos constituye la piedra angular para comprender la naturaleza jurídica de la designación de candidaturas. De su lectura sistemática se desprende que no se trata de un mecanismo ordinario de selección, sino de un procedimiento excepcional, cuya procedencia se encuentra estrictamente condicionada a los supuestos expresamente previstos por la propia norma: i) para cumplir las reglas de paridad de género u otras acciones afirmativas; ii) por negativa o cancelación del registro acordada por la autoridad electoral; iii) por la actualización de una causa de inelegibilidad sobrevenida; iv) por fallecimiento, inhabilitación, incapacidad, renuncia o cualquier otro supuesto de falta absoluta del candidato; v) por la declaración de nulidad del proceso interno; o vi) por cualquier otra causa imprevista que impida al Partido registrar una candidatura.‍ ‍

Ahora bien, existen diversos criterios jurisprudenciales, del que destaca la tesis jurisprudencial 29/2002[3] y que, en lo medular, sostiene: “Interpretar en forma restrictiva los derechos subjetivos públicos fundamentales de asociación en materia política y de afiliación política electoral consagrados constitucionalmente, implicaría desconocer los valores tutelados por las normas constitucionales que los consagran, así cabe hacer una interpretación con un criterio extensivo, toda vez que no se trata de una excepción o de un privilegio, sino de derechos fundamentales consagrados constitucionalmente, los cuales deben ser ampliados, no restringidos ni mucho menos suprimidos. En efecto, los derechos fundamentales de carácter político-electoral consagrados constitucionalmente, como los derechos de votar […] Lo anterior, en virtud de que las reglas interpretativas que rigen la determinación del sentido y alcances jurídicos de una norma no permiten que se restrinja o haga nugatorio el ejercicio de un derecho fundamental, como lo son los de asociación política y de afiliación político-electoral […]”.[4]‍ ‍

En síntesis, en el PAN, la elección por la militancia es la regla, las alternativas son excepciones, la cúpula no tiene libre albedrío y, por ende, el dedazo es extraordinario. En ese tenor, sería bueno que el PAN, sobre todo el de Chihuahua, no se engañe; no puede tomar decisiones a lo tarugo porque lo que más sobra en Chihuahua, lo que más tiene Chihuahua capital, es candidato… y por cierto, se llama César Jáuregui.‍ ‍

Así las cosas —como Chabelo le cantaba a Supermán—: Adiós supersecretario, bye bye, bye, bye… a chtm.‍ ‍

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[1] Énfasis añadido.

[2] Énfasis añadido.

[3] De rubro: “DERECHOS FUNDAMENTALES DE CARÁCTER POLÍTICO-ELECTORAL. SU INTERPRETACIÓN Y CORRELATIVA APLICACIÓN NO DEBE SER RESTRICTIVA”.

[4] Énfasis añadido.

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ARENA POLÍTICA Y LAS HERIDAS DEL CAN, DIGO, DEL PAN

Tengo por costumbre, al ocuparme de una columna ajena, transcribirla; ello, por respeto a mis treintaidós lectores, para evitarles ese ir de Herodes a Pilatos y perderse en una maraña. No lo haré esta vez porque se comería la mitad de mi escrito. Lo que haré será señalar la liga y reflexionar sobre ese bodrio —que, más que “bodrio”, debería ser llamado “bolo”[1] porque no es más que una regurgitación (lo que escribe su autor lo dicta el hambre)— visible en el sitio: https://lavisiondechihuahua.com/118883-2/ Comencemos:‍

No me puedo tomar en serio un escrito cuyo núcleo es la retórica del lacayo y que, para lo único que sirve, es para demostrar la brutal ignorancia técnica de su autor, puntuación deficiente: demuestra su incompetencia al escribir con punto después de un signo de interrogación; sintaxis rota: separa de forma absurda oraciones condicionales que dependen de la idea anterior; errores de primaria: escribe “por que” separado cuando se trata de una conjunción causal; ortografía descuidada: ignora que los prefijos van soldados a la palabra, como en “exfiscal” o que los nombres propios (Chihuahua) se escriben con mayúscula inicial; y así podría seguir, pero, insisto, la crítica puntual se comería el artículo. Dejemos la gramática. Lo verdaderamente preocupante no es lo mal que escribe el autor, lo verdaderamente digno de destacar es que Santiago de la Peña es un auténtico riesgo para el PAN, uno que no se puede correr.‍ ‍

Como remate a un párrafo, escribe el autor de la nota en alusión a César Jáuregui: “[…] por favor, es un político profesional y en esa condición sabe que jugarla por fuera del partido y contra la voluntad de la gobernadora, es inaceptable”; ¿fuera del Partido? El único fuera del partido aquí se llama Santiago de la Peña; recuerdo —resulta oportuno— cuando los panistas estábamos peleando contra el PRI, el que perseguía, encarcelaba y reprimía panistas era Santiago de la Peña y no otro.‍ ‍

La trayectoria política de Santiago revela una relación predominantemente instrumental con el poder. Escribe el columnista, en relación a Mario Vázquez y a César Jáuregui, que a ambos “sugieren que las decisiones de Maru contribuyen a la desunión del PAN. ¿Es en serio?. (sic) ¿Cuándo dejó de ser ‘la jefa’, como la llamaban siempre?. (sic) ¿Ni por asomo se les ocurre pensar que (sic) son ustedes los que alientan la desunión?. (sic) ¿Maru es desleal y mal agradecida, ustedes leales y agradecidos?. (sic) Miren que bonitos, cuando me conviene sí, cuando no ni madre”; es preciso aclarar una cosa: no señor, no son ni Vázquez ni Jáuregui quienes contribuyen a la desunión; a ésta contribuye todo aquél que quiera impulsar la candidatura de Santi; somos muchos, miles, los panistas que no vamos a tolerar ni a consentir que un priista, un remedo de político y un junior cualquiera se haga con esa candidatura; muchos los que no vamos a consentir que el PAN destruya al PAN con una imposición desde la cúpula; y muchos los que no nos vamos a conformar con que un delincuente electoral, persecutor de panistas, se alce con una candidatura que no merece ni honra.‍ ‍

¿Delincuente electoral? Que cada quien saque sus conclusiones. Lo cierto es que lleva meses desplegando una campaña que cualquiera puede ver: espectaculares, bardas, reuniones, promoción sistemática de su imagen y presencia permanente en actos de claro contenido político, todo ello mientras ocupa una Secretaría de Estado. Después pretende que esos actos no son campaña. Negar lo evidente no convierte lo evidente en inexistente. Si un funcionario público utiliza su posición para construir una candidatura mientras sostiene que no está haciendo campaña, el problema deja de ser semántico para convertirse en electoral y generador de responsabilidad.‍ ‍

Además, su precampaña es una burla porque está basada solamente en la imposición y el dedazo. Reconoce expresamente el articulista: “Habiendo recibido todo (Vázquez y Jáuregui), asumen actitudes desleales ninguneando la facultad política de la gobernadora a recomendar perfiles para presidencias municipales y diputaciones”.[2] Ese supuesto derecho de que habla es ilegal, prohibido en la Constitución y la Ley (se llama “principio de imparcialidad”), así que, en estricto sentido, ningún funcionario tiene, ni ha tenido, ni va a tener ese derecho jamás.‍ ‍

A la única entidad que le corresponde el derecho a elegir candidato es a la militancia. Ni ética, ni jurídica, ni políticamente, ese derecho le corresponde a nadie más; y es preciso recordar aquí otra cosa, fue esa militancia la que, en su momento, se cagó en Javier Corral y se cargó a sus candidatos, no el dedo de Dios ni ninguna encarnación mesiánica de tipo morenista.‍ ‍

En otro párrafo, el pseudoanalista le atribuye a Cruz Pérez usar a la gente y luego limpiarse con ella; el que sí haría eso —más allá de toda duda— sería Santiago de la Peña de llegar al cargo: usar al PAN (a sus siglas y a sus militantes) y luego mandarlos a Chihuahua a un baile, por la simple razón que no le debería nada a nadie.‍ ‍

Esto último, sin remedio, llevaría a la destrucción del Partido. El párrafo ése donde el cronista alude a que César Jáuregui “fue parte fundamental […]” y que “fue muy bien recompensado” es de una vileza difícil de sobrellevar; me imagino que si una mascota toma una pluma, ése sería el único lenguaje asequible: el de la recompensa, el de las croquetas suministradas a tiempo; no se equivoquen: aquí no se trata de recompensar nada, es darle el crédito y el mérito que un político de la talla de César Jáuregui merece y jugar la mejor carta que el PAN tiene para retener Chihuahua en el 2027. De contender, Santiago de la Peña se va a encargar de hundir al PAN chihuahuense, sí, porque al demoler al PAN de Chihuahua capital se destruye el mayor bastión del PAN en el Estado y si se destruye ese bastión, el PAN se acaba.‍ ‍

A ese respecto, el cronista abre fuego afirmando que tiene “dificultades para comprender la insubordinación de César Jáuregui y el minúsculo grupo que lo acompaña en tal despropósito”; vale la pena recordar que en el pasado mes de abril se publicaron notas alusivas a que María Eugenia se había reunido con aspirantes a la Alcaldía chihuahuense: “La reunión […] contó con la presencia de Rafael Loera Talamantes, César Jáuregui, Santiago de la Peña, María Angélica Granados, Alfredo Chávez y Alan Falomir”;[3] eso se llama permiso tácito.‍ ‍

En ese tenor, la explicación racional que pide el editorialista, aquí se la brindo: kilo por kilo (y eso ya es mucho decir), Jáuregui es el mejor aspirante; es el más preparado, el que cuenta con la mayor experiencia, el que ha sido secretario de tres de los municipios más importantes del Estado (Juárez, Chihuahua y Delicias), el que ha sido dos veces coordinador de la fracción panista en el Congreso estatal, el que ha estado en el PAN, con el PAN y por el PAN, en las duras y en las maduras, en las buenas, en las malas y en las peores; y el único que se ha mantenido a pie firme y a cara descubierta, ante el vendaval; para lo que se viene en el 27 se necesitan hombres, no payasos.

‍En lo único que le asiste la razón al autor de la nota es cuando afirma que: “En chihuahua (sic) se juega el destino de la Patria, no es momento para ternuritas ni chantajes”; así es, es hora de que quienes se van a definir se definan claramente; pues bien, ¿saben qué?, Chago no va. De eso nos vamos a encargar los panistas.

Concluyo, donde sí se excedió el comentarista es en eso de que “mejores tiempos para ratificar nuestra convicción de mexicanos libres no existen”, porque, ¿qué tan libre puede ser quien suda peleas ajenas por un plato de lentejas. Un can triste que entra a la arena a sangrar por otros y, al terminar el combate, le limpian las heridas, le llenan el plato y lo dejan descansar en un rincón? Debería pedir un aumento de ración, las humillaciones a las que se expone en forma periódica deberían beneficiarlo de algún modo. ‍ ‍

Seguiremos platicando.‍ ‍

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[1] Masa de alimento ya masticado y mezclado con saliva que se forma en la boca antes de ser tragada.

[2] Énfasis añadido.

[3] Visible en el sitio: https://elindicadornoticias.com.mx/contenido/54069/maru-campos-reune-a-aspirantes-panistas-por-la-alcaldia-de-chihuahua-fijan-reglas Consultado el 20 de junio de 2026 a las 23.39 h.

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DE VUELTA

Como dice la canción: Ya vine de donde andaba, se me concedió volver. ¿Qué cómo me fue? Muy bien y muy mal. Bien porque cumplí con el cometido del viaje: asistir a la Convención Internacional de Rotary en Taipei y porque vi al Adolfo; mal, porque Japón, Corea y Taiwán son otro mundo, lo que más me hizo sufrir fueron los rigores de la dieta.‍ ‍

Yo soy medio especialito para comer, mi mamá así me crio: “¿que a m’ijo no le gusta el tomate?; no le damos tomate al niño”; “¿que no come pepino?; sin pepino”; “¿que la berenjena no la puede ni ver?; a la tiznada la berenjena”; y así. De tal modo que sólo como carne de puerco y de res; pollo y poquito pescado; nada de cosas raras, empezando por los pulpos y terminando con los chapulines.‍ ‍

De hecho, ahora que andaba por allá, me di cuenta de varias cosas; la primera, la más importante, es que yo tengo razón en andar de mentecatito con la comida. Mis treintaidós lectores (sí señor, a esto ya no lo para nadie) se podrán preguntar el porqué de dicha afirmación tan rotunda y yo les respondo: porque mucho tiempo, dinero y esfuerzo invirtió mi mamá para que yo me alimentara a mi gusto, como para andar, ahora, ahora traicionando su memoria y comiendo como oso hormiguero. Cierto que parte de la experiencia de viajar es comer lo que se comen en los lugares que visitas; pues yo me niego; el Adolfo se burló de mí dos días porque en Osaka fuimos a comer pasta y pizza a un restaurante italiano y porque en todo el viaje no comí sushi. En cambio, él terminó con los ojos papujados y un cómico color amarillo de tanto pescado crudo que comió; yo lo veía y se me revolvía el estómago. Una tarde, no pude más y mientras él se deslizaba en lo oscuros aposentos de un restaurante tradicional, en donde lo obligaron a quitarse los zapatos y sentarse en el suelo para comer anguila, yo caminé diez cuadras hasta llegar a un restaurante donde vendían hamburguesas al carbón. Muy buenas, por cierto. Con lo único que transigí, fue con la carne Wagyu, básicamente porque es carne de vaca; deliciosa, sin duda, al igual que la carne de Kobe, que también comimos.‍ ‍

Con lo que nos dimos vuelo fue con el ramen, ¡a cómo comimos! En nuestro viaje al monte Fuji, nos detuvimos en una pequeña ciudad para abordar el autobús que nos llevaría al lago Kawaguchiko, y comimos uno especialmente sabroso, atendidos por una japonesa que hablaba español, porque su papá es de origen peruano y los enseñó a hablarlo.‍ ‍

¿Volvería a ir? Quizá no. Siempre digo que a mí me gustan las grandes ciudades y donde estuvimos, Taipei, Tokio, Hiroshima, Kioto, Osaka y Seúl, lo son; pero son completamente ajenas a mi idiosincrasia; empezando por los aposentos; todo es diminuto, sentarse, pararse, comer, es una tortura; y lo que hay que ver es lo mismo: templos y más templos, palacios y más palacios y un sinfín de parques; paisajes espectaculares, eso sí, pero para mí que no soy de gustos campiranos, es un ya llegué, ya me voy; prefiero Europa, mil veces: Praga, Viena, Barcelona, Madrid o París.‍ ‍

Además está el asunto del idioma; a mí, desde antes, me caía bien el chat GTP, pero ahora lo amo; si no fuera por él no sé qué habría hecho. “Traduce”, le ordenaba; “lee”, “explícame”, una maravilla.‍

Sin embargo, dejo para el final la reflexión de fondo: ¿qué sentí durante todo el viaje al recorres esas urbes inmensa? ¿Con toda franqueza? Admiración, estupor, vergüenza, envidia; párrafos arriba afirmé que Japón, Corea y Taiwán son otro mundo y sí, lo son también por el orden, la puntualidad y la pulcritud que se viven en sus calles; ciertamente no sé cómo vivirán sus vidas a puerta cerrada, pero el ambiente que se respira en los espacios abiertos es increíble; la consideración, el respecto, la educación, son admirables; ¿qué pensará una de esas personas cuando viene a nuestro país? Suciedad, violencia, deterioro por todas partes.‍ ‍

Podrá mi querida lectora, mi gentil lector, pensar mal de mí por esto que escribo; “malinchista” podría ser una palabra que se le viniera a mientes y tal vez tenga razón, corro ese riego porque para eso escribo: para compartir mis pensamientos, pero sí tenemos mucho, mucho, qué aprender de esas civilizaciones, sus instituciones, su grado de desarrollo, su cultura, su civismo, son admirables por donde se les mire; vagábamos por sus calles (donde está prohibido fumar) y la limpieza y el orden cortan el aliento; por no saber, varias veces, Adolfo y yo anduvimos con la basura en la mano porque en kilómetros a la redonda no hay un solo bote de basura. Y sí, lo confieso: sentí envidia, de la mala; porque me gustaría vivir en un país así: limpio, ordenado, educado; y no tener que oír ni leer el montón de babosadas que a diario nos endilgan nuestros políticos de cuarta para justificar la ramplonería, ignorancia, estupidez, vulgaridad, suciedad, violencia, mentiras, desorden, corrupción e impunidad imperantes en nuestro país.‍ ‍

¿Qué viva México? Sí, que viva para que aprenda.‍ ‍

Nos falta mucho para ser un gran país; porque, para serlo, no bastan los discursos ni el autoengaño recetados a diario; es necesario construirlo paso a paso, ladrillo a ladrillo; y luego de escuchar hablar a los políticos que nos gobiernan, empezando por la doctora Sheinbaum, me doy cuenta que no hemos dado un solo paso de ese recorrido; seguimos estancados en la sordidez y la mediocridad y no se ve para cuándo empecemos a avanzar en ese trayecto. ‍ ‍

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SIGAMOS HABLANDO DE FUT

‍Ya empezó el campeonato y se me empezaron a desacomodar los números; dije, y dije bien, que en el grupo A México tenía la ventaja de la localía —y la tuvo—; que Corea del Sur se iba a merendar a la República Checa y así fue; y que Estados Unidos la tenía fácil contra un Paraguay y el 4 a 1 lo dejó en claro. Donde si ya no di pie con bola es que yo pensé que Suiza y Canadá iban a vencer sin contratiempos a Qatar y Bosnia, respectivamente, y resultó que no; salieron con su tarugada del empate.

En el C, lo único lógico fue que Escocia, como debía ser, venciera a Haití (ahí tí), porque, ¿quién iba a imaginar que Brasil —¡Brasil!—, empatara con Marruecos? O, ya puestos, Holanda —¡Holanda! ¡Y por dos goles!—, con Japón?  Yo digo que me leyeron y, para fastidiar mis pronósticos futbolísticos, salieron con su batea de babas. En el orden ilógico de las cosas (los que con toda seguridad también me leyeron), resulta que Australia se impuso a Turquía, ¡hágame usté el favor!, y dos a uno para colmo, algo así como para quitarme lo hocicón; el empate a cero entre Costa de Marfil y Ecuador es la suma de la intrascendencia con lo irrelevante. ‍

Otros que también me leyeron estoy segurísimo, fueron los suecos: ¿Qué la calor? ¡Ajá! Ahí te va tu golpe de calor; p‘a que veas que sí semos vikingos —o les fueron con el chisme—, porque a los tunecinos se los zamparon crudos, como atún en “Poké Bowl”, ahí está ese  5-1 que no me deja mentir.‍ ‍

Lo que sí ocurrió tal y como yo dije fue el contundente 7-1 de Alemania contra Curazao; escribí, y no me equivoqué ni tantito, que dominaría “el grupo desde la posesión del primer balón” y así fue, con un gol anotado en el minuto 5; ya luego Curazao respondió con la sorpresa emotiva del empate en el minuto 20, empero, como para quitarles lo soliviantados y castigar su atrevimiento, los alemanes le metieron otros 6 goles.‍ ‍

O sea, de mis tres preferidos (Alemania, España y México), la primera y el último no me fallaron. Falta ver qué hacen los españoles; para los mamones que nunca faltan, obvio en primer lugar estaría México si yo creyera que puede ganar la Copa; el problema es que según diversas estimaciones cualitativas, tenemos que la posibilidad de avanzar en el grupo es alta; pasar a cuartos, posible; llegar a semifinales, difícil, y ser campeón de escasa probabilidad, más o menos del orden de 1% a 3%; y no lo digo yo, que conste.‍ ‍

Si no me cree o va a empezar a discutir a lo baboso (y hasta de “malinchista” me va a acusar), métale lana (jamás apuesto, pero sería magnífico quitarle lo mentecato a ese mamón virtual). Total y los “Ratones Verdes” me leen —o les van con el chisme de estas mis malagoreras palabras—, y nomás para que me las trague, otra vez, ganan todos sus partidos, llegan a la final y ganan. Nada me daría más gusto.‍ ‍

Contarle cómo he visto los partidos es otra historia; por un precio ínfimo contraté un plan local japonés, el problema es que no funciona fuera; y, ya en Taipei, lógico, la señal no funcionaba; y como soy medio inquietito, bajé un VPN y así lo estoy viendo; lo malo es que lo narran japoneses y no les entiendo ni “j”; lo bueno, es que no necesito narrador para entenderlo; lo malo, es que, así, resulta medio aburrido; lo bueno, es que me ahorro al “Perro Bermúdez” (quién me cae gordo y no sé por qué); lo malo, es que me doy unas desmañanadas espantosas; lo bueno, es que aunque ya no estoy joven, soy “correoso”; lo malo es que me faltan la cervecita y los cacahuates; lo bueno, es que ya el jueves estoy en México —en caridad de Dios, los menús en caracter (y la zozobra de qué me irán a servir) ya me tienen harto—.‍ ‍

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VAMOS A HABLAR DE FUT

‍Si usted me lee, si usted me ha seguido en este avatar que se llama vida, donde llevo escribiendo ya desde hace casi veinte años, usted sabrá que cada cuatro años me aloco; no, no es con las Olimpiadas, ni con las de Invierno, ni con el Mundial femenil que, por no saber, no sé ni cuándo ni dónde se juega, ni siquiera si se va a jugar o no; no, a mí lo que me mata es la Copa del Mundo, la única.‍ ‍

Sí, cada cuatro años, esté donde esté, ahí ando, como judío errante, buscando dónde verla (siempre me ha agarrado trabajando); si me pregunta qué es lo que más me gusta es que los partidos se jueguen entre las 12 del día y las 12 de la noche, porque entonces mando todo al carajo —como hizo Samuel el gober precioso de Nuevo León— para verlos a gusto; si se puede con botanita y cerveza (c'est le meilleur) y que no me estén fregando.‍ ‍

Acá donde ando va a estar dificilito porque el partido inaugural se va a jugar a las 4 de la mañana, pero ni modo, c'est la vie. Yo puestísimo. Esta noche me acuesto temprano porque a las 3.55 am, tarán, de pie y dispuesto. Me vale que no sean horas: cervecita bien helada y botanas (papitas y cacahuates) y el Adolfo que se tizne, ¿quién le manda tenerme a mí de padre, ser güevón y que no le guste el fut? —es que, literal, estamos durmiendo en unas habitaciones de tres por tres metros—.‍ ‍

Como cada cuatro años, también, aquí va mi pronóstico, pero, antes, algunas aclaraciones; usted ya sabe, o debería saber, que el formato cambió y ahora juegan 48 equipos, con lo cual, ya no es como antes que iban 1.º y 2.º lugar contra 2.º y 1.º, respectivamente intergrupos; ahora pasarán, sí, el 1.º y 2.º de cada grupo (24) y los ocho mejores que queden en 3.º, ésa es una gran diferencia porque un equipo por lo general mediocre —como el mexicano— tiene muchas posibilidades de llegar a su 4.º partido. No se confunda, como el que más, yo quiero que gane México, pero soy realista. Sí, sí, yo como usted, ahí voy a estar: ¡México! ¡México! —y el Adolfo, desde su catre, perdón tatami, mirándome con rencor—. Va, pues, no voy a decir quién está en cada grupo porque es gastar párrafos a lo tarugo; voy a proceder diciéndole quién pasa, y porqué, en esta primera etapa.‍ ‍

En los grupos A, B y C, México tiene la ventaja de la localía y la obligación de liderar; Corea del Sur aporta ritmo y físico que desgastarán a la República Checa; Sudáfrica no tiene la menor oportunidad; México y Corea del Sur avanzan directo y los checos muy probablemente peleen en el grupo de los mejores terceros. En el B, creo que el equipo más fuerte es Suiza, y Canadá también aprovechará su localía; en el pasto se quedan Bosnia y, definitivamente, Qatar; y en el C, Brasil no tiene rival; el 2.º lugar se lo van a disputar Marruecos y Escocia; Haití posiblemente ni juegue, ¿cómo p’a qué? Brasil liderará sin sudar la camiseta pese al calorón (no como los suecos, que muy vikingos, muy vikingos, pero a los dos días ya se estaban deshidratando) Marruecos derrota a Escocia, pasa segundo; y Escocia pasa tercero.‍ ‍

En los grupos D, E y F, Estados Unidos pasa pos porque tiene que pasar (es local), en tanto que Paraguay y Turquía  se van a dar un buen agarrón entre ellos y con Australia; en suma, ¿qué va a pasar? No sé. En todo caso, por inercia, pasan Estados Unidos 1.º  y Turquía 2.º, en tanto que Paraguay pasa tercero. Australia, bais. En el E, Alemania (mi querida Alemania) dominará el grupo desde la posesión del primer balón; en tanto que 2.º pasará Ecuador; Costa de Marfil y Curazao —como el chinito (como Haití)— se quedarán milando; y en el F, están los Países Bajos —ah, la malhadada Holanda (y es que… no era penal)—, que deberá a enfrentar a un Japón retobón y bastante inquieto, a un Túnez salvajón y a una Suecia que se veía muy recia, pero que el calor de Los Ángeles los está matando; creo que Holanda fufe (diría m’ija María de chiquita), pero sí pasa en 1.º con Japón en 2.º y no sé quién en tercero, si Suecia o Túnez. ‍ ‍

En los grupos G, H e I, Bélgica domina por la previsible, aunque no inevitable, debilidad de sus rivales: Egipto, Nueva Zelanda e Irán. En ese orden, Bélgica pasa en 1.º  y Egipto en 2.º; los neozelandeses pasarán sin pena ni gloria y los de Irán —como querría Trump— irán mucho a.... En el H, España (¡Olé! ¡Arriba España, con tres “ñ”!) pasa con comodidad, aunque Uruguay puede darnos una mala sorpresa; en tanto que atendiendo a su plantilla, mayor roce internacional y una liga más competitiva, los “halcones verdes” de Arabia Saudita podría pasar como mejor 3º.; en tanto,  Cabo Verde —junto con Costa de Marfil, Curazao y Haití— engrosarán las filas de los chinitos y junto con Irán irán... En el I es dónde está el auténtico groupe de la mort, parce que, ma petite et bien-aimé France, aunque tiene un plantel muy completo, deberá enfrentar a Senegal y ya se sabe que esos en un descuido se lo comen a uno; a una Noruega hambrienta, con un Erling Haaland a la cabeza; y un Irak que se irá a ya saben dónde, de tal modo que quedan Francia y Noruega 1.º y 2.º, respectivamente, y Senegal 3.º.‍ ‍

En los grupos J, K y L el clima pinta despejado para la odiosa Argentina (claro que la de Maradona fue mano), con una Dinamarca que le irá a la zaga, con una Honduras y unos Emiratos Árabes que no tienen nada qué hacer; en el grupo K Portugal pasa como si la marrana, con Cristiano Ronaldo de indiscutido capitán, y una Colombia que pasa fresca, parce, en 2.º; en 3.º pasa Uzbekistán y la República Democrática del Congo se queda con las ganas y se va a la fila de los chinos; y por último, en el L, la pérfida Albión pasa sin problemas seguida de Croacia, por descarte pasa Ghana de buena gana y en el terreno quedan las aspiraciones de un neooriental Panamá que se va a chinar su madre.

El análisis de la segunda parte, se cuece así… aparte.

Luis Villegas Montes.

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CORTÉS: EL HOMBRE (6.ª de no sé cuántas partes).

No lo olvide, lo dejé a usted, en el artículo anterior, con el dilema de resolver si se decidía entre ser malincortés o cortinche —yo me decanto por el primer gentilicio porque, hablando estrictamente en términos apícolas, comprendo la importancia de la “semillita”, sin embargo me quedo con el cálido y amoroso seno materno como la auténtica fuente de la vida—, empero, lo hice sólo para introducirnos en el tema vía Cortés y merced al posdebate que surgió luego de la fallida visita de Chabelita Ayuso y la mefítica y virulenta reacción de la Clau.

Lo que quisiera hacer aquí y ahora —dentro de esa línea ya anunciada del pueril odio a Cortés— es ahondar en su significación y en sus ramificaciones; a saber, que ese odio a Cortés es, al final de cuentas, odio a España (país que ni siquiera existía en aquellos tiempos) y que, tristemente, ese odio a España es odio a nosotros mismos.

Entremos en materia. Entre los desatinos que la presidente mexicana expresó, se halla esta joyita: “A quienes reviven la conquista como salvación, les decimos: están destinados a la derrota”.[1]‍ ‍

Luego de leer esa línea sulfurosa me asaltan un montón de preguntas: “¿qué comió la presidente?¿Qué la indigestó?¿Qué le hizo daño? ¿Se les cayó de chiquita del moisés? ¿Se dio en la choya? ¿En qué forma, rediós, pretender reivindicar nuestro pasado mestizo, a partir de todos sus componentes, es pretender revivir la conquista?”.

Hablar de hechos pretéritos no es ni significa, per se, defensa a ultranza de ninguna cosa; y hacerlo para indagar sobre nuestros orígenes es tan legítimo como cualquier otra actividad humana, por lo que en principio no merece ningún tipo de ataque o condena; hablando de excesos, me mete más ruido, por ejemplo, que una gobernante desde su elevada investidura propale discursos de odio y, en plan papisa tropical, pretenda proclamar verdades inmutables y eternas.

Renegar de Cortés en esos términos y reivindicar el “glorioso” pasado indígena (que además se ha adulterado a lo bestia), es renegar de nuestra mexicanidad; es un intento de obligarnos a andar “a la patita coja” por la vida; ¿por qué?, porque para explicarnos en la mitad de nuestro ser actual es preciso recuperar, o por lo menos reconocer, nuestra parte ibérica.

Aquí hago otro paréntesis; buena parte de los detractores del proceso de la conquista —con Cortés como epítome— no son imparciales, pues no buscan hallar la verdad sino exacerbar o, en el mejor de los casos, evacuar su odio. Claro ejemplo de ello es la alucinante iniciativa presentada hace unas semanas por un tal Pedro Miguel para que los restos del “señor Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano” sean echados “en una caja de detergente Roma y se los entreguemos [a Chabelita] para que haga un caldo de tuétano o los meta en su cama y duerma con ellos”.[2] ¡Absurdo!

Lo interesante del caso no es la originalidad de la propuesta (lo de hacer caldo con el tuétano me parece muy ingenioso), sino el autor de la iniciativa; un escritor que sin empacho habla de su odio a Cortés: “Para sacarme el odio contra Cortés, escribí una novela sobre lo que le pasó después de que se murió. Se me pasó el enojo porque creo que le hice una canallada gorda, una venganza fuerte”.[3] ¿Proponer desde el odio? ¿Debatir desde el odio? ¿Discutir desde el odio? ¿Estudiar desde el odio? ¿Construir desde el odio? ¡Por Dios! ¿qué se puede hacer desde el odio y que salga bien? Es más, clara prueba de que el odio trastorna es el de ese perturbado (no hay otra forma de calificarlo) que piensa que, por escribir un engendro rencoroso (lo leí por encimita y ¡pobre!), le hizo una canallada gorda, una venganza fuerte, a un señor (él sí) que se murió hace 478 años, 5 meses y 7 días.[4]‍ ‍

Es decir, sólo el talante —que no el talento— belicoso, atrabiliario y descompuesto de la Clau deslegitima sus palabras; máxime que, por mucho que sea la presidente de mi país, en este punto, como en otros más, no me representa en lo absoluto. Ahí debería ir con tiento porque, a querer y no, debe gobernar para todos los mexicanos y esforzarse por representarnos a todos. Lo otro, lo otro es fascismo disfrazado.

Retomando el tema (odio a Cortés = a odio a España = a odio a nosotros mismos), al centrar su discurso en Cortés se soslayan, se mutilan de nuestro pasado, siglos de convivencia, aculturamiento y apropiación. La mexicanidad (ser mexicano —esa criatura mestiza, contradictoria y rutilante—) posee una capacidad casi milagrosa para convertir el dolor en fiesta, la escasez en ingenio y la mezcla en belleza; en ella conviven la piedra solemne de las ciudades virreinales y las pirámides antiguas; el barroco delirante y el humilde adobe; el mariachi, el bolero y la marimba; el mole, la canela, los chiles, el limón, el maíz, la caña de azúcar y el cacao; la pólvora de las fiestas patronales y el recogimiento silencioso de los altares domésticos o catedralicios. México huele a pan recién horneado, a copal, a pólvora mojada y a café de olla; canta, reza, maldice, comercia, improvisa y sobrevive con una vitalidad descomunal. Pocos pueblos han sabido fundir tantas sangres, memorias y símbolos distintos en una identidad tan reconocible, exuberante y profundamente humana; y todo eso (todo absolutamente) es producto —y no es posible negarlo— de esa mixtura, me atrevo a decir que “mágica”, entre lo africano, lo indígena y lo español.

Escribe a este respecto don José Fuentes Mares, a quien tenía un poco olvidadón:

“[…] la conquista del mundo azteca fue obra de la espada primero y luego de la cruz, pese a que en Castilla, con el océano de por medio, creyeron posible consumar la hazañas mediante la sola doctrina cristiana. Sangre sí, pero también catedrales y palacios, universidades, imprentas, libros, evangelizadores, defensores de derechos indígenas, maravillosos pastores de almas, poetas, pensadores, científicos, arquitectos, pintores, escultores, y sobre todo el dominio de una lengua universal”.[5]

Continuará…

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[1] Nota de la redacción titulada: “‘Quienes buscan reivindicar a Hernán Cortés y sus atrocidades, están destinados a la derrota’: las críticas de la presidenta Claudia Sheinbaum a la líder derechista española Isabel Díaz Ayuso”. [En línea]. Visible en el sitio: https://www.bbc.com/mundo/articles/c62d713zep2o Consultado el 9 de mayo de 2026 a las 7.00 h. Énfasis añadido. Énfasis añadido.

[2] Artículo de Yanet Aguilar Sosa titulado: “Militante de la 4T solicita al INAH exhumar y empacar a España, los restos del señor Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano”, publicado el 4 de mayo de 2026, por el periódico El Universal.

[3] Artículo de Reyes Martínez Torrijos y Juan Carlos G. Partida titulado: “Saqué el odio contra Cortés: Pedro Miguel”, publicado el 2 de diciembre de 2020, publicado por el periódico La Jornada.

[4] Este texto lo escribí el 9 de mayo de 2026.

[5] FUENTES MARES, José. Cortés. El Hombre, Grijalbo, 6.ª edición, México, 1981, p. 260.

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SHIBUYA CROSSING

‍Les agradezco a todos el interés, pero las fallas y los fallos técnicos continúan, así que nada de podcast ni de entrevista por el momento; además, con el cuento de que me resfrié horrible y el clima está medio desasosegado —llueve todos los días—, pues en ese sentido las cosas no han marchado como yo desearía. Por lo demás, debo decirles que ya estamos en Osaka; de hecho, escribo estos párrafos por la tarde-noche; llegamos hoy de Kioto.‍ ‍

Las imágenes que acompañan estos párrafos son, ambas, del famoso Shibuya crossing; un gigantesco paso peatonal que, vaya usted a saber por qué, ha adquirido fama mundial y una acción obligada es cruzarlo por la noche. Claro que algunos datos pueden darnos una idea de ese porqué: cada vez que el semáforo se pone en verde para los peatones, entre 2,500 y 3,000 personas cruzan al mismo tiempo desde todas las direcciones; el volumen diario estimado es de 2.5 millones de personas que lo atraviesan cada día; el ciclo del semáforo se repite aproximadamente cada dos minutos y, en las horas pico, la cantidad de personas acumuladas basta para llenar un estadio de fútbol. Pues lo crucé, tal y como consta en la fotografía; Adolfo no tuvo esa suerte; “me faltó camarógrafo”, se quejó el muy malvado.‍

Lo cierto es que no es pose; algunas de las fotos con las que me quedo, me las toma el Adolfo a su aire y por propio gusto. Por lo general estoy de espaldas o tengo ese aire meditabundo que la gente confunde con cara de perro.‍ ‍

¿Qué iba pensando? Que me tengo que dar prisa; que hay un montón de lugares donde quiero estar o que quiero conocer y no me va a alcanzar la poca vida que me queda. Eso le decía al Adolfo: “sesenta años ya y apenas estoy aquí, donde tantas veces desee estar”; nunca había sido tan consciente del paso del tiempo.

Y no estoy para que me vayan a decir que no diga estas cosas, que todavía estoy muy joven, que el corazón no envejece, que el cuero es el que se arruga, que hay más tiempo que vida, etc.; por pura estadística, estoy más cerca del hoyo que del bollo; ¿qué sigue? No lo sé, bien a bien; me imagino que seguir tirando, pero, ¿para dónde?‍ ‍

En fin, esas dudas existenciales las he ido administrando. Ayuda que fuimos al Kabuki, una forma de teatro tradicional que se caracteriza por su drama estilizado y el uso de maquillajes elaborados; empezó con un entremés que duró 40 minutos; yo me dormía, me despertaba, me volvía a dormir y aquella tortura continuaba. “Cuatro horas”, me dijo el Adolfo al oído. “Trágame tierra”, pensé; pero no, las cuatro horas restantes transcurrieron sin contratiempos —con el mentado entremés la cosa se prolonga a casi cinco horas—.‍ ‍

Ayuda que me siento rico MacPato; en el cajero saco 75 mil yenes (unos ocho mil pesos), pero yo me siento como una máquina de hacer dinero.‍ ‍

Ayudan Hiroshima, el monte Fuji, la luchas de sumo y el teatro Noh.‍ ‍

Ayuda que estamos vivos y agradecidos con Dios.‍ ‍

Por lo pronto, ayuda que ya decidí que en breve me voy a dar una escapadita a todavía no decido dónde: Islandia, Dinamarca, Suecia o así; Pedro Ferriz anda en Estambul —no me parece mala idea—; y ya puestos, ¿por qué no Sudáfrica? Ya veré, lo único cierto es que lo del podcast me tiene muy entusiasmado y, tal y como dijo el Adolfo: “me faltó camarógrafo”. ¿Verdad que duele, cabroncito?‍ ‍

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CORTÉS: EL HOMBRE (5.ª de no sé cuántas partes).

‍Antes de continuar, es preciso traer aquí otras voces; ni más ni menos autorizadas que las de Fuentes Mares, pero necesarias para ilustrar la siguiente tesis: que el historiador chihuahuense no estaba solo en sus afanes; ni su labor es la obra de un solitario.‍ ‍

Escribió Octavio Paz:‍ ‍

“La figura de Hernán Cortés ha provocado siempre los sentimientos y los juicios más contradictorios. Desde sus contemporáneos Bernal Díaz del Castillo y Francisco López de Gomara hasta los historiadores y biógrafos que los han sucedido durante cuatro siglos, nadie ha escapado a una fascinación que va de la idolatría al aborrecimiento”.[1]‍ ‍

Intelectual —quizá el más grande que haya nacido en México—, Paz establece una interesante serie de analogías que sitúan a Cortés entre los grandes hombres de todos los tiempos y latitudes, no sólo por sus hazañas guerreras, sino también, por ejemplo, merced a sus dotes estilísticas:‍ ‍

“La Conquista de México evoca las empresas de César en las Galias o de Babur en el Indostán; el parecido se acentúa porque, como ellos, Cortés fue un escritor notable y sus Cartas de Relación soportan la comparación con los Comentarios de La guerra de las Galias o con las Memorias del conquistador de la India”.[2]‍ ‍

Aunque la contrastación no se queda ahí, porque cita a William Hickling Prescott —historiador norteamericano y otro que admiraba a Cortés—, quien compara al extremeño con un semental (ya he dicho que Cortés era vaguito); le atribuye asimismo, Paz, la crueldad y la perfidia de esos príncipes brillantes y sin escrúpulos del Renacimiento (como César Borgia o Sigismondo Pandolfo Malatesta); y en cuestión de amores, su pasión por doña Marina, lo hace colocar a la pareja a la altura de Marco Antonio y Cleopatra.‍ ‍

El premio Nobel resume así la biografía del metelinense: guerrero, político, diplomático, aventurero ávido de riquezas y mujeres, católico devoto, Cortés fue también un descubridor de tierras y un fundador de ciudades: “fue un hombre extraordinario, un héroe en el antiguo sentido de la palabra. No es fácil amarlo, pero es imposible no admirarlo”.[3]‍ ‍

Sin embargo, ¿por qué reproduzco en este punto a Paz? Porque su línea de razonamiento en el artículo de marras nos lleva a dos extremos que empiezan, y terminan, en lugares distintos: el primero, ése en que Cortés era un ser humano, y no cualquier ser humano (puede amársele u odiársele, pero no ignorarlo); y segundo, ¿qué ocurrió en la historia de nuestro país para quedarnos solamente con una de ambas versiones, tontamente la peor? (No olvidemos que así nos metimos en este margallate: con el bochinche que armaron Clau y Chabelita en torno a la figura del conquistador).‍ ‍

Para abordar la segunda cuestión, quiero reproducir aquí, otra parte del referido artículo:‍ ‍

“Cortés divide a los mexicanos, envenena las almas y alimenta rencores anacrónicos y absurdos. El odio a Cortés no es odio a España: es odio a nosotros mismos. El mito nos impide vemos en nuestro pasado y, sobre todo, impide la reconciliación de México con su otra mitad”.[4]‍ ‍

Cuatro años antes de que Paz escribiera su artículo, Fuentes Mares había escrito en el libro que he venido citando (Cortés. El Hombre): ‍ ‍

“Cortés, emblema de amores verdaderos o estigma de amores contrariados; hombre de fuego en los murales de José Clemente Orozco, indigno monigote en los del trapacero Diego Rivera. Cortés se nos ha muerto a medias, y nadie lleva prisa en consignar su muerte total. Fuego sin fin, algún misterioso combustible alimenta la llama inextinta. Sobre el enterramiento del Hospital de Jesús corren odios y amores actuales”.[5]‍ ‍

Ahí, en la primera, en esa visión mezquina y malograda —sin batallar ni esforzarnos en recurrir a sutilezas— encontramos a la presidente Sheinbaum y la aversión ideológica que pretende inocular a todos los mexicanos. Odio ciego que no repara en melindres, ni siquiera aquellos que se sostienen en la verdad de los hechos.‍ ‍

Porque ésa es una historia que la presidente Sheinbaum, al amparo de sus filias y fobias malentendidas, se niega en redondo a escuchar una versión que no sea compatible con la suya; y no llega a comprender que la verdadera estulticia, la supina ignorancia, es tomar partido, y para mal, por hechos que, primero, ocurrieron hace 500 años; segundo, hechos que —no depende de nosotros ni de nuestros retobos porque resulta imposible— no podemos modificar de ninguna manera; y tercero, que ese caudal de hechos, desde que Cortés pisó ese suelo que ahora llamamos “Veracruz” (el 22 de abril de 1519), nos modela, perfila y conforma; porque sí, nosotros, los mexicanos del siglo XXI somos, a querer y no, producto de ese gesto, mejor dicho, de esa gesta: somos fruto, resultado, consecuencia y cicatriz de aquella hazaña; prolongación histórica de aquel choque brutal, somos descendientes —mal avenidos, contradictorios, mestizos— de aquella colisión; el sedimento humano de aquella fundación que comparten, por igual, vencidos y vencedores.‍ ‍

En suma, somos, para bien y para mal, hijos de Cortés y de doña Marina —sí, de ella, la mal llamada y con desprecio: “Malinche”—; somos, con todas sus letras y más que mexicanos: “malincorteses” o “cortinches”.‍ ‍

Usted decida.  ‍ ‍

Continuará…‍ ‍

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[1] Artículo de Octavio Paz titulado: “Exorcismo y liberación”, publicado el 29 de diciembre de 1985, por el periódico ABC. Énfasis añadido.

[2]Ibidem.

[3]Ibidem. Énfasis añadido.

[4]Ibidem. Énfasis añadido.

[5] FUENTES MARES, José. Cortés. El Hombre, Grijalbo, 6.ª edición, México, 1981, p. 15. Énfasis añadido.

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PENÚLTIMO CAFÉ, EN SEÚL, ABRIL 26 O JUNIO 1.º

‍ Si le contara cómo llegué acá y por qué ando por estos rumbos, narrarlo con pormenores me llevaría bastantes páginas.‍ ‍

Lo cierto es que todo empezó como una inquietud efervescente que nació de este rotarismo redivivo que se instaló en mi pecho a raíz de la decisión —y la bondadosa aprobación de los miembros del club Rotario Chihuahua Enlace— de elegirme como su presidente, otra vez, para el periodo 2026-2027.

Tomada la decisión y votado como presidente electo, decidí concurrir a la Convención Internacional de Rotary, a celebrarse del 13 al 17 de junio de este año, en Taiwán; como no es una ida a Aldama, me dije: “mi mismo, ¿y si nos vamos antes?”; y mi mismo que es —pese a la cara de sargento mal pagado que me cargo— un poco vaguito, dijo: “¿y si sí?”; y luego lo comenté en voz alta; y el Adolfo —que no es el epítome de la diligencia ni la templanza— preguntó: “¿y si voy?”; y como tampoco es cuestión de traumarlo y que me eche a mí la culpa de lo que pase, de sus múltiples y sucesivos divorcios ni de sus chamacos andándose por las ramas, le respondí: “¿guainot?” (o séase, “¿por qué no?”); y aquí nos tiene, en Seúl; de aquí a Japón y luego a Taiwán.

En ese tenor, yo ya tenía la idea de un podcast (no llegas a ningún sitio con cámara, equipo de audio, canal de YouTube, etc., si no es con segundas intenciones), que se llamara así: “Penúltimo café” y que se ocupara, palabras más, palabras menos y en dos formatos distintos (entrevista y soliloquio), primero, de historia: historia local, historia regional, historia nacional y, ¿por qué no?, también historia internacional, desde esa hermosa región situada en el norte del México; segundo, de literatura; tercero, de proyectos editoriales; cuarto, de política, y quinto, en general, de temas que se ocupen, directa o tangencialmente, de los cuatro asuntos anteriores.

De hecho, habitado por ese espíritu historiográfico, tras serios y considerables esfuerzos, había decidido inscribirme en la maestría en historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH, pero no fue posible (y no, no me gustó cómo debí echar a la basura casi dos meses de mi vida recabando información pendeja, con requisitos pendejos, en trámites pendejos, solicitados por…); nobleza obliga y, lo creo sinceramente, este mundo está para buscar luminosos síes y no noes pendejos (en fin, para bien o para mal, la UACH continúa siendo lo que era cuando entré hace más de 40 años) y yo me voy con mi música a otra parte a buscar un master internacional así sea en línea.‍ ‍

Como sea, llegamos a un glorioso hoy que nos halla a mí y al Adolfo, con los micrófonos al aire, en la capital de Corea, transmitiendo para usted, querida lectora, gentil lector (¡veintinueve seguidores ya, qué barbaridad!), en esta emisión primigenia de “Penúltimo café”.‍ ‍

Búsqueme, léame, véame, escúcheme, porque, en verdad se lo aseguro, vamos a intentar trascender; y por “trascender”, que conste, quiero decir llegar a más gente e influirla en forma positiva y no —no se me asuste ni se me apanique— ir a otro plano existencial ultraterreno ni cosas de esas. Pocas veces va usted a ser testigo de un proyecto al que se le dediquen tanto amor, tanta dedicación y tanto esfuerzo como Abril 26 y esa especie de apéndice tarugo (show histórico, político, intelectual) que somos yo y “Penúltimo café”.‍ ‍

Créame, nos estaremos escuchando, viendo, leyendo o interactuando. Que Dios, nuestro señor, nos agarre confesados a todos.‍ ‍

Post scriptum: ya para enviar estos párrafos, mandó María un mensaje: se confirmó. No les puedo decir lo feliz que estoy; debo de confesar que se me salieron las de San Pedro cuando leí los párrafos que transcribo a continuación; pero, antes, una aclaración para los no iniciados: cuando alguien se confirma en la Iglesia Católica, suele elegir el nombre de un santo que lo acompañe como ejemplo de vida. Ahora sí, el texto de María:

“Elegí Teresa de Ávila […] porque fue una mujer humana y real —con dudas, fragilidades y momentos de tibieza espiritual —que se convirtió en una figura de enorme fortaleza, inteligencia y profundidad espiritual. Fundó 17 conventos, enfrentó la Inquisición, escribió obras maestras sobre la vida interior, y todo con humor y carácter. Es patrona de España, escritores y enfermos de jaqueca. Frases de Ella: Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta. Eso es muy real y muy bonito”.

¿Ven por qué lloré poquito?

Además, ¡incluso la casualidad (las casualidades no existen) juega a nuestro favor!  “Patrona de España” (Adolfo y Abril 26), “escritores” (Adolfo y yo) y “enfermos de jaqueca”, ¿quién pone en duda que soy un dolor de cabeza?

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CORTÉS: EL HOMBRE (4.ª de no sé cuántas partes).

‍ No nos perdamos.‍ ‍

Retomando el asunto original: el problema son los énfasis y las mentiras evidentes que pueblan los dichos referidos en la primera entrega, porque la presidente Sheinbaum podrá tener razón en todo lo que afirma, pero —y este “pero” es fundamental—, ¿qué proceso cómo el que se vivió en 1519 en estas tierras no es harto violento? Todos, sin excepción. Ningún choque de civilizaciones, en ningún lugar del mundo, en el transcurso de los últimos diez mil años, ha sido pacífico: ni el de estos contra aqueos, ni el de los hunos contra los otrhos, ni el de los mongoles contra los mongolitos, ni el de los tlaxcaltecas contra los samuráis (de veras, esta historia merece un artículo aparte). Poner el énfasis en esa circunstancia, y olvidarse de todo lo demás, es una falacia; pero además, emplear el sustantivo “adoradora” (para aludir a Chabelita) es, casi, un insulto personal porque motejar así a alguien no pretende argumentar, intenta reducir, caricaturizar. El término presupone fanatismo, idolatría y renuncia al juicio crítico; transforma automáticamente cualquier tentativa de análisis histórico en un acto de devoción cuasi religiosa, pues se omite discutir ideas o interpretaciones y, en suma, se patologiza al interlocutor.‍ ‍

Por otro lado, centrarse en esa violencia y a renglón seguido afirmar que la grandeza de México viene de los valores de los pueblos originarios y que ellos son la verdadera reserva de valores del México de ayer y de hoy no sólo es un enredo, es una exageración (cuando no, una gran mentira). Los aztecas, con todo y sus avances de la época, desde el punto de vista tecnológico-material, eran un pueblo colocado en el neolítico tardío, pues si bien contaban con un urbanismo monumental, sistemas hidráulicos complejísimos, administración imperial, mercados gigantescos, avanzada astronomía, calendarios sofisticados, escritura pictográfica, tributación, educación formal y una estructura política altamente desarrollada, también es verdad que carecían de acero, pólvora, navegación oceánica, animales de tiro e imprenta; y sus herramientas primordiales eran… de piedra.‍ ‍

En cuanto a sus valores: conocían la esclavitud —ahí están el Códice Mendoza o la Historia general de las cosas de Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún, e incluso tenían una palabra en náhuatl: “tlacotli” (esclavo)—; practicaban sacrificios humanos —ahí están los “tzompantli”, término que proviene de “tzontli”, cabeza o cráneo; y “pantli”: hilera (fila de cráneos)—; la traición no les era desconocida, baste con recordar que incluso su imaginario religioso exaltaba relatos como el de Quetzalcóatl, engañado y traicionado ¡por su propio hermano!, el felón Tezcatlipoca; tampoco el salvajismo —ahí está el caso de Chalchiuhnenetzin, hija de Axayácatl (la primera serial killer en estas tierras)—; o la dominación a través de la guerra, la matanza y la masacre; y eso no es propaganda proespañola, se refleja en el hecho histórico decisivo de que decenas de miles de indígenas se aliaron con Cortés versus Tenochtitlan.‍ ‍

En cuanto a pretender reducir a Cortés a dos matanzas, no sólo es falso, porque Cortes fue más, mucho más que eso. Hernán Cortés fue, sin duda alguna, uno de los grandes capitanes militares de la historia universal; y negarlo por corrección política es tan ridículo como negar el genio de Alejandro Magno porque arrasó ciudades, el de Aníbal Barca porque sembró Italia de cadáveres o el de Julio César porque convirtió la guerra civil en escalera hacia el poder absoluto.‍ ‍

Cortés era ambicioso, desleal, lúbrico (bastantito), brutal cuando quiso serlo y poseía una codicia feroz; pero además de todo eso —o quizá precisamente por ello— fue un estratega extraordinario, un político intuitivo y un conductor de hombres de primer orden. Con apenas unos cientos de españoles, perdido en un continente desconocido, aislado de Cuba, enfrentado a gobernadores, selvas, montañas, epidemias, lenguas incomprensibles y millones de enemigos potenciales, logró algo que parece un delirio literario: destruir el poder mexica y levantar sobre sus ruinas un nuevo orden político.‍ ‍

Cortés supo leer resentimientos indígenas, explotar divisiones internas, improvisar alianzas imposibles y convertir cada derrota parcial en una oportunidad estratégica. Quemó naves, armó naves, marchó hacia el corazón de un imperio que lo superaba infinitamente en número y terminó entrando en Tenochtitlan como pocos hombres han entrado jamás en ciudad alguna: apostándolo todo. Hay figuras históricas menor brutales (quizá Escipión el Africano, Marco Aurelio, Saladino o Federico II de Prusia), sí, claro, pero genios militares de esa magnitud aparecen muy pocas veces en siglos enteros.‍

Continuará…‍ ‍

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HASTA LAS MANITAS: EL TSJ METIDO EN POLÍTICA

El pasado 18 de mayo, un medio digital publicó un editorial (visible en el sitio https://chihuahuaendirecto.com/en-el-tsje-essantiago/); transcribirlo se comería la columna; los puntos centrales del texto, en lo que nos interesa:‍ ‍

1.    Existe una “presunta” operación política dentro del Tribunal Superior de Justicia (TSJ); ahora ya es descarado el apoyo a Santiago de la Peña en el Tribunal Superior de Justicia, vinculado a la presidencia del órgano;‍ ‍

2.    La nota habla de operación interna y externa dada la dependencia política y falta de estructura propia; así, la presidencia del TSJ habría recurrido a apoyos provenientes del Estado, ligados a la Secretaría de Hacienda local, para sostener reuniones y operación política;‍ ‍

3.    Rumbo a 2027, dentro del Poder Judicial existe incomodidad por una creciente división interna ante el escenario político-electoral de 2027 y el eventual relevo en la presidencia del TSJ; ¿qué va a hacer Rubén Aguilar, por ejemplo, que todo le debe a Santiago, su padrino y artífice estrella, empero que le había jurado fidelidad a César Jáuregui?‍ ‍

4.    En ese sentido, la orden de De la Peña es controlar la exposición pública y poner especial cuidado sobre videos y fotografías de reuniones para limitar evidencia pública sobre participantes y apoyos, y‍ ‍

5.    Por lo pronto, “el grupo de Santiago mantiene control e influencia, dentro del propio Poder Judicial”.‍ ‍

Dice el artículo 73 de la Ley General de Responsabilidades Administrativas:‍ ‍

“Se consideran Faltas de particulares en situación especial, aquéllas realizadas por candidatos a cargos de elección popular, miembros de equipos de campaña electoral […] que impliquen exigir, solicitar, aceptar, recibir o pretender recibir alguno de los beneficios a que se refiere el artículo 52 de esta Ley […]”.[1]‍ ‍

Y el referido artículo 52, dispone lo siguiente:‍ ‍

“Incurrirá en cohecho el servidor público que exija, acepte, obtenga o pretenda obtener, por sí o a través de terceros, con motivo de sus funciones, cualquier beneficio no comprendido en su remuneración como servidor público, que podría consistir en […] servicios; empleos y demás beneficios indebidos […]”.[2]‍ ‍

Es decir, dado que existe, o puede existir, una operación política activa dentro del TSJ vinculada al grupo de Súpersecretario y la presidencia de dicho órgano —y que, como he afirmado en distintas ocasiones, durante meses, existe un claro contubernio entre éste y la gente que acomodó a su antojo y con la que ha pactado apoyos inconfesables (que implica correr a medio mundo del TSJ), para tenerlos contentos y actuando a su favor—, quien claramente llegó impulsada desde Gobierno del Estado, el tribunal se estaría alineando rumbo a 2027 y parte de la estructura estatal estaría participando en esa operación de manera ilegal. La acusación no es menor […] He ahí el auténtico problema: no se trata de los funcionarios involucrados en esta trama delictiva, ni de los operadores, ni de las reuniones; el verdadero problema es el silencio del Tribunal de Disciplina Judicial (TDJ); porque si existe una acusación pública de operación política dentro del TSJ, utilización de estructura estatal, alineamiento rumbo a 2027 y control deliberado de evidencias gráficas, el TDJ no puede actuar como espectador. Su función no es esperar denuncias cómodamente sentado, sino proteger la integridad institucional.‍ ‍

He ahí el auténtico problema: no se trata de los funcionarios involucrados en esta trama delictiva, ni de los operadores, ni de las reuniones; el verdadero problema es el silencio del Tribunal de Disciplina Judicial (TDJ); porque si existe una acusación pública de operación política dentro del TSJ, utilización de estructura estatal, alineamiento rumbo a 2027 y control deliberado de evidencias gráficas, el TDJ no puede actuar como espectador. Su función no es esperar denuncias cómodamente sentado, sino proteger la integridad institucional.‍ ‍

Si todo es falso, debería abrir una investigación para desmentirlo; si hay algo cierto, debería investigarlo para sancionarlo; lo único injustificable es la inacción. De nuevo vemos al inútil de su presidente de güevonazo, paseándose por aquí y por allá, declarando barbaridades e infundios y tomándose fotitos (¡ay! Rete monas, eso sí) mientras en torno suyo la corrupción se traga al Poder Judicial (PJ). Cuando el órgano encargado de vigilar a los juzgadores no mira y deja de ser árbitro, corre el riesgo de convertirse en cómplice por omisión.‍ ‍

Si la acusación primigenia es grave, la pasividad institucional es peor, porque un TDJ que no cumple con su cometido por posibles (y más que probables) interferencias políticas dentro del PJ manda un mensaje devastador: que la autonomía judicial es un discurso para ceremonias y no una obligación que deba defenderse.‍ ‍

Si el TDJ no abre de oficio las respectivas investigaciones, entonces acepta una de dos cosas: o que las acusaciones le importan un pepino o que el control político sobre el órgano ocupado en vigilar dejó de escandalizarlo.‍ ‍

Ninguna de las dos hipótesis lo deja bien parado.‍ ‍

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[1] Énfasis añadido.

[2] Énfasis añadido.

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CORTÉS: EL HOMBRE (3.ª de no sé cuántas partes).

‍ ‍“La mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y

muerte del que lo creó, es el descubrimiento de las Indias”.

Francisco López de Gomara.[1]

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A patear el pesebre y a desmontar la anquilosada tramoya ideológica del nacionalismo mexicano.‍ ‍

Nacionalismo a la mexicana por cierto que, ahora como jamás —peor que en el priato—, es un nacionalismo ramplón, simplificador, maniqueo, aldeano, rudimentario, panfletario, catequístico, dogmático, mitológico, patriotero, acrítico, de cartón piedra y bronce oxidado, resentido, revanchista, histérico (más que nunca), victimista, rencoroso, embustero y antihispánico.‍ ‍

En ese contexto escribió don José Fuentes Mares y, obvio, así le fue. Baste un dato anecdótico para ilustrar el punto: nombrado Rector de la Universidad Autónoma de Chihuahua, él mismo cuenta cómo apenas sí pudo ejercer el cargo, pues alguno de esos mentecatos sin oficio ni beneficio que nunca faltan fue con el chisme al presidente de la República, Adolfo Ruiz Cortines, y éste, en plan retórico se preguntó cómo podía haber sido nombrado para esa elevada responsabilidad el hombre que fue capaz de escribir Santa Anna: Aurora y ocaso de un comediante.[2] No cumplió ni un año en su encargo.‍ ‍

Pues bien, en Cortés. El Hombre, Fuentes Mares no pretende escribir una biografía académica cuajada de fechas, camafeos archivísticos o erudición exhibicionista. El propio autor advierte desde el inicio que se trata de un libro destinado a lectores “poco o nada interesados en el detalle de relevancia escasa; esto es, a quienes prefieren contemplar el bosque entero y no perderse obsesivamente en cada árbol”;[3] sin embargo, reducir el libro a una simple “biografía crítica” sería muy injusto porque Fuentes Mares no busca practicarle una autopsia documental a Cortés, no; pretende devolverle respiración histórica, tamaño humano y densidad simbólica. El resultado es, pues, un texto a caballo entre el ensayo histórico, la reivindicación cultural, el retrato psicológico, la épica y la provocación intelectual.‍ ‍

El tono del libro es ágil y deliberadamente alejado del academicismo solemne; y aunque destaca que su autor no pretende fundar una novísima historiografía cortesiana, sí aspira a combatir la irracional simplificación nacionalista e indigenista —dominante en el siglo XX y, ¡ay!, en lo que va de este decenio—. Cuando el libro ve la luz, el relato histórico oficial llevaba décadas profundamente arraigado en una serie de tópicos vulgares que, tal parece, la Clau se fusiló enteritos para sulfurarse a gusto contra la Chabela.‍ ‍

La tesis central del libro es una sola: Cortés fue una figura histórica descomunal que iba montado en su siglo a horcajadas en todo: religioso, pero mundano; estratega y simulador; culto y brutal; sentimental y despiadado; político refinado y guerrero feroz; don Juan y Vlad III; hombre medieval y renacentista, al alimón (don José era un taurófilo irredento). Para el autor, el verdadero genio de Cortés no radica sólo en el uso de la espada; para él, su principal talento fue político y psicológico: leía hombres, manipulaba pasiones, combinaba el castigo y el perdón con extraordinario acierto; sobornaba, seducía, intimidaba, improvisaba, convertía a sus enemigos en aliados y jamás perdió de vista su objetivo final.‍ ‍

En resumen, Fuentes Mares nos regala un aguafuerte donde destaca la heroicidad de Cortés; misma que campea en el libro como una mezcla de voluntad absoluta, intuición histórica, genio político, audacia militar y una especie de fatalismo providencial.‍ ‍

¿Cómo y dónde lo ensalza?‍ ‍

¡Uf! Cuando narra el hundimiento de las naves: el acto de barrenar los navíos simboliza la renuncia total a la retirada; la aprehensión de Moctezuma, entrar en Tenochtitlan con unos cuantos cientos de hombres y apresar al emperador mexica en su propio palacio es de una audacia política y militar inaudita; la batalla de Otumba, donde Cortés figura casi como héroe homérico; o la construcción de bergantines para asediar la ciudad lacustre —ahí, Cortés organiza líneas marítimas, arma y desarma embarcaciones, transporta piezas por tierra, etc. (la operación fue gigantesca para el siglo XVI, sólo equiparable a la gesta de Aníbal al cruzar los Alpes)—.‍ ‍

Fuentes Mares remata la faena afirmando, sin ahondar en misticismos, que el genio de Cortés “no basta para explicar sus hazañas”[4] y que la conquista cortesiana fue, en suma: la “sustancialización de lo irreal”;[5] o dicho coloquialmente: la materialización histórica de algo que parecía imposible.  ‍ ‍

Continuará…‍ ‍

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[1] Citado por FUENTES MARES, José. Cortés. El Hombre, Grijalbo, 6.ª edición, México, 1981, p. 13.

[2] FUENTES MARES, José. Biografía de una nación, de Cortés a López Portillo, Océano, México, 1982, p. 288.

[3]Ibid., p. 12.

[4]Ibid., p. 17.

[5]Ibid., p. 18.


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MARAVILLOSA ASOCIACIÓN DE JUECES

‍¡Ah!, si no fuera por estas noticias, ¿qué sería del mundo? El hecho es que los jueces mostraron más agallas que muchos secretarios de Sala que, como corderitos, han puesto sus cuellos sobre el yugo de magistrados facciosos. ¡En fin! ¿Qué dice la dicha nota? Es muy larga y se me comería todo este apunte, así que la resumo y ya usted la lee completa si tiene tiempo y ganas.[1] En lo que nos interesa, dice la nota que:‍ ‍

1.  Trascendió que los jueces de Juaritos armaron una estrategia para mejorar su representación y defensa al interior y exterior del Poder Judicial;‍ ‍

2.  No pidieron permiso a los altos mandos del Tribunal Superior de Justicia y armaron su propia Asociación, con acta constitutiva, estatutos, etc.;‍ ‍

3.  Tiene más de 50 socios fundadores, con personas juzgadoras de todas las áreas: Penal, Civil, Familiar, Laboral y Mercantil;‍ ‍

4.  Que empezaron en Juárez, pero la idea es abrirse a todos los distritos, sumar agremiados y tener la representación estatal;‍ ‍

5.  Que ya tiene directiva y que el triunfo fue para el juez penal Raúl Palos, de extracción filopanista;‍ ‍

6.  Que el grupo es bastante plural, aunque a Palos le compitió fuerte Cynthia Nájera, quien está identificada con MORENA, y‍ ‍

7.  Parece que los casos de procedimientos abiertos por la Unidad de Investigación de Responsabilidades Administrativas (UIRA) y el nuevo Tribunal de Disciplina Judicial (TDJ), aceleraron la integración de la asociación, “ya que en un principio surgieron muchas inquietudes respecto a que no se estuvieran respetando los derechos o el debido proceso en torno de las personas juzgadoras puestas en el banquillo de los acusados”.

Ya lo había escrito yo (conste que no sabía de su existencia): las personas que trabajan en el Poder Judicial deberían colegiarse para defenderse y protegerse de esos perros sin correa que son los nuevos magistrados.‍ ‍

Sin embargo, vayamos a la nota. A ese respecto, la imagen que encabeza estos párrafos ilustra muy bien el punto sobre el que deseo hablar en esta fecha: “Jueces de Chihuahua armaron su asociación .. y no le pidieron permiso a nadie”. Uno de esos vidadioquis que nunca falta, un tal Eduardo Villareal, pregunta en uno de los comentarios: “Permiso de que?? (SIC)”.‍ ‍

La pregunta, señor Villareal, resulta pertinente porque si el súperSecretario —mi hermano del alma— se llevó tantas estrellitas por su magnífica operación en la elección judicial, ¿cómo se le fueron las cabras en este asunto? ¿Por qué se le salieron los borreguitos del corral? Más aún, ¿por qué un filopanista (el Palo ése), le dio idem y ahora les encabeza una oposición interna a sus también amigos del alma, los magistrados electos? ¿Quién demonios opera en el Estado? ¿Quién está a cargo de la política interior?‍ ‍

Por cierto, ¿ya vieron lo que pasa cuando ponen a un mediocre a cargo (otro)?‍ ‍

Desde hace meses he escrito que el Presidente del TDJ no sirve para un carajo y mostrado serias limitaciones, que sólo es útil para sacarse selfies inútiles, hacer declaraciones a tontas y a locas (o sea, a lo menso, no a un grupo de respetables ciudadanas) y para pasearse a lo largo y ancho del Estado y del país —gastando viáticos a lo baboso (¿irá solo o acompañado? Digo, porque él siempre necesita quién le aplauda y le eche porras, es lo que más disfruta)—, pues ahí están consecuencias.‍ ‍

Eso se ganan por imponer a una panda de incompetentes y repartirle dádivas a esos orangutanes que sólo buscan correr gente decente y trabajadora y armar camarillas que les solapen y encubran sus tropelías.‍ ‍

Por lo pronto, ¡felicidades a la asociación! ¡Mucho éxito! Ojalá y pronto cunda su ejemplo y otros también den muestras de coraje y determinación, porque ya estuvo bueno de ir al matadero sin siquiera meter las manos.‍ ‍

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[1] Nota titulada: “La 4t marcha, pero el PT ya no le sigue el paso en Chihuahua”, publicada el 16 de mayo. [En línea] Visible en el sitio: https://nortedigital.mx/donmirone/la-4t-marcha-pero-el-pt-ya-no-le-sigue-el-paso-en-chihuahua/?fbclid=IwY2xjawR3QN1leHRuA2FlbQIxMABicmlkETE4d25LbGpDZlZlUGltOWVPc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHv5kzBUxu8HTneaGBIdE0uBvG6M-OXfzF97epVF59nCAEMTJa4s2SIylFXi-_aem_HB2WW9DMqF-Fss8e0jCSgg Consultado el 17 de mayo de 2026, las 05.00 h. 

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CORTÉS: EL HOMBRE (2.ª de no sé cuántas partes).

Escribí en la pasada entrega que guiaría mi afán aclaratorio “de la mano de un extraordinario escritor mexicano, chihuahuense por añadidura, que servirá de faro a este mi humilde intento: don José Fuentes Mares”. En el trance en el que el país se halla, hablar de don José resulta no solamente oportuno e indispensable, sino imperioso; particularmente, de su Cortés. El Hombre.[1]

Con desparpajo y singular maestría, en ese texto fundacional, Fuentes Mares es uno de los primeros en brindarnos un retrato de un Cortés humano. El retrato que de él hace tiene un seductor aire de autenticidad porque nos lo pinta tal como fue: ni santo ni diablo, sino una fuerza histórica telúrica, descomunal. Escribe Bernal refiriéndose a su empresa, que “no era cosa de hombres humanos”;[2] y agrega don José, que estaba “guiada por una fe absoluta en su victoria y en el respaldo divino”.[3]‍ ‍

Quizá esta línea argumentativa demande dos o tres artículos, ni modo. Se aguantan mis veintitrés lectores (¿ustedes creían que por hocicón me habían dejado de leer? ¡Pues no! Hemos crecido en forma vertiginosa).‍ ‍

Empecemos por el anuncio que hice en la pasada entrega: por qué “Cortés” y no “Hernán Cortés”; porque, como nos lo recuerda Fuentes Mares, a él así le habría cuadrado:‍ ‍

“[…] sin embargo, sobran seis [letras]: las de su nombre de pila. De haberse pedido la opinión de Bernal Díaz del Castillo, su testigo por excelencia, éste habría aconsejado consignar sólo el nombre de Cortés, porque así le cuadraba ser nombrado: Cortés, no Femando ni don Hernando sino Cortés, como César, Pompeyo, Escipión, Alejandro, Aníbal o el Gran Capitán. Así le llamaban sus soldados y le conoce la posteridad. Es el destino de los creadores de la historia: perder sus nombres de pila, y en ocasiones su condición de hombres de carne y hueso, para volverse símbolos”.[4]‍ ‍

El debate que explica estas líneas es prueba fehaciente de ello.‍ ‍

Y antes de irnos por ahí, permítanme mis amadísimos veintitrés lectores una breve reseña biográfica de don José Fuentes Mares, para entender la magnitud de este empeño —y la oportunidad dorada que nos brinda la controversia entre Clau y Chabelita—.‍ ‍

Aunque Fuentes Mares no fue un pionero absoluto en hollar con sus plantas ese suelo (el que dejaba a Cortés como lazo de cochino), sí fue muy a contracorriente en el México intelectual de su época; además, todo sea dicho, don José tuvo algo que muchos “cortesianos” anteriores no tuvieron ni tenemos: músculo literario, ironía y manifiesta voluntad de dar una pelea cultural. Porque lo primero que habría que reconocerle es la buena pluma. No sólo escribió historia: escribió bien. Eso, en un medio donde la gran mayoría de los intelectuales eran escribidores mediocres de una ramplonería mendicante (con sus memorables excepciones como Daniel Cosío Villegas, Edmundo O'Gorman u Octavio Paz), ya es mucho decir.‍ ‍

Fuentes Mares venía de una tradición hispanista (era un hispanófilo declarado) y, para muchos, un meticuloso revisionista —“reaccionario”, le llamarían sus homólogos contemporáneos, asalariados o con pluma tarifada— que, sin embargo, se tomó su labor de historiador muy en serio; y aunque antes de él existieron figuras que ya habían defendido, con méritos diversos y matices distintos, una lectura menos demonizadora de Hernán Cortés (como Lucas Alamán, Salvador de Madariaga e incluso, parcialmente, José Vasconcelos con su reivindicación de la herencia hispánica y mestiza), el chihuahuense fue una figura señera en esa lid. Por cierto, don José Vasconcelos, presente lo tengo yo, desfloró mi intelecto con su maravillosa Breve Historia de México.[5] Libro que me regaló mi papá Cruz y por ese camino llegué a Fuentes Mares (y no, como dice mi compadre Puente, a través de él) y a otro grande, don Salvador Borrego, pero divago. Centrémonos.‍

Íntegro, historiador cabal como fue, el propio Fuentes Mares reconoce varias de esas influencias en el prólogo y aparato bibliográfico de su obra; empero, el contexto sí importa muchísimo. Cuando publica su Cortés, en 1981, el relato dominante en nuestro país llevaba décadas enraizado profundamente. Era un México, como el de ahora, nacionalista, juarista, revolucionario, crecientemente antihispánico e indigenista; por ese motivo, el Cortés oficial, el del discurso escolar posrevolucionario era el de un invasor, genocida, codicioso, traidor, destructor de una civilización paradisíaca y feo como consciencia de magistrado chihuahuense —así lo “retrata” Diego Rivera (¡el comal dijo a la olla!)—: un villano funcional para explicar el deplorable relato del Estado mexicano.‍ ‍

En ese punto, llegó Fuentes Mares a patear el pesebre.  ‍ ‍

Continuará…‍ ‍

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[1] FUENTES MARES, José. Cortés. El Hombre, Grijalbo, 6.ª edición, México, 1981.

[2] Escribió Bernal Díaz del Castillo. Citado por Fuentes Mares, op. cit., p. 200.

[3]Ibid., p. 95.

[4]Ibid., p. 15. Énfasis añadido.

[5] VASCONCELOS, José. Breve Historia de México, Compañía Editorial Continental, 22.ª impresión, México, 1978.

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CORTÉS: EL HOMBRE (1.ª de no sé cuántas partes).

‍ ‍A quieras que no, debo dejar la crítica puntual a las instituciones chihuahuenses para ocuparme de temas más trascendentes y relevantes para la vida pública. Olvidémonos por un momento de la ramplona política local: esos magistrados que se comportan (y son) señores de horca y cuchillo, auténticos mafiosos (que más que colaboradores pretenden pandillas de cómplices), de esos otros que en su ignorancia brutal confunden la imparcialidad con olerle el trasero a los colectivos (snif, snif) y de los abusones que hacen campaña desde el cinismo, la ventaja, la rapacidad y la rapiña.‍

Mi veleidad se explica, y justifica, porque llevo días leyendo, viendo, escuchando y padeciendo una serie de burradas que me sumergen, a partes iguales, en las triaguas de la rabia, el aturdimiento y la vergüenza. Todo porque la presidente de la República, Claudia Sheinbaum, el mero 5 de mayo, recomenzó un debate añejo capitaneado por un montón de imbéciles —empezando por Benito Juárez (ese demagogo, dictadorzuelo, vendepatrias, ladrón y pionero de los fraudes electorales)— y dijo, entre otras barbaridades: “a quienes buscan reivindicar a Hernán Cortés, y sus atrocidades, están condenados a la derrota”.‍ ‍

Y ahí sí yo, como la niña de El Exorcista, empecé a temblar, a retorcer la cabeza y a echar espumarajos. “¿Por qué?, le pregunté yo al Creador, “¿por qué, señor?” —digo, sí sabía por qué, para distraer la atención pública del escándalo Rocha Moya… y la presión de EUA, la crisis de seguridad, el desgaste institucional, Pemex y sus desastres (fugas, explosiones, muertos, etc.), las fracturas internas y su supuesta no ida a Palenque (o sea, sí, pero no)—; no obstante, así y todo comencé con mi letanía: “¿Qué no ves cómo están las cosas y qué el horno no está para bollos?¿Qué el país se nos cae a pedazos? ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué te empeñas, Dios mío, en alentar estos despropósitos?”. Miren ustedes, no voy a presumir de que el Todopoderoso me respondió, no; pero me lo imaginé como a Vicente Fox, mirándome desde las alturas, entre nubes, y preguntándome: “¿y yo por qué?”. Con toda seguridad el Padre Celestial no tiene que ver con la autoría de esas idioteces, pero yo necesitaba un desahogo para mitigar mi furor.‍ ‍

Hablar de Cortés, hablar de América, hablar de España y poner orden en todo lo que se ha dicho en estos días entre unos y otros es una labor titánica porque parte de una larga serie de malentendidos que se agravan por la mala leche de quienes quieren sacar “raja” política —instalados por lo general en el gobierno o sus adláteres— y quienes con una muy modesta pretensión queremos examinar lo acaecido en el pasado lo más cerca posible de la lógica y la historia; y —si se le hace mucho— de los hechos y del sentido común.‍ ‍

En las siguientes semanas, aquí y allá, intentaré desgranar esa mazorca de la mano de un extraordinario escritor mexicano, chihuahuense por añadidura, que servirá de faro a este mi humilde intento: don José Fuentes Mares, en compañía de algunos otros.‍ ‍

Como suele ocurrir en México, entre la leyenda negra y la leyenda rosa, la historia terminó convertida en garrote histérico-político. De eso vamos a hablar en las siguientes páginas (¿por días, semanas?).‍ ‍

La presidente Sheinbaum, afirmó que: “Lo que trae la derecha mexicana es a una adoradora de Hernán Cortés”;[1] que Cortés “se caracterizó por dos matanzas”;[2]  y por “ser uno de los más crueles invasores, tal y como queda reflejado en los decretos de la época”;[3] que “marcaban a los niños en la frente como animales para catalogarlos como esclavos”; que: “Ése era Hernán Cortés, el que ordenó la matanza de Cholula”;[4] que: “la grandeza de México viene de los valores de los pueblos [originarios]”;[5] y que: “Los pueblos originarios son la verdadera reserva de valores del México de ayer y de hoy”.[6]‍ ‍

Por su parte, la presidente de la comunidad de Madrid, Isabel Natividad Díaz Ayuso, externó que: “El mestizaje es el mensaje de la esperanza y de la alegría. Ante los discursos del odio, que dividen, los que vemos la vida en torno a estas alianzas tenemos que buscar las maneras de poder hablar en libertad”;[7] que “ojalá algún día, más pronto que tarde, haya muchos más eventos como éste que se celebren en todos los rincones de España, de México, y que nunca deban ser cambiados de sitio. Que nunca la libertad pida perdón por ser libertad”;[8] y que: “Han sido cinco siglos de amor y no de odio”.[9] ¡También ésas son ganas de fregar de doña Chabela!‍ ‍

A ver, desde cierta óptica, las dos tienen razón.‍ ‍

Empero, aquí, vale la pena hacer un paréntesis para explicar por qué motivo le digo a don Hernando, “Cortés” a secas y así titulo estos párrafos.‍ ‍

Continuará…

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[1] Énfasis añadido.

[2] Énfasis añadido.

[3] Énfasis añadido.

[4] Énfasis añadido.

[5] Énfasis añadido.

[6] Nota de Europa Press titulada: “Sheinbaum exhibe ‘atrocidades’ de Hernán Cortés y vuelve a arremeter contra Ayuso”, publicada el 7 de mayo de 2026, publicada por la revista Proceso. Énfasis añadido.

[7] Énfasis añadido.

[8] Artículo de Elena San José titulado: “El homenaje de Isabel Díaz Ayuso a Hernán Cortés sacude la política de Ciudad de México”, publicado el 4 de mayo por el periódico El País. Énfasis añadido.

[9] Nota de Ricardo Trejo Sáncez titulada: “‘Han sido cinco siglos de amor y no de odio’: Isabel Díaz Ayuso”. [En línea]. Visible en el sitio: https://enfoquenoticias.com.mx/nacional/han-sido-cinco-siglos-de-amor-y-no-de-odio-isabel-diaz-ayuso/ Consultado el 8 de mayo de 2026 a las 23.00 h. Énfasis añadido.


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EL RINOCERONTE EN LA SALA (Y EN UNA SECRETARÍA…)

A ver, hay errores políticos y luego está lo de algunos secretarios de Estado con la sensibilidad de un rinoceronte, que no admite explicaciones, coartadas ni disculpas.

‍En medio de un contexto estatal enrarecido —acusaciones de cercanía con intereses estadounidenses, discusión pública sobre soberanía, presión mediática sostenida—, a este súpersecretario se le ocurre subirse al 5 de mayo; y no de forma neutra, no señor; se trepó por todo lo alto, con tono patriotero y de orgullo nacional, como si el momento diera para discursos de calendario.

‍ No lo da.

‍ Antes de continuar, permítaseme una digresión histórico-político-cómico-mágico-cultural: el 5 de mayo no cambió el resultado de la guerra. La Batalla de Puebla fue una victoria puntual… y nada más. Al año siguiente los franceses tomaron la capital y se instaló el Segundo Imperio. Es un mito sobredimensionado; y, sobre todo, es más fiesta ajena que propia. En Estados Unidos el 5 de mayo es casi un carnaval identitario. Así es, allá, el 5 de mayo es conveniente, simbólicamente hablando, porque en 1862, mientras ellos estaban matándose con singular alegría en su guerra civil, que México frenara a Segundo Imperio francés les cayó de maravilla: menos presencia europea en su patio trasero. Con el tiempo, ese episodio se reinterpretó como algo “propicio y afín” para los intereses norteamericanos.

‍ Conste que las manifestaciones de que me duelo no constituyen un desliz menor; se trata de una falta de criterio e incapacidad manifiestos para leer el entorno; si el problema que te circunda tiene que ver con percepciones de alineamiento externo, no se elige una fecha que hoy por hoy, para bien o para mal, se han apropiado culturalmente los Estados Unidos; conste, claro que la Batalla de Puebla es relevante, pero, de momento, el símbolo, en este contexto, no nos pertenece. Punto.

Un secretario de estado es un secretario de estado (ando tremendo); no es un comentarista, ni un publicista, ni un influencer, es un operador político del gobierno; su función no es adornar efemérides ni improvisar patriotismos, sino administrar riesgos, cerrar flancos y ordenar el discurso público. En este caso, el pobrecito hizo exactamente lo opuesto: abrió un frente innecesario.

‍ ¿Por qué?

‍ Porque se habla de un tema vinculado con la identidad nacional en una fecha que hoy carga más con marketing gringou que con memoria cívica nacional; y, sobre todo, expone a su superiora a una lectura adversa sin obtener ningún beneficio real; por lo menos para ella. Él queda bien con el ciudadano de a pie, ese simplón que no distingue un guiño político de una locomotora. En pocas palabras: no hay ganancia política, ninguna; ni fortalece al gobierno; ni mejora la posición de la gobernadora; ni le aporta al control de daños en un momento crucial, cuando todo MORENA (ése que se benefició tanto con la integración del Tribunal Superior de Justicia) está pidiendo la cabeza del Ejecutivo local. De hecho, lo único que produce es munición para quien quiera usarla.

‍Se dirá que es un mensaje institucional, que las fechas patrias se conmemoran, que el civismo no estorba; todo eso es cierto en abstracto, pero la política no se ejerce en abstracto, se ejecuta en circunstancias concretas, con tensiones reales y narrativas en disputa.

En medio de una crisis de la magnitud que enfrenta María Eugenia, un operador serio, formal, con dos dedos de frente, no se pone creativo, cierra filas, reduce la exposición y no la alimenta con narrativas adversas o de dudosa manufactura.‍ ‍

En el pasado, el susodicho ya dio muestras de una incapacidad brutal (elección de los integrantes del Poder Judicial), de indolencia y rapacidad (affaire CIA en Chihuahua) y ahora de una injustificada falta de criterio que pone a su jefa, María Eugenia, en el ojo del huracán.En menos de quince días, ya suma dos… y de las gordas; habrá que ver con qué nos sorprende luego el muchachou.

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ROCHA, SHEINBAUM, LA LEY Y EL TIGRE

‍El tema está de moda. Vamos a él.

El procedimiento de extradición en México es un baile complejo que danza entre lo técnico-jurídico y lo político-político.

En síntesis, de acuerdo a la Ley de la materia (Ley de Extradición Internacional),[1] el proceso fluye así:

1.     Existe un filtro Inicial: la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) valida los requisitos mínimos previstos en la Ley (art. 16); los que deberán ser (resumidamente):‍ ‍

a)    Identificación del delito (qué conducta se imputa); ‍ ‍

b)    Base probatoria mínima —cuerpo del delito, probable responsabilidad, etc. (a menos que haya un sentencia firme, si ya fue condenado)—;‍ ‍

c)    Compromisos del Estado solicitante (si no hay tratado): reciprocidad, debido proceso, no pena de muerte y respeto a garantías mínimas;‍ ‍

d)    Normativa aplicable del país solicitante (texto de la ley que tipifica el delito: penas y reglas de prescripción); ‍ ‍

e)    Orden de aprehensión (si aplica), y‍ ‍

f)      Datos de identificación del reclamado, y traducción al español y legalización de documentos;‍ ‍

2.     Acción Judicial: la Fiscalía General de la República (FGR) interviene y un juez de distrito emite una opinión jurídica (que no es una sentencia final), y‍ ‍

3.     El Núcleo: La SRE decide si concede o niega la extradición (todo concluye, en su caso, con el juicio de amparo).‍ ‍

Eso en cuanto hace al procedimiento.‍ ‍

Vayamos con el asunto de las licencias.‍ ‍

Es público y notorio que el gobernador de Sinaloa, Rocha Moya, ya pidió licencia. ¿Cuál es el efecto jurídico? Simple, ya no tiene fuero. Debatir aquí las implicaciones del hubiera… resulta ocioso: ya no tiene fuero, punto. Así es, la Corte determinó tajantemente que el fuero protege la función y no a la persona. Si la persona pide licencia, pierde el privilegio de la inmunidad procesal. En ese sentido, es de tener en cuenta que la Corte emitió una tesis (con registro 2013762), de rubro: “ORDEN DE APREHENSIÓN CONTRA UN GOBERNADOR CON LICENCIA TEMPORAL POR DELITOS QUE AMERITAN PRISIÓN PREVENTIVA OFICIOSA. MIENTRAS DURA DICHO PERMISO, AQUÉL NO GOZA DE INMUNIDAD PROCESAL O FUERO CONSTITUCIONAL, POR LO QUE PROCEDE NEGAR LA SUSPENSIÓN PROVISIONAL EN EL AMPARO PROMOVIDO EN SU CONTRA, AUN CUANDO ALEGUE QUE AQUÉLLA ES UN ACTO OSTENSIBLEMENTE INCONSTITUCIONAL”,[2] que se explica por sí misma.‍ ‍

En síntesis, la mesa está puesta y servida; o mejor dicho, puesta para que la presidente Sheinbaum oficie de Salomé (“¡perdónala, perdónala!”) y sirva a Rocha —y a los diez (Enrique Inzunza, Juan de Dios Gámez, Dámaso Castro, etc.)— en bandeja.‍ ‍

El asunto es si lo va a hacer o no lo va a hacer; dicho en forma coloquial si va a rascarle al tigre… ‍ ‍

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Luis Villegas Montes.‍ ‍

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[1] Publicada en el Diario Oficial de la Federación el 29 de diciembre de 1975.

[2] Énfasis añadido.

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Luis Villegas Montes Luis Villegas Montes

STJ EL GRAN FRAUD… EL PODER BAJO SOSPECHA

Como lo ilustra el cuasitítulo que encabeza estos párrafos, esta semana iba a escribir sobre el Tribunal Superior de Justicia y la hipocresía rampante de ese órgano. Así es, mientras el día de ayer se anunció a bombo y platillo el aumento de un 33 por ciento en la compensación económica para personal operativo y administrativo, como “una medida que busca mejorar las condiciones laborales dentro de la institución”;[1] de los titulares se escapa la nota —se ha estado escapando durante varias semanas—, la intención de algunos magistrados (los más repugnantes) que están desesperados por deshacerse de algunos de sus secretarios.

En efecto, mientras con una mano presume sus “logros” (que deberían ser mérito del Órgano de Administración —pues nada tienen que hacer en ese asunto, o no deberían, el TSJ y el Tribunal de Disciplina—), con la otra, los magistrados más puercos están desesperados por correr, mover, jubilar (o sea, darle cuello) a sus secretarios, para traerse a su amigues. As que ro so.

De prueba un botoncillo:

“Celebró sesión pública el Pleno del TSJ, donde al finalizar, pidió la palabra el magistrado para pedir que el Órgano de Administración Judicial (OAJ) apoye con recurso humano (personal) y material a las salas de materia penal por altas cargas de trabajo, en lugar de privilegiarse con rapidez la colocación de personas en particular […] Otros magistrados como Hortencia García o Adalberto Vences Baca han pedido apoyo para recibir personal pero las solicitudes no han avanzado ante el Órgano de Administración, mientras se dan de manera inmediata reacomodos como el de Nahim Ponce, contrastó”.[2]

Porque la mayoría no quiere que llegue gente que ya trabaja ahí en el Poder Judicial (y que lo merece), no, no, no; quieren a “su gente”; quieren “hacer su equipo”; ¿What? Es pan to so.‍ ‍

Por eso es que me iba a ocupar de ese asunto; para decirle a toda esa gente que no se deje de esa panda de simios; que la jubilación es un derecho, no una obligación; que la mayoría de esos puercos se van a ir y no van a regresar; que el personal del Poder Judicial del Estado debería federarse, unirse formal y legalmente; oponerse, manifestarse, soliviantarse, alzarse, en suma; DE FEN DER SE. Porque, chicos, van por ustedes y sus cabezas (o sea, sus familias, su futuro, su plan de vida) están en juego. NO lo permitan.

‍Bueno, pues de todo eso iba a escribir, pero no pude. ‍

No pude porque se me atravesó el asunto del gobernador Rocha Moya.

Desde hace meses, yo había escrito sobre el asunto del narco y sus vínculos con MORENA; y si no me creen, aquí están algunos títulos y los respectivos links: “México un narco estado”,[3] “La historia secreta de AMLO: el narcopresidente”,[4] “Narco Estado unido de México”[5] y “Narcos a domicilio: la entrega del siglo”.[6]

En el primero escribí:

“No, no voy a perder el tiempo haciendo acusaciones a los tarugo. Vamos a hablar de hechos. Si algún lector se atreve a negarlos, de plano no tiene remedio porque es tonto a más no poder […] 1. En 2017, Andrés Manuel López Obrador propuso amnistiar al narco”.[7]

En el segundo:

“Si usted es de los que no quiere ver lo evidente, allá usted, pero lo que sobran son datos (evidencia), que revelan un claro vínculo entre Andrés Manuel López Obrador y la delincuencia organizada. En un libro demoledor, La historia secreta, que lleva por subtítulo: “AMLO y el Cártel de Sinaloa”, la periodista Anabel Hernández,[8] revela cuáles son los nexos, viejísimos, del Cártel de Sinaloa con el presidente de la República”.[9]

En el tercero:

“Como quien no quiere la cosa, por fin llegó el día y el narco ganó las elecciones”.[10]

En el cuarto:

“Si no me cree, examine los vínculos públicos e innegables del abogánster del Mayo Zambada con la plana mayor de la 4T. Es más difícil hallar una fotografía donde ese puerco esté solo que con algún morenista de copetín”.[11]

El caso de Rubén Rocha Moya es una acusación con efectos políticos inmediatos. Según el material que circula las autoridades de Estados Unidos lo señalan por presuntos vínculos con el narcotráfico; él lo niega de forma categórica; y en México, la reacción institucional oscila entre la cautela y el silencio.

Ese proceder contrasta enormemente con su actuación (de más de una semana) en el caso Chihuahua. La pertinaz condena de la presidente Claudia Sheinbaum, el llamado del Senado de la República a las autoridades chihuahuenses, el escándalo mediático, etc., es hora de que se vean repetidos y magnificados por ese mismo MORENA que, con estridencia salvaje, festinó lo ocurrido en este Estado; bueno, pues, señoras y señores morenistas, atragántense porque la mesa está servida; para empezar, con un gobernador y un Senador de su partido. Diría la inefable Paquita la del Barrio: “atásquense ahora que hay lodo”.

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Luis Villegas Montes.

luvimo6609@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

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‍[1] Artículo de la redacción titulado: “Aumentan 33% compensaciones a personal del Poder Judicial en Chihuahua”, publicado el 29 de abril. [En línea]. Visible en el sitio: https://netnoticias.mx/estatal/aumentan-33-compensaciones-a-personal-del-poder-judicial-en-chihuahua Consultado el 29 de abril de 2026 a las 21.30 h.

[2] Artículo de Carlos Díaz titulado: “Movieron a Nahim de Tecnologías a Gestión: Magistrado Rubén Aguilar”, publicada el 20 de abril de 2026. [En línea] Visible en el sitio: https://www.tiempo.com.mx/local/plazas-reasignacion-tecnologias-informacion-gestion-penal-2026-04-20/ Consultado el 29 de abril a las 22.00 h. Énfasis añadido.

[3] Artículo titulado: “México un narco estado”, publicada el 19 de febrero de 2024. [En línea] Visible en el sitio: https://devenir.devenir.com.mx/mexico-un-narco-estado/ Consultado el 29 de abril a las 22.05 h. Énfasis añadido.

[4] Artículo titulado: “La historia secreta de AMLO: el narcopresidente”, publicada el 13 de mayo de 2024. [En línea] Visible en el sitio: https://elcirculorojo.com.mx/archivos/la-historia-secreta-de-amlo-el-narcopresidente/ Consultado el 29 de abril a las 22.20 h. Énfasis añadido.

[5] Artículo titulado: “Narco Estado unido de México”, publicada el 4 de julio de 2024. [En línea] Visible en el sitio: https://agenciadeprensaonline.mx/2025/07/04/narcoestado-unido-de-mexico/ Consultado el  de abril a las 22.15 h. Énfasis añadido.

[6] Artículo titulado: “Narcos a domicilio: la entrega del siglo”, publicada el 5 de marzo de 2025. [En línea] Visible en el sitio: https://www.alcontacto.com.mx/2025/03/05/narcos-a-domicilio-la-entrega-del-siglo/ Consultado el 29 de abril a las 22.10 h. Énfasis añadido.

[7] Artículo de la redacción titulado: “AMLO plantea amnistía para narcos; rivales la consideran ‘otra locura’”, publicado el 3 de diciembre de 2017, por Forbes. Énfasis añadido.

[8] HERNÁNDEZ, Anabel. La historia secreta, Grijalbo, México, 2024.

[9] Énfasis añadido.

[10] Énfasis añadido.

[11] Énfasis añadido.

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Luis Villegas Montes Luis Villegas Montes

TÚ ERES PEDR..., ¡AH, NO!, CÉSAR Y...

En el transcurso de la semana pasada pude apreciar algunas caras largas en el grupo que siente, cree y piensa, que el Lic. César Jáuregui debería ser el próximo alcalde chihuahuense.

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La verdad no lo entiendo.

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La única cosa sensata que leí en la semana se publicó en una columna:

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“Las próximas horas pueden marcar un antes y un después para César Jáuregui. La presión política proveniente del centro del país busca responsables, y en toda crisis pública siempre aparece la misma exigencia: que ruede una cabeza. Hoy, esa cabeza señalada es la del Fiscal General de Chihuahua.

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Sin embargo, en política nada está escrito. Si el tema es operado con inteligencia por el propio fiscal, por los operadores del gobierno estatal y por la gobernadora María Eugenia Campos Galván, el desenlace podría ser muy distinto al que muchos anticipan”.[1]

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Del gobierno del Estado (entiéndase Poder Ejecutivo y Poder Legislativo) no hay que esperar mucho. Ya se vio quiénes son y de qué son capaces: se replegaron, guardaron silencio y, los más viles, lo festejaron. Sin duda, María Eugenia debería deshacerse de ese lastre que, lejos de apoyarla (y con ella a Jáuregui), se hicieron a un lado escurriendo el bulto mientras tomaban café y/o se reían socarronamente.

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Esa gente no sirve, son trepadores, desvergonzados, cobardes y desleales; apostarle a cualquiera de esos monos es una pérdida de tiempo y un envite perdido pues lo que hicieron en este trance lo pueden volver a hacer —y seguramente lo harán de nuevo— porque está en su naturaleza diminuta y mezquina. María Eugenia ya vio de qué pasta están hechos, allá ella si quiere seguir confiando en esa gentuza, auténtica vergüenza.

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En esta sucia trama, el blanco de culpas (jurídico), la cabeza de turco (histórico e ibérico), el chivo expiatorio (campirano), la víctima propiciatoria (lírico) o sacrificial (azteca), el paganini (melódico), la mano del gato (felino), el que puso la cara (cristiano), le bouc émissaire (políglota), el inmolado ritual (religioso), el expiador (místico), indebidamente, ha sido Jáuregui. Porque los únicos responsables —responsables, responsables, lo que se dice responsables—, son uno de estos tres y en ese orden: la presidente Sheinbaum, el Ejército o María Eugenia; Jáuregui —como los meros hombres— se limitó a cumplir con su deber y a callar, punto. Él ha debido aguantar a pie firme y en silencio un chaparrón que debería estar mojando a otros.

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Pues bien, la lectura que yo le doy —no a la nota, sino a la realidad política local— es muy simple: la única persona que ha mostrado lucidez, lealtad, dignidad y valentía, en este brete es Jáuregui. Firme, estoico, en todo momento ha guardado la forma y la compostura —yo creo que por eso yo salí así. El nació el 26 de junio de 1966 (yo el 5 de julio): la paciencia y buen juicio que me iban a tocar a mí, se los dieron a él—.

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Como sea, lo menos que puede ocurrir, para compensarle el baldón y las molestias, es quitarle obstáculos en su carrera hacia la Presidencia Municipal. Como mínimo. Se lo merece. Él sí.

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Si no ocurre de ese modo, el oprobio, la desmemoria, el malagradecimiento y la ingratitud —¡y vaya que yo sé de lo que hablo! Porque esa película ya la vi— estarán presentes, otra vez, en esta disque política local que, tal parece, sólo premia el servilismo, la incompetencia y la traición; si no me cree, sólo voltee a ver al Poder Judicial. 

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Contácteme a través de mi correo electrónico o sígame en los medios que gentilmente me publican, en Facebook o también en mi blog: https://www.luisvillegasmontes.comSaludos.

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Luis Villegas Montes.

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[1] Artículo titulado: “Cesar Jauregui;Lo que no te mata, te fortalece ¿ Qué quiere la Federación, de la Gobernadora?”, publicada el 24 de abril de 2026. [En línea] Visible en el sitio: https://www.chihuahuadigital.com.mx/single.php?id=894 Consultado el 25 de abril a las 23.00 h. Énfasis añadido.

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Luis Villegas Montes Luis Villegas Montes

CARROÑEROS

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De todos es sabido que el fin de semana, en la sierra de Chihuahua se realizó un operativo que desmanteló la capacidad industrial del crimen organizado. Sí, porque no eran fogones de ocasión, ni estufas de leña, ni una tina y dos bidones con químicos, ni campamentos de paso; se trata de instalaciones con infraestructura, insumos y logística para producir drogas a gran escala. Y no cualquier tipo de droga —hablamos de ese asesino del que tanto se queja, y con razón, el presidente Trump—: meta.

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En síntesis: en la sierra de Chihuahua se hizo pomada una infraestructura del narco. Un golpe de verdad. Uno que duele, que desangra cuentas bancarias y que rompe cadenas de mando, porque, a la postre, es también dinero que deja de fluir, control territorial que se debilita y violencia que —al menos por un tiempo— pierde combustible. Ése es el hecho. Lo demás es ruido, zumbido de mayates.

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En este país de imbéciles luminosos (o iluminados), preferimos la narrativa a la realidad; por eso el ruido llegó puntual (y no creo que sea casual). Abejorros y moscas, opinadores de ocasión, filtradores profesionales, estrategas de café, zumbando alrededor del evento, sustituyendo los datos —o francamente ignorándolos— por la insinuación, vía cambiar el expediente por el adjetivo. Esos mentecatos que confunden un titular con la realidad, la sospecha con la prueba y el ignaro comentario con aires dogmáticos. Así, mientras unos cuantos valientes ponen alma, vida, cerebro y honra sobre la mesa para desmantelar laboratorios clandestinos, una jauría de pendejos se dedica a olfatear sangrecita. Aquí es donde empieza el carnaval de las gallinas.

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Sin embargo, hay algo más que esos pobres infelices no ven, porque no quieren, porque no saben, porque no pueden o porque no entienden: el silencio revelador. Porque en ese operativo estaba el Ejército; y aquí conviene dejar de fingir. En México, el combate al narcotráfico es competencia federal, y cuando hay presencia militar en campo, en terreno serrano, con objetivos de ese tamaño, no se está de paseo; se está donde se decide estar. De ahí se desprende una inferencia que no es capricho ni bravata, sino implacable lógica operativa: si el Ejército estuvo en campo ese día, como todo mundo lo reconoce, su papel no pudo ser marginal… en ningún sentido.

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Y no, no, no, no, no es acusación, es claridad; porque la cadena de mando no es un detalle técnico menor; es, al fin de cuentas, responsabilidad; y no obstante, en estos momentos se habla de todo, menos de eso. Metidos en la fábula de una novela gringa malhecha: que si los agentes de la CIA, que si la filtración, que si el guiño desde Washington… ¡Mierda! Se habla de todo, menos de la pregunta que ordena el caso: ¿quién condujo efectivamente el operativo? ¿Quién es corresponsable?

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Porque, estuviera al mando o no, ¿qué estaba haciendo el Ejército? O sea, ¿no sabían nada, nada, nada, nada, nada? (aquí aparece el general Ricardo Trevilla, titular de SEDENA, para decir: “que no, que no”). Insisto, ¿qué estaba haciendo? Porque me queda claro que el único responsable de informar a Claudia Sheinbaum es ese Ejército. Estuviera a cargo o no. ¿Entonces? ¿Sí sabía la presidente o no? Porque si sí, lo suyo es un montaje fenomenal cargado de hipocresía (de esos que nos receta a diario); y si no, “Houston tenemos un problema”. ¿Por qué nadie le informa? ¡Pobre mujer!

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El silencio no es casual. Es cómodo. Es más sencillo hablar a lo baboso que sostenerse en una postura. En todo caso, es más rentable repartir culpas en el aire; y en medio de esa orgía de mediocridad, está el Fiscal, el tipo que hizo lo que tenía que hacer y actuó dentro de su ámbito. Por eso mi aplauso al Fiscal Jáuregui, el único con redaños aquí, que no se esconde y a cara descubierta (sí debería ponerse una cremita de vez en cuando) está, prácticamente solo, capeando el temporal. Ése, el generado por la polvareda de quienes no quieren ver los hechos, tienen miedo a enfrentarlos o ven “raja” política y prefieren deslindarse, mientras toman aromático café en sus oficinas de palacio.

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No nos equivoquemos, el signo en este asunto es la pereza intelectual o la mala fe y el Fiscal no es el pararrayos de la cobardía política. No hay nada más miserable que ver a funcionarios que, en vez de acuerparse con quien deben, nadan en la indolencia y el valemadrismo vulgar sin ver que —aquí y ahora—, el tema es cerrar filas. Nada más torpe que creer que debilitar al Fiscal fortalece al gobierno por que no. No lo fortalece ni tantito, lo fractura, lo exhibe, lo convierte en presa fácil, porque hay que decirlo con todas sus letras: en Chihuahua, la máxima autoridad es María Eugenia, y cualquier crisis de esta naturaleza le pega primero a ella, porque en Chihuahua hay una sola cabeza política visible y toda crisis, inevitablemente, sube hasta ella; quien golpea abajo, golpea arriba. De modo que quien decide alimentar el ruido o sonreír a lo idiota para “no tener pedos” es un mezquino, porque no está siendo astuto, está siendo desleal e irresponsable… o peor, oportunista. Carroñero.

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Ése es el personaje más despreciable de esta historia: el traidor con vocación de necrófago. El que pretende pescar en río revuelto, el que convierte un gran golpe contra el crimen en moneda de cambio, el que no busca transparencia ni verdad sino ventaja.

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En medio de esa bulla infernal, conviene regresar a lo básico y tener en mente a quien destruye laboratorios e incide favorablemente en la realidad; a quien no tiene miedo (y si lo tiene se aguanta); a quien se queda firme como una roca (y hasta parece una) viendo cómo ladran los perros… o van a esconderse tras las faldas de una mujer, a beber cafecito mañanero en sus cuencos.

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Luis Villegas Montes.

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