CORTÉS: EL HOMBRE (6.ª de no sé cuántas partes).
No lo olvide, lo dejé a usted, en el artículo anterior, con el dilema de resolver si se decidía entre ser malincortés o cortinche —yo me decanto por el primer gentilicio porque, hablando estrictamente en términos apícolas, comprendo la importancia de la “semillita”, sin embargo me quedo con el cálido y amoroso seno materno como la auténtica fuente de la vida—, empero, lo hice sólo para introducirnos en el tema vía Cortés y merced al posdebate que surgió luego de la fallida visita de Chabelita Ayuso y la mefítica y virulenta reacción de la Clau.
Lo que quisiera hacer aquí y ahora —dentro de esa línea ya anunciada del pueril odio a Cortés— es ahondar en su significación y en sus ramificaciones; a saber, que ese odio a Cortés es, al final de cuentas, odio a España (país que ni siquiera existía en aquellos tiempos) y que, tristemente, ese odio a España es odio a nosotros mismos.
Entremos en materia. Entre los desatinos que la presidente mexicana expresó, se halla esta joyita: “A quienes reviven la conquista como salvación, les decimos: están destinados a la derrota”.[1]
Luego de leer esa línea sulfurosa me asaltan un montón de preguntas: “¿qué comió la presidente?¿Qué la indigestó?¿Qué le hizo daño? ¿Se les cayó de chiquita del moisés? ¿Se dio en la choya? ¿En qué forma, rediós, pretender reivindicar nuestro pasado mestizo, a partir de todos sus componentes, es pretender revivir la conquista?”.
Hablar de hechos pretéritos no es ni significa, per se, defensa a ultranza de ninguna cosa; y hacerlo para indagar sobre nuestros orígenes es tan legítimo como cualquier otra actividad humana, por lo que en principio no merece ningún tipo de ataque o condena; hablando de excesos, me mete más ruido, por ejemplo, que una gobernante desde su elevada investidura propale discursos de odio y, en plan papisa tropical, pretenda proclamar verdades inmutables y eternas.
Renegar de Cortés en esos términos y reivindicar el “glorioso” pasado indígena (que además se ha adulterado a lo bestia), es renegar de nuestra mexicanidad; es un intento de obligarnos a andar “a la patita coja” por la vida; ¿por qué?, porque para explicarnos en la mitad de nuestro ser actual es preciso recuperar, o por lo menos reconocer, nuestra parte ibérica.
Aquí hago otro paréntesis; buena parte de los detractores del proceso de la conquista —con Cortés como epítome— no son imparciales, pues no buscan hallar la verdad sino exacerbar o, en el mejor de los casos, evacuar su odio. Claro ejemplo de ello es la alucinante iniciativa presentada hace unas semanas por un tal Pedro Miguel para que los restos del “señor Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano” sean echados “en una caja de detergente Roma y se los entreguemos [a Chabelita] para que haga un caldo de tuétano o los meta en su cama y duerma con ellos”.[2] ¡Absurdo!
Lo interesante del caso no es la originalidad de la propuesta (lo de hacer caldo con el tuétano me parece muy ingenioso), sino el autor de la iniciativa; un escritor que sin empacho habla de su odio a Cortés: “Para sacarme el odio contra Cortés, escribí una novela sobre lo que le pasó después de que se murió. Se me pasó el enojo porque creo que le hice una canallada gorda, una venganza fuerte”.[3] ¿Proponer desde el odio? ¿Debatir desde el odio? ¿Discutir desde el odio? ¿Estudiar desde el odio? ¿Construir desde el odio? ¡Por Dios! ¿qué se puede hacer desde el odio y que salga bien? Es más, clara prueba de que el odio trastorna es el de ese perturbado (no hay otra forma de calificarlo) que piensa que, por escribir un engendro rencoroso (lo leí por encimita y ¡pobre!), le hizo una canallada gorda, una venganza fuerte, a un señor (él sí) que se murió hace 478 años, 5 meses y 7 días.[4]
Es decir, sólo el talante —que no el talento— belicoso, atrabiliario y descompuesto de la Clau deslegitima sus palabras; máxime que, por mucho que sea la presidente de mi país, en este punto, como en otros más, no me representa en lo absoluto. Ahí debería ir con tiento porque, a querer y no, debe gobernar para todos los mexicanos y esforzarse por representarnos a todos. Lo otro, lo otro es fascismo disfrazado.
Retomando el tema (odio a Cortés = a odio a España = a odio a nosotros mismos), al centrar su discurso en Cortés se soslayan, se mutilan de nuestro pasado, siglos de convivencia, aculturamiento y apropiación. La mexicanidad (ser mexicano —esa criatura mestiza, contradictoria y rutilante—) posee una capacidad casi milagrosa para convertir el dolor en fiesta, la escasez en ingenio y la mezcla en belleza; en ella conviven la piedra solemne de las ciudades virreinales y las pirámides antiguas; el barroco delirante y el humilde adobe; el mariachi, el bolero y la marimba; el mole, la canela, los chiles, el limón, el maíz, la caña de azúcar y el cacao; la pólvora de las fiestas patronales y el recogimiento silencioso de los altares domésticos o catedralicios. México huele a pan recién horneado, a copal, a pólvora mojada y a café de olla; canta, reza, maldice, comercia, improvisa y sobrevive con una vitalidad descomunal. Pocos pueblos han sabido fundir tantas sangres, memorias y símbolos distintos en una identidad tan reconocible, exuberante y profundamente humana; y todo eso (todo absolutamente) es producto —y no es posible negarlo— de esa mixtura, me atrevo a decir que “mágica”, entre lo africano, lo indígena y lo español.
Escribe a este respecto don José Fuentes Mares, a quien tenía un poco olvidadón:
“[…] la conquista del mundo azteca fue obra de la espada primero y luego de la cruz, pese a que en Castilla, con el océano de por medio, creyeron posible consumar la hazañas mediante la sola doctrina cristiana. Sangre sí, pero también catedrales y palacios, universidades, imprentas, libros, evangelizadores, defensores de derechos indígenas, maravillosos pastores de almas, poetas, pensadores, científicos, arquitectos, pintores, escultores, y sobre todo el dominio de una lengua universal”.[5]
Continuará…
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[1] Nota de la redacción titulada: “‘Quienes buscan reivindicar a Hernán Cortés y sus atrocidades, están destinados a la derrota’: las críticas de la presidenta Claudia Sheinbaum a la líder derechista española Isabel Díaz Ayuso”. [En línea]. Visible en el sitio: https://www.bbc.com/mundo/articles/c62d713zep2o Consultado el 9 de mayo de 2026 a las 7.00 h. Énfasis añadido. Énfasis añadido.
[2] Artículo de Yanet Aguilar Sosa titulado: “Militante de la 4T solicita al INAH exhumar y empacar a España, los restos del señor Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano”, publicado el 4 de mayo de 2026, por el periódico El Universal.
[3] Artículo de Reyes Martínez Torrijos y Juan Carlos G. Partida titulado: “Saqué el odio contra Cortés: Pedro Miguel”, publicado el 2 de diciembre de 2020, publicado por el periódico La Jornada.
[4] Este texto lo escribí el 9 de mayo de 2026.
[5] FUENTES MARES, José. Cortés. El Hombre, Grijalbo, 6.ª edición, México, 1981, p. 260.