El Día del Juicio

Este espacio reúne artículos de análisis y opinión sobre derecho, instituciones y vida pública. La mayoría de los textos abordan cuestiones políticas y jurídicas vinculadas al contexto mexicano.

Ocasionalmente, el autor comparte también experiencias o reflexiones personales sobre asuntos más generales, cuando considera que estos pueden iluminar, desde otro ángulo, los temas que aquí se discuten.

Luis Villegas Montes Luis Villegas Montes

Carta abierta a panistas

Hermanos panistas de Chihuahua capital.

Algunos de ustedes recordarán, otros no; a ambos les hablo.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que ser panista en Chihuahua no era garantía de ejercer el poder; no había financiamiento público, las campañas se hacían con donativos, rifas y con lo que cada cual podía aportar; los representantes de casilla no cobraban y pasaban el día cuidando votos bajo amenaza, desde antes de abrirse las urnas. Ganar costaba trabajo y perder costaba con frecuencia algo peor que la derrota… imagínenlo, recuérdenlo, pregunten.

Aquí, en nuestra tierra, no necesitamos que nadie nos explique lo que costó abrirle las puertas a la democracia: hubo resistencia civil, festiva tozudez y una larga educación ciudadana hasta que —primero en 1983 y luego en 1992— el PAN llegó al poder.

Ha pasado mucho tiempo; tanto, que se corre el riesgo de que aquellas gestas se queden en el olvido o, peor, nos queden como marco decorativo; y ése sí sería un problema. Cuando la historia deja de doler, termina colgada en una pared y sanseacabó.

No quiero decir que el pasado haya sido limpio ni perfecto; el PAN ha cometido errores, ha tenido malos dirigentes, disputas miserables, decisiones torpes y derrotas perfectamente merecidas; empero, durante mucho tiempo, hubo algo que permitía reconocerlo: en los límites que le imponía al poder público, en la exigencia de cuentas claras al gobierno, en la insistencia de que la política no era tanto un asunto de ganar como de ver qué causas valía la pena defender. Por eso ciertas palabras tuvieron algún día un peso tal que quizá hoy ya no tengan: persona, dignidad, bien común, municipio, ciudadanía, deber político. No servían demasiado para ganar una elección, servían para algo más: fijar un derrotero, establecer un destino. Esas palabras obligaban.

Gómez Morin siempre nos lo dijo: Acción Nacional no debía casarse con ningún régimen, ni siquiera con uno formado por hombres emanados de sus propias filas; también escribió que el poder no era un título adquirido de una vez para siempre: había que merecerlo a cada momento. No habló de conservarlo, dijo “merecerlo”.

También por esa razón, la doctrina panista insistió desde muy temprano en la independencia del partido frente al gobierno; podía respaldar a quienes gobernaban desde sus filas, por supuesto. Lo que no debía hacer era confundirse, mezclarse, mimetizarse con ellos. No se trata de una discusión histórica, constituye una advertencia.

La extinción de un partido no siempre es un asunto literal: puede conservar oficinas, dirigencias, prerrogativas, anuncios y logotipos, pero disolverse en la mediocridad, en el desinterés, en la pérdida de aquello que lo hacía distinto. El PAN en Chihuahua pasa por ese momento.

La política exige acuerdos, siempre los ha exigido; una sociedad plural nos obliga a ello: hablar con quienes piensan distinto, negociar, ceder, construir soluciones comunes; sería absurdo exigir que Acción Nacional se encerrara a conversar consigo mismo; el problema no está en hablar con otros, está en pretender sumar hacia afuera y correr el riesgo de restar hacia adentro. Y no, no juzgo la honorabilidad de nadie, se puede ser una persona decente, capaz, honesta y patriota sin haber pertenecido jamás a Acción Nacional. El PAN nunca ha tenido el monopolio de la virtud y sería risible suponerlo; estoy hablando de otra cosa: de identidad.

Efraín González Luna empleó alguna vez una imagen magnífica: el PAN no había nacido para vestirse con una “librea ajena” y también habló expresamente del tajante rechazo al oportunismo; son palabras viejas, quizá por ello resuenan ahora con tanta fuerza. No todos los acuerdos ensanchan al partido y hay puentes que terminan por llevarnos muy lejos de nuestra propia orilla.

Y sí, habría que mantener una conversación entre panistas, sin insultos ni certificados de autenticidad, sin convertir al compañero que piensa distinto en enemigo; pero también fuera del ámbito gubernamental; porque, contra lo que piensan muchos, no hay panistas de primera ni de segunda; ni se puede, desde el ejercicio del poder, mantener un diálogo de altura porque el desequilibrio es obvio; y nunca, jamás, el PAN ha consentido en ver a sus políticos como infalibles. Eso lo desnaturaliza.

A veces, pienso en aquellos que nos precedieron, no como próceres, como personas, como simples seres humanos; los que empeñaban vida y hacienda por amor al Partido y a lo que representaba, sin recibir a cambio una candidatura, un puesto, una dádiva o una ventaja; y pienso, sobre todo, en los que perdieron. Recordamos con facilidad a quienes llegaron al gobierno; sin embargo, muchos trabajaron sin saber si alcanzarían a ver el resultado; otros llegaron a verlo, sí, pero ya ancianos. Me pregunto qué pensarían hoy: ¿cómo explicarles que después de tantos años de aprender a resistir al poder pudiera llegar un momento en que al partido se le pidiera fundirse, confundirse y refundirse en él?

Y sí, los tiempos cambian; deben cambiar; Carlos Castillo Peraza lo explicó mejor que casi nadie: la diferencia entre doctrina e ideología es simple, una constituye un punto de referencia, la otra es la respuesta concreta a problemas y circunstancias cambiantes. Eso significa que un partido vivo tiene que transformarse, pero no al punto de renunciar a sí mismo ni de dejar de reconocerse en sus mayores, en sus predecesores, en sus padres fundadores. El punto de referencia sirve precisamente para saber hacia dónde se está caminando y, de vez en cuando, para comprobar cuánto nos hemos alejado de nuestros ideales.

Hay una expresión que usaba don Manuel y que hemos repetido tanto que amenaza con convertirse en una frase ceremonial y hueca: “Brega de eternidad”; suena bien; pero él hablaba de otra cosa: de un deber permanente, de una tarea que no se agotaba en una elección y que incluso pensaba como herencia para los hijos.

Eso cambia bastante las cosas porque una elección es un episodio, igual que una candidatura; y lo mismo una dirigencia, un gobierno o una alianza. El partido, si todavía pretende tener algún significado, tendría que durar más que todos ellos. Ésa es la dificultad. Se puede resolver una coyuntura y crear un problema mayor, se puede conservar una posición y perder algo que tardó décadas en construirse, se puede salvar un domingo y comprometer muchos años; ahí está el riesgo, no sólo en perder, sino en perdernos. Don Luis H. Álvarez lo dijo en forma magnífica: había que cuidarnos de “ganar el gobierno sin perder el partido”.

Pero tampoco creo que esto deba terminar en un momento fúnebre; no pienso en Acción Nacional como algo que ya pasó; existe alguien capaz de conducir al partido sin pedirle primero que renuncie a reconocerse en el espejo de la historia; alguien formado dentro de él y, al mismo tiempo, perfectamente consciente de que el mundo de hoy no es el de 1939, ni el de 1968, ni el de 1986, ni siquiera el de 2000; alguien capaz de generar auténtica unidad y no una impuesta con presión, amenazas, acoso y despidos; alguien que pueda construir verdaderas mayorías y tenga claro de dónde viene. Alguien que negocie desde una identidad, no a cambio de ella y no confunda unidad con obediencia ni servilismo. Que no invoque principios únicamente cuando llega la hora de necesitarlos; que conozca al partido desde dentro, no porque alguien le preparó y entregó una carpeta antes de entrar a una reunión; y, sobre todo, que entienda algo básico: contender por Acción Nacional no significa ser dueño del partido.

Carlos María Abascal decía que un líder se mide por lo que es, por lo que ha hecho y también por lo que demuestra ser capaz de hacer. No necesitamos salvadores; en política suelen salir demasiado caros. Hace falta algo menos espectacular: alguien capaz de ejercer liderazgo sin apropiarse de aquello que dirige; alguien que pueda abrir la casa sin entregarla, que pueda recibir a otros sin pedir a los de dentro que se marchen y que entienda que la política consiste en sumar, pero que una suma deja de tener sentido cuando para incorporar a alguien hay que borrar a los demás.

Ese mismo Abascal sembró una idea que vale la pena recordar: un partido no necesita verdades sexenales que le sirvan, sino una verdad permanente que lo trascienda: la dignidad de la persona humana.

Tal vez algunos consideren todo esto demasiado romántico; puede ser; sin embargo, buena parte de la historia de Acción Nacional estuvo hecha de cosas que, vistas desde la pura eficacia, parecían poco razonables: dedicar tiempo a una campaña casi perdida, cuidar gratuitamente una casilla, insistir durante años en que el voto tenía que respetarse. No de balde nos llamaron: “los místicos del voto”.

No hagamos que todo aquello resulte inútil, ridículo o absurdo. No nos avergoncemos de nuestro pasado que es, sin duda, una de las gestas más hermosas de la política mexicana.

Por ello esta carta no está escrita contra nadie; es producto de una legítima preocupación: una decisión pragmática, caprichosa, disparatada o frenética, no puede imponerse a aquello que hemos sido durante tanto tiempo en la historia de México.

Existe una pregunta pequeña y molesta que a veces surge cuando todo parece ya resuelto: ¿hasta dónde? Cada panista tendrá su propia respuesta —y así debe ser—; pero antes de encontrarla convendría recordar a quienes estuvieron cuando pertenecer al partido no daba demasiadas ventajas; y pensar también en quienes vendrán después. Ciertas cosas, una vez perdidas, no se recuperan jamás.

En este punto, vale la pena preguntarse: ¿qué quedará de nosotros cuando todo esto haya pasado?

Con cariño a los panistas de hogaño y profundo reconocimiento a todos quienes nos precedieron,

Luis Villegas Montes.

 

 

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Luis Villegas Montes Luis Villegas Montes

2a. CARTA ABIERTA A SANTIAGO DE LA PEÑA

Santiago:‍ ‍

Ya te escribí una vez; fui bastante claro entonces y no encuentro motivo alguno para ser menos claro ahora. No voy a repetir todo lo dicho: ni tu pasado priista, ni tu tóxica relación con el PAN y los panistas, ni las razones por las que considero que eres un pésimo candidato para la Presidencia Municipal de Chihuahua; ahí están los textos.‍ ‍

Tampoco volveré por ahora a los funcionarios que se han metido a promoverte, a los acarreos, desayunos, propaganda o a esa portentosa capacidad que has desarrollado para aparecer hasta debajo de las piedras (por cierto, tengo un cumpleaños el sábado y un bautizo el domingo, ¿te animas?). De todo eso ya habrá tiempo, expedientes y autoridades que se ocupen.‍ ‍

Hoy quiero hablarte de algo mucho más sencillo y, para ti, seguramente mucho más difícil de comprender: de lealtad, decencia y bonhomía; de ser hombre cabal en los hechos, no en la retórica.‍ ‍

Tampoco voy a insistir en tu genealogía política, ni en aquello que mamaste en casa, ni en la militancia priista que durante décadas constituyó el ambiente natural de tu familia; tampoco en tu comportamiento cuando, desde la Secretaría del Ayuntamiento, te tocó tratar con panistas que protestaban, se manifestaban o ejercían derechos —de quienes te burlabas y a quienes acosaste, perseguiste y encarcelaste—; derechos que hoy pareces descubrir como si hubieras nacido con ellos debajo del brazo y yerros que intentas encubrir como si fueras gato, ¡miau! No retiro una palabra de cuanto he escrito: está documentado y suficientemente probado, cochinote; quien quiera controvertirlo tendrá que hacerlo frente a documentos, testimonios, publicaciones y hechos.‍ ‍

Lo mismo vale para tu manera de hacer política: funcionarios públicos promoviendo tu imagen, operadores pagados desde el gobierno, reuniones, acarreos, vehículos oficiales, campañas publicitarias, presiones y toda esa colección de prácticas particularmente repugnantes cuando quien las utiliza pretende presentarse como converso a un partido que nació precisamente para combatirlas; pero esta carta plantea un problema anterior y más profundo: aun concediéndote por un instante que eres el panista converso, fervoroso, desinteresado y convencido que hoy pretendes ser, falta demostrar lo esencial: que eres capaz de poner al PAN por encima de Santiago de la Peña.‍ ‍

Sí, Santiago, voy a hablar de lealtad; justamente de esa palabra que tus propagandistas y escribidores utilizan con tanta ligereza para exigirla a otros y que muy pronto tendrás oportunidad de demostrar tú; porque resulta facilísimo declararse panista cuando el PAN representa la posibilidad de convertirte en presidente municipal; hablar de unidad cuando pretendes que todos se unan alrededor de ti; exigir disciplina cuando el disciplinado debe ser otro, y jurar amor eterno a un partido cuando ese partido puede ser el vehículo que te lleve a la Presidencia Municipal.‍ ‍

Lo difícil es estar dispuesto a sacrificar una aspiración personal para que el partido al que dices servir tenga mayores posibilidades de ganar. Ésa es la prueba de fuego, Santi. No está en los reels, fotografías, chalecos, logotipos ni consignas; tampoco en ese novedoso descubrimiento sentimental de que Acción Nacional siempre estuvo escondido en alguna recóndita cavidad de tu emponzoñado corazón esperando que una Secretaría General de Gobierno y una candidatura municipal le permitieran salir a la luz.‍ ‍

La prueba es más simple y más incómoda: si llega el momento en que tu candidatura y el interés del PAN marchan en sentidos distintos, ¿a cuál de los dos vas a renunciar?‍ ‍

No se trata de negar tu derecho a participar, recorrer colonias, reunirte con grupos, pedir apoyos o convencer a quien se deje convencer —sobre todo si la que paga es la Secretaría, como ha venido ocurriendo—. El problema no es jurídico, sino político y moral (te dejo la definición[1]): una cosa es tener derecho a buscar una candidatura y otra muy distinta que buscarla sea conveniente para el partido; una cosa es poder contender y otra que debas hacerlo; y no vengas con el cuento de que una contienda interna fortalece al PAN. Puede fortalecerlo una competencia limpia, equitativa, entre panistas, con reglas claras y sin dados cargados; lo que lo destroza es una sucesión conducida desde el poder, con funcionarios haciendo política, dinero, estructuras, presiones, medios, operadores y toda la parafernalia que antes criticábamos al PRI y que ahora algunos pretenden importar al PAN como si cuarenta años de lucha democrática hubieran servido para aprender a hacer mejor aquello que combatimos.‍ ‍

Tantito pudor, Santiago, tantito; ¿no te duele la cara de vergüenza? Te levantó la mano una persona que carece de la investidura y la facultad para ello; sin trámite, sin mecanismos de elección, sin formalidades esenciales; todo a punta de güevos. ¿Te parece digno? ¿Te parece digno que dos de tus adversarios flanquearan a quien te ungió —güey como eres— sometidos al poder en turno? ¿Te parece digno verlos sobajados, humillados, vencidos por el poder? ¿Te parece digno hacerte de la candidatura merced al chantaje, el soborno, la limosna, el forraje? ¿No te aflige ver a la presidente del partido, quien debería ser árbitro, con su sonrisa de caballo, avalando de facto lo que es uno de los actos más viles, más asquerosos, más facciosos e ilegales en lo que va de la década en Chihuahua? Verlos me recuerda un minirelato que anda en boga: para un payaso, mudarse a un castillo no lo vuelve rey, convierte al castillo en circo. ¿No te das cuenta? Todavía no eres candidato y ya convertiste al PAN en un muladar, un estercolero, un chiquero, pues. Tú sabes perfectamente de qué hablo; y si no lo sabes, peor, porque significaría que llevas meses viviendo en un partido cuya historia todavía no has entendido.‍ ‍

Pero hay algo más grave: la elección municipal no ocurrirá en una urna aislada, suspendida en el vacío, como si Chihuahua capital fuese una república independiente y lo que suceda aquí no tuviera consecuencias para el resto del Estado.‍ ‍

La candidatura a presidente municipal forma parte de una elección mucho mayor, en la que estará en juego la gubernatura y, con ella, la supervivencia política del PAN en Chihuahua.‍ ‍

Por eso he sostenido que Marco Bonilla necesita llegar a la elección con un partido cohesionado, competitivo y, sobre todo, sin una guerra civil en la capital —guerra que, te lo juro, te vamos a dar desde todos los frentes—. Ya bastante difícil será enfrentar a MORENA y al aparato del gobierno federal como para llegar, además, desangrados por una disputa intestina, con panistas agraviados, grupos enfrentados, heridas abiertas y media militancia preguntándose por qué debe pedir el voto por alguien que jamás sintió como propio: por un extraño, un ajeno, un impostor, un charlatán, un advenedizo, un desmemoriado, un traidor, un chapulín, un NMMM —niño mimado de mamá Maru—. Las elecciones se ganan sumando y se pierden restando. Una candidatura municipal que provoca rechazo entre sectores del propio PAN puede no sólo perder la alcaldía, sino disminuir la votación de arriba hacia abajo, desalentar militantes, alejar simpatizantes y cobrarle la factura al candidato a gobernador. A ti debería importarte, y mucho, si de verdad te sientes filopanista.‍ ‍

No se trata de César Jáuregui, Rafa Loera, Manque Granados, Jorge Soto ni de quien tenga levantada la mano. Supongamos que todos desaparecieran de la contienda: la pregunta seguiría intacta: ¿eres tú el candidato que más le conviene al PAN o simplemente eres el candidato que más te conviene a ti?‍ ‍

Porque si mañana existen datos serios —no encuestas amañadas, sondeos cocinados, columnas pagadas ni aplausómetros organizados desde alguna oficina pública— que demuestren que otro candidato une más, provoca menos rechazo, conserva mejor el voto tradicional del PAN, atrae más independientes y fortalece la candidatura a gobernador, tu deber, si de veras antepones el partido a tu persona, será retirarte. Punto. Retirarte con la única dignidad que nadie puede quitarte —la inherente a tu condición de ser humano—; de las demás no hablemos: ni las conoces ni las has tenido nunca. Eso se llama lealtad, Chago; todo lo demás es discurso.‍ ‍

Hasta hoy, sin embargo, has hecho exactamente lo contrario: mientras más resistencia encuentras, más dinero, más propaganda, más operadores, más eventos, más presencia, más gente y más ruido —más marrano, pues— parecen necesarios para demostrar que eres inevitable.‍ ‍

Tu precampaña no transmite la serenidad de quien sabe que la militancia lo quiere, sino la ansiedad de quien necesita convencer a todos, a todas horas, de que ya ganó porque sabe, más allá de toda duda, que está en el 4.º o 5.º lugar. ¡Ay, ternurita, qué chiquito te ves desde acá!‍ ‍

Algo no cuadra, Santi: los candidatos naturales no necesitan parecer naturales mediante toneladas de publicidad; al árbol que da sombra no hay que colocarle un espectacular que diga: “DA SOMBRA” —por lo menos aprende eso de Jáuregui—.‍ ‍

Tampoco confundas terquedad con carácter. Perseverar es una virtud cuando el propósito merece la pena y los medios son legítimos; persistir cuando el costo empieza a pagarlo todo el partido tiene otro nombre: egoísmo puro y duro; y ese egoísmo sería todavía más grave en tu caso porque no llegaste al PAN después de veinte años de caminar sus calles, organizar casillas, defender votos, aguantar derrotas, marchar frente a Palacio o dormir junto a paquetes electorales. Llegaste al PAN desde el gobierno y ahora pretendes que quienes hicieron todo aquello acepten que tu aspiración personal vale más que sus reservas, sus agravios y hasta la posibilidad de conservar el gobierno estatal. Ahí tendrás que demostrar de qué estás hecho.‍ ‍

Cualquiera quiere a un partido cuando el partido le entrega una candidatura; cualquiera lo abraza cuando, de a gratis y sin méritos, lo pone en una boleta; cualquiera se vuelve doctrinario cuando descubre que la doctrina conduce a una alcaldía. La verdadera prueba llega cuando el partido te dice —o la realidad te demuestra— que eres más útil fuera de la candidatura que dentro de ella. Entonces se sabe si había convicción o simple conveniencia.‍ ‍

Te lo pongo más fácil: imagina que por fin queda demostrado, con instrumentos serios y comparables, que tu candidatura divide al PAN, pone en riesgo la Presidencia Municipal y le resta votos al candidato a gobernador. Imagina que, aun así, puedes insistir, utilizar tus relaciones, apretar tuercas, convencer al CEN, obtener el respaldo de María Eugenia, forzar una designación y finalmente aparecer en la boleta. Incluso imagina que puedes hacerlo legalmente. ¿Lo harías?‍ ‍

Si tu respuesta es sí, ¡ah, puerco!, deja entonces de hablarnos de amor al PAN, unidad y compromiso: lo que amas es tu candidatura.‍ ‍

Si tu respuesta es no, haz algo inteligente desde ahora: establece públicamente el límite; comprométete a que, si otro aspirante demuestra mejores condiciones electorales y mayor capacidad para mantener unido al partido, te retirarás sin pataleos.‍ ‍

A esto te reto esta vez: vámonos a una convención con voto secreto, sin acarreados ni compra de sufragios; dile “no” a tejemanejes de cúpulas crápulas; incluso dile “no” a debatir conmigo —aunque la propuesta siga pendiente—. Pero este reto no lo eches en saco roto: demuestra que eres capaz de perder tú para que gane el PAN y, con ello, ganen Chihuahua y Chihuahua —patria chica y chiquitita—. Porque, fíjate qué cosa, Santiago, a lo mejor de eso se trata ser panista y nadie te lo ha explicado —o eres medio pendejo—: durante décadas hubo hombres y mujeres en Acción Nacional que compitieron sabiendo que perderían; pusieron dinero de su bolsa, soportaron persecuciones, ceses, amenazas, cárcel y hasta golpes —tú estabas ahí, pero del otro lado; ¿recuerdas la Recomendación 41/2016 de la CEDH? [2]—. No había cargos seguros, contratos, subsecretarías ni candidaturas garantizadas esperándolos al final del camino. Hacían política porque creían en algo que los trascendía; ahora tienes una oportunidad magnífica para probar que también eres capaz de colocar algo por encima de ti mismo. No te estoy pidiendo heroísmo ni martirio. Te estoy pidiendo una eventual renuncia a una candidatura municipal. Tampoco es para tanto, no mames. Eres joven… y… y… y… eres joven.‍ ‍

Sin embargo, sospecho que puede ser lo más difícil que te hayan pedido en toda tu renga vida, porque al final la cuestión es brutalmente sencilla: Si el PAN necesita que tú seas candidato, adelante; empero, si tú necesitas ser candidato aunque el PAN pague las consecuencias, hazte a un lado.‍ ‍

El partido no nació para llevarte a ti a ninguna parte. Si de veras quieres al PAN como ahora dices quererlo, ésta puede ser tu primera oportunidad seria de demostrarnos que no llegaste a servirte de él, sino a servirle.‍ ‍

Ya veremos.‍ ‍

Con mis respetuosos saludos, quedo a tus apreciables órdenes,‍ ‍

Luis Villegas Montes.

[1] La moral es el conjunto de principios, valores, normas y criterios mediante los cuales una persona o una comunidad juzga las conductas humanas como buenas o malas, correctas o incorrectas, debidas o indebidas. 

[2] Expediente núm. YA 533/2015, Recomendación núm. 41/2016. 

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LA COBARDÍA MONTADA EN UN SIGNO DE INTERROGACIÓNLA (2a. de 2 partes).

C.   Ninguna parte del texto, sin embargo, resulta tan reveladora como aquella donde se afirma que Jáuregui pretende “arrebatar a la gobernadora la prerrogativa de influir en la designación” del candidato a presidente municipal; aquí sí caben las preguntas: ¿la qué?, ¿la prerrogativa?, ¿desde cuándo?, ¿quién se la otorgó?, ¿en qué norma aparece? Una prerrogativa es una atribución, privilegio o facultad reconocida dentro de determinado orden jurídico o institucional; por supuesto que María Eugenia posee un enorme peso político en Acción Nacional, negarlo sería infantil; es la gobernadora, es la principal figura panista del Estado y necesariamente tiene preferencias, aliados, capacidad negociadora e influencia; pero influencia política y prerrogativa son dos cosas completamente distintas. No existe un solo artículo, ¡uno solo!, ¡un párrafo!, ¡una línea!, de la Constitución, de la ley o de los Estatutos que defienda esa estupidez; la candidatura a la Presidencia Municipal no integra el patrimonio de la gobernadora, no es herencia, dote, merced real ni pieza del mobiliario de Palacio que pueda entregar al favorito de sus afectos; puede opinar, promover, impulsar, negociar, persuadir y ejercer toda la influencia política que sea capaz de reunir, faltaba más, pero de ahí a reconocerle una “prerrogativa” media un abismo jurídico y democrático.‍ ‍

Porque si se acepta semejante teoría, entonces los órganos partidistas están de adorno, las reglas internas son escenografía, los militantes comparsas y la verdadera decisión corresponde a quien ocupa la gubernatura; en ese caso, ahorrémonos convocatorias, registros, comisiones, entrevistas y demás ceremonias: que María Eugenia mande la lista y nos evitamos la molestia. Y tampoco nos engañemos con el CEN; si alguien piensa que las decisiones de un CEN que se va a cagar en los panistas van a ser respetadas, está muy equivocado; una dirigencia arbitraria, atrabiliaria, abusona, parcial o interesada no merece respeto por la sola circunstancia de ocupar un membrete. Juan de Mariana, en su tratado De rege et regis institutione, sostuvo que, cuando un rey se convierte en tirano y destruye las leyes y libertades de la comunidad, puede llegar a ser legítima su eliminación; desde luego, nadie está proponiendo aquí importar literalmente al siglo XXI las soluciones del jesuita, pero sí recordar el principio que subyace a su razonamiento: la autoridad que se vuelve arbitraria erosiona por sí misma el deber de obediencia; en su justa medida, un CEN de mierda no merece ningún respeto.‍ ‍

Lo verdaderamente hilarante es que la misma columna se burla unas líneas antes del “dedazo demoscópico” de MORENA; según esto, el dedazo es una práctica abominable cuando el dedo viene pintado de guinda, pero cuando está pintado de azul se transforma milagrosamente en “prerrogativa”; formidable alquimia política: donde MORENA impone hay autoritarismo, pero donde el PAN impone existe una exquisita atribución institucional. Diría Juárez, convenientemente actualizado por Lord Moléculo: “El respeto al dedo ajeno es guinda, el respeto al dedo propio es azul”; y ahí está, en realidad, el fondo de la cuestión; para cierta gente el problema nunca ha sido el dedazo, sino la identidad del dueño del dedo.‍ ‍

Hay además otra cosa que llama la atención y que explica buena parte del tono de la pretendida columna; según esa curiosa concepción de la vida pública, Jáuregui debería mostrar “lealtad y agradecimiento” porque el PAN y la gobernadora “tanto le dieron”; ¿le dieron qué?, ¿los cargos públicos eran propiedad de María Eugenia?, ¿los pagó de su bolsa?, ¿las instituciones forman parte de una hacienda personal cuyos beneficiarios adquieren una deuda eterna de obediencia? Esa manera de entender el poder es vieja, cortesana y profundamente patrimonialista; confunde colaboración con vasallaje, disciplina con sumisión, gratitud con obediencia y termina convirtiendo los cargos públicos en mercedes reales que deben agradecerse de rodillas.‍ ‍

No; en una república los cargos no son dádivas, las posiciones públicas no generan servidumbre personal y un político puede discrepar, competir e incluso romper con quien alguna vez lo nombró sin incurrir por ello en pecado de lesa majestad; podrá equivocarse, podrá perder, podrá terminar políticamente hecho pedazos, pero pretender competir no equivale a traicionar y, si las candidaturas estuvieran reservadas de antemano a quien reciba el visto bueno del gobernante, entonces la democracia interna sería una farsa y la militancia simple utilería.‍ ‍

Termino; hay algo casi enternecedor en un texto que se muestra tan seguro de conocer las conversaciones privadas del CEN, las intenciones secretas de Jáuregui, sus supuestas reuniones furtivas, sus fuentes de financiamiento y hasta el estado de confusión de su mente y que, sin embargo, tropieza reiteradamente con asuntos bastante más accesibles: “recibie», “los arrogante”, “jóven”, “cuhcara”, “comprimosos”, “equió”, “tración”, “Juparez”; todo ello está ahí y no es la primera vez. Las erratas, naturalmente, las comete cualquiera —yo también— y algunas poseen una extraordinaria habilidad para sobrevivir a varias lecturas; otra cosa es convertir el idioma en puntual desastre y, sobre todo, hacerlo mientras se pretende diagnosticar el estado mental ajeno. Quizá convenga, por elemental prudencia, revisar primero el propio texto; no vaya a ser que entre el “tajante veto” que nadie conoce, los “antecedentes penales” que nadie identifica, las reuniones “furtivas” que nadie prueba, las fuentes de financiamiento que nadie señala y la “prerrogativa” que no aparece en norma alguna, termine por ocurrir lo más sencillo de todo: que Lord Moléculo no tenga información privilegiada, sino apenas una colección de rumores y una extraordinaria, e injustificada, confianza en sí mismo.‍ ‍

En los hechos, cuando en un texto se pretende diagnosticar el estado mental ajeno, quizá convenga, por elemental prudencia, pasar primero a diagnosticar el propio empezando por su capacidad para escribir correctamente (se supone que a eso se dedica), no sea que de “pinche loco” pase a ser un “vulgar pendejo”.‍ ‍

Contácteme a través de mi correo electrónico o sígame en los medios que gentilmente me publican, en Facebook o también en mi blog: https://www.luisvillegasmontes.com‍‍ ‍

Luis Villegas Montes.

Ofna. (614) 438 4832 y

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LA COBARDÍA MONTADA EN UN SIGNO DE INTERROGACIÓN (1a. de 2 partes).

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Hay una modalidad singular de periodismo político; no la inventó el régimen que se enseñorea en México; en sus tiempos, el PRI hizo lo propio y toda una generación quedó resumida en la célebre expresión del presidente —con “e”— José López Portillo, en alusión a los medios de su época: “no te pago para que me pegues”; el estilito sobrevivió y MORENA —¿qué duda cabe?— lo desempolvó, le dio su remozadita y lo actualizó hasta convertirlo en una constante: medios desvergonzadamente sumisos, asquerosamente serviles, profundamente estúpidos —¿o qué otra cosa puede decirse del inefable Lord Molécula?—; tipejos de esa calaña, que afirman sin afirmar, acusan sin acusar y ensucian sin hacerse cargo de la propia mugre, abundan.‍ ‍

Lo malo es que pareciera que el virus se extiende; en Chihuahua, tristemente, empiezan también a abundar lenguas cantarinas que, a cambio de un plato de lentejas más o menos a rebosar, son capaces de proferir cualquier sarta de imbecilidades e infundios; pensemos en uno que, temporalmente y mientras encuentro apelativo más preciso, llamaremos Lord Moléculo. El procedimiento parece de manual: se toma un rumor, se le acompaña con dos o tres adjetivos, se añaden unos signos de interrogación y listo, el chisme queda vestido de noticia; ¿Fulano roba?, ¿Mengano traiciona?, ¿Zutano recibe dinero oscuro?; no necesitas afirmar nada, faltaba más, basta una cabalgata de preguntas insidiosas y, si después alguien reclama pruebas, queda expedita la salida de emergencia: “yo no afirmé que fuera cierto, solamente pregunté”; es la cobardía misma, montada en un signo de interrogación.‍ ‍

A ese método recurrió ayer quien escribió la porquería que puede leerse en el siguiente sitio: https://lavisiondechihuahua.com/124063-2/; el texto merece atención no porque critique a César Jáuregui —criticar a quien pretende un cargo público es legítimo, saludable y necesario; quien no soporte la crítica que se dedique a otra cosa—, sino porque ofrece una pequeña antología de esa peculiar alquimia mediante la cual el rumor pretende convertirse en información sin pasar por la incómoda aduana de la prueba. Dice la pretendida columna, entre otras sandeces, que Jáuregui “quemó la última oportunidad de mostrar un mínimo de lealtad y agradecimiento con el PAN y con la gobernadora que tanto le dieron”; que en una reunión con Maru Campos “reventó la liga”; que su aspiración a la Presidencia Municipal es una “loca idea” y un “despropósito”; que su mente se encuentra en “estado de confusión” y que “el CEN ya le dijo que no puede y no será candidato, por los antecedentes penales que arrastra”.‍ ‍

Todo eso puede ser cierto, falso, parcialmente cierto, parcialmente falso, producto de un arrebato de súbita inspiración, de una lengua particularmente indiscreta o del consumo de psicotrópicos; no lo sé, pero el autor tampoco nos permite saberlo porque no ofrece un solo elemento para comprobarlo: ningún documento, ningún mensaje, ninguna fuente identificable, ningún testimonio atribuible, ninguna resolución, ninguna fecha precisa, nada de nada; sólo la certeza pontificia de quien cree que basta escribir una cosa para volverla verdad. Y aquí aparece una cuestión elemental que cualquier estudiante de primer semestre debería conocer: quien afirma, prueba; el que sostiene la existencia de un hecho es quien carga con la obligación de acreditarlo y no quien lo niega; pretender lo contrario conduciría al absurdo de que mañana yo preguntara si Lord Moléculo recibe dinero del crimen organizado y luego le exigiera demostrar que no lo recibe; los hechos negativos, por regla general, no se prueban y la carga corresponde a quien afirma el positivo.‍ ‍

Empero, dejémonos de conejitos en la luna, pedos metafísicos y demás recursos escatológicos utilizados en el texto y vayamos a lo único que importa: ¿dónde están las pruebas de lo que afirma? Pongo tres ejemplos contundentes de ese enfermizo cinismo y de ese impudor.‍ ‍

A.   Un “tajante veto del CEN” no es una metáfora, una percepción ni un estado de ánimo; es un hecho concreto y susceptible de demostración; ¿quién vetó a Jáuregui?, ¿cuándo?, ¿en qué reunión?, ¿mediante qué órgano?, ¿en qué acuerdo?, ¿quién se lo notificó?, ¿hay oficio?, ¿hay resolución?, ¿hay mensaje?, ¿hay siquiera alguien dispuesto a poner nombre y apellido detrás de la afirmación? Misterio. Hasta ahora, lo públicamente comprobable es otra cosa: el 14 de julio César Jáuregui formalizó su registro para participar en el proceso interno del PAN rumbo a la Presidencia Municipal de Chihuahua; eso, desde luego, no significa que vaya a ser candidato, ni que tenga derecho adquirido alguno a serlo; significa solamente que, si alguien sostiene que después de ese registro el CEN decidió excluirlo tajantemente, la carga intelectual mínima consiste en demostrarlo; no Jáuregui, no sus amigos, no quienes dudan de la versión: quien lo afirma. No es mucho pedir; se llama coherencia, integridad, decencia y, si se quiere vestir la cosa con ropaje jurídico, carga de la prueba.‍ ‍

B.   Sin embargo, existe todavía una afirmación mucho más grave: la alegre referencia a los “antecedentes penales que arrastra”; aquí convendría hacer algo verdaderamente revolucionario para el mendaz articulista: usar correctamente las palabras. Un antecedente penal no es un rumor, ni una enemistad política, ni una nota periodística, ni el hecho de aparecer mencionado en una carpeta; una denuncia tampoco convierte a nadie en delincuente y, hasta el día de hoy, ser citado como testigo no produce semejante transformación por arte de magia. Respecto del episodio relacionado con la presencia de agentes estadounidenses y el llamado caso CIA —que la propia columna utiliza para golpear a Jáuregui—, la información publicada en mayo señala que la FGR citó tanto a María Eugenia como a Jáuregui en calidad de testigos; punto. Conforme a estricto derecho, las palabras “testigo”, “investigado”, “imputado”, “acusado” y “sentenciado” no son sinónimos; no son grados intercambiables de una misma cosa, no pueden barajarse a conveniencia del escribidor y mucho menos desembocar, como por generación espontánea, en la palabra “culpable”.‍ ‍

En ese sentido, Lord Moléculo debería dejar en blanco y negro cuáles son esos antecedentes penales que supuestamente Jáuregui “arrastra” y publicarlos; tendría que señalar el número de causa, el tribunal, el delito, la sentencia y el estado procesal; además, tendría que razonar (ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja; ¡como si pudiera el pobre!) cómo esos antecedentes le impiden ser candidato, es decir, precisar cuál es la norma constitucional, legal o estatutaria que produce semejante consecuencia en ese caso concreto. Así funciona una afirmación seria; todo lo demás es humo. Sin embargo, ahondemos más en esa pseudoafirmación: ¿por qué es falsa? Porque:‍ ‍

1.    Jáuregui no tiene antecedentes penales de ningún tipo;‍ ‍

2.    No existe ningún tipo penal en que puedan encuadrarse eficazmente las conductas a él atribuidas;‍ ‍

3.    La causa no va a proceder mientras el gobierno de la República mantenga archivada la renuncia;‍ ‍

4.    Dos de las personas que podrían declarar en su contra fallecieron;‍ ‍

5.    Las otras dos personas que podrían declarar en su contra (los agentes de la CIA sobrevivientes) no se han manifestado de ninguna forma que haga presumir que hay algún tipo de responsabilidad;‍ ‍

6.    El único orden de gobierno que podría proceder en contra de Jáuregui es el federal y es absurdo pretender que MORENA va a apoyar a María Eugenia en esta aventura (o en cualquier otra);‍ ‍

7.    Si se intenta proceder en contra de él (como mando superior involucrado), la cadena de responsabilidades llegaría hasta María Eugenia; sería, literalmente, pegarse un “balazo en el pie”;‍ ‍

8.    Si de carpetas de investigación se trata, varios integrantes del gabinete —y parientes CERCANOS— deberían estar preocupados (y temblando), y‍ ‍

9.    No ha de ser tan malo ser acusado, vinculado a proceso y absuelto, visto que la única política en Chihuahua, con “antecedentes penales” reconocidos, es María Eugenia.‍ ‍

Continuará…‍ ‍

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NO ERA HAMBRE…

“Al igual que la gobernadora Campos, yo también espero que César Jáuregui no traicione sus principios con los que muchos lo conocimos años atrás […]”. ¡Ja, ja, ja, ja! De esa forma tan rimbombante empieza su columna un pelagatos (¿o gatófago?); tras leerlo, recordé el chiste de la mosca y el elefante: Iba un elefante marchando por la selva y arrasando con todo a su paso; al ver el desastre que el paquidermo ha dejado, orgullosa, la mosca, que va cómodamente posada sobre su lomo, exclama: “¡Caramba! ¡Qué desmadre el que hicimos!”.‍

Si quiere herirse los ojos —y el entendimiento— lo puede leer en el siguiente sitio: https://lavisiondechihuahua.com/123731-2/ Como soy un hombre que, por lo general, actúa de buena fe, me atrevo a pensar que yo estaba equivocado pues, lo que obnubila la mente del pseudoarticulista no es el hambre (como lo creí en un principio), sino la pendejez lisa y llana. Me explico: hay algo profundamente equivocado, y podrido, en el alegato que pretende construirse contra César Jáuregui; y no es sólo una cuestión de simpatías personales ni de preferencias electorales, es algo bastante más elemental: se están trastocando los términos de la discusión hasta convertir un derecho político legítimo en una especie de acto de insubordinación contra el poder. El cuasicolumnista sostiene que Jáuregui fue “uno de los mayores beneficiarios” de los éxitos de María Eugenia y, casi de inmediato, eleva a la gobernadora a la condición de “jefa política” frente a la cual —parece sugerir— cualquier aspiración que no cuente con su beneplácito constituye una suerte de deslealtad.‍

Como diría Jeffrey Dahmer, vayamos por partes. Sí, César Jáuregui ocupó posiciones importantísimas durante los gobiernos encabezados por María Eugenia, pero precisamente por eso resulta equívoco describir esa relación solamente con la palabra “beneficiario”, porque Jáuregui no fue un gordito que pasaba por la banqueta cuando ella decidió repartir cargos y canonjías; fue también uno de sus colaboradores más relevantes, uno de los operadores de mayor peso, literal y metafóricamente hablando, de sus gobiernos y, por tanto, partícipe —para bien o para mal— de una parte importante de sus resultados. Presentar la relación como si todo hubiese corrido en una sola dirección, de la generosa gobernadora hacia el agradecido subordinado, no es análisis político: es construir una relación feudal donde sólo hubo una asociación política.‍ ‍

Y de ahí viene el siguiente disparate, según el cual, Jáuregui estaría “queriendo tumbar las puertas del PAN” para obtener la candidatura a la Presidencia Municipal. ¿Tumbar cuáles puertas? El PAN anunció oficialmente que sus candidaturas para 2027 estarían abiertas a la participación ciudadana y cuenta con órganos partidistas expresamente facultados para conducir los procedimientos de selección de candidatos. Aspirar a una candidatura, buscar apoyos, promoverse políticamente y tratar de ganar un proceso interno no equivale a derribar las puertas de un partido. Eso se llama “competir”. De no esperar el abundante plato de croquetas proveniente de la secretaría de gobierno, hasta el tonto escribidor podría entenderlo, pero no puede: lo verdaderamente inquietante no es que César Jáuregui quiera ser candidato, lo terrible es aceptar como normal que la gobernadora del Estado pueda decidir quién debe serlo y quién no.‍ ‍

María Eugenia tiene, por supuesto, derechos políticos; y puede tener simpatías, afectos, desafectos y preferencias; lo que no puede confundirse es a la María Eugenia militante del PAN, con la María Eugenia gobernadora del Estado de Chihuahua; la segunda encarna un poder público y está sujeta a deberes de imparcialidad que no desaparecen cuando comienza la sucesión política, pues el artículo 134 constitucional impone a las personas servidoras públicas obligaciones precisamente dirigidas a impedir que los recursos y la posición pública alteren la equidad de las competencias políticas.‍ ‍

Por eso resulta sorprendente que no sólo se pase por alto el problema, sino que prácticamente lo celebre: festivo nos informa que María Eugenia es la “jefa política”, que domina al PAN estatal, que tiene liderazgo sobre la dirigencia nacional y concluye que Jáuregui difícilmente podrá “salirse con la suya” enfrentándose a semejante poder. ¡Carajo! ¡Qué poca madre! ¡Qué nula capacidad de análisis! ¡Y qué desvergüenza! ¿Nadie advierte la monstruosidad de semejante razonamiento? Si la candidatura, cualquier candidatura, está decidida porque la gobernadora “es la jefa”, si contender contra su voluntad equivale a patear puertas, si aspirar sin su autorización es deslealtad y si quien insiste corre el riesgo de ser acusado hasta de “traición”, entonces ahorrémonos estatutos, convocatorias, órganos electorales partidistas, encuestas, elecciones primarias y militantes. Bienvenida la selva: “Tú Jane, yo Tarzán”.

No más faltó sugerir que el ‍mecanismo consiste en que la gobernadora saque una libreta, escriba los nombres y asunto concluido.‍ ‍

Pero no, no, no, ¡no! Un partido político no es patrimonio del gobernador emanado de sus filas, ni sus militantes son empleaduchos de cuarta, ni la gratitud por haber compartido responsabilidades públicas genera una servidumbre política perpetua. Y si así son las cosas, mucho menos puede sostenerse con seriedad que Jáuregui esté obligado a renunciar a una aspiración legítima porque alguna vez formó parte del equipo político de María Eugenia.‍ ‍

Y si alguno piensa que estos párrafos son duros, no se confunda, es asco y pena ajena. Escribe: “Mientras discutimos si César traiciona o no, Santiago de la Peña sigue sumando adeptos dentro y fuera del PAN. Que Gil Loya, uno de los más comprometidos con la gobernadora, se haya abierto sin rubor a favor de Santiago, haciéndolo figura central de un cumple eminentemente político, y que varios directores de la Presidencia Municipal se tomasen la foto con él, habla de su trabajo político. Santiago está haciendo su parte y la está haciendo bien”. Con ese párrafo se ganó una dotación de Whiskas para todo el semestre; si fuera comunicador, si de verdad ejerciera el periodismo, la noticia sería cómo el gobierno en pleno, ése sí sin rubor, se ha volcado en hacerle el caldo gordo a un puerco que ilegalmente se sirve de todos los recursos a su alcance, para obtener una candidatura que no se merece desde ninguna óptica y por ningún concepto. ¡Ésa es la nota y no otra!‍ ‍

Por lo pronto, aquí seguiremos, amastreando bestias.  ‍ ‍

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CORTÉS: EL HOMBRE (8.ª de no sé cuántas partes).

Ya vamos en la octava entrega y es preciso hacer un resumen.‍

A lo largo de estos párrafos se han hecho, y sostenido, afirmaciones varias, tales como que: “México es heredero de la Nueva España y de Tenochtitlan”; que, de algún modo, “el odio a Cortés termina siendo odio a una parte de nosotros mismos”; y que el mecanismo ideológico del nacionalismo revolucionario peca de excesos varios, como simplificar a los héroes , ver a Cortés como una especie de villano funcional o romantizar a los pueblos prehispánicos, empezando por los mexicas.‍ ‍

Lo anterior, de ninguna manera puede verse —porque no lo es— como una caricatura inversa; así, el afirmar que Tenochtitlan no fue símbolo de ciencia o arte porque “no existía un desarrollo comparable al de Eurasia” expresa una verdad evidente por varias razones: primero, porque ninguna civilización americana del XVI iba a ser comparable tecnológicamente con Eurasia; segundo, porque todas las civilizaciones que, a lo largo y ancho del planeta, alcanzaron el repunte cultural de los aztecas (sofisticación hidráulica, astronomía ritual compleja, urbanismo monumental, admirable ingeniería agrícola, organización tributaria avanzada y arquitectura impresionante) no se quedaron en ese punto y cambiaron de estadío (o desaparecieron), y tercero, aunque nos duela admitirlo, porque la conquista es un hecho; efectivamente, enfrentadas, una civilización se impuso a la otra.‍ ‍

Y esto último es de capital importancia porque no significa —como pretenden los corifeos del oficialismo— que aquélla sea una estampa estática; por el contrario, como se ha dicho, y probado también, fue un acontecimiento dinámico que sobrevive a nuestros días; pues si perviven vocablos nahuas, junto a una rica gastronomía, una cosmovisión individual, festividades significativas, estructuras comunitarias, herencias agrícolas, imaginarios simbólicos, toponimias y prácticas rituales mezcladas (conste que no se trata de “mexicas puros”); existe un marco referencial, también propio y tan nuestro como esos resabios indígenas, proveniente de otras latitudes.‍ ‍

No se nos debe olvidar que Nueva España no era de España; la Nueva España era España; y hago bien en llamarla “Nueva España” —y sin contradecirme— porque aunque el Estado español no existía ni existía tampoco un país llamado “España” (lo vamos a ver en un instante), es el propio Cortés quien así nombra a estas tierras. En su segunda carta de relación, enviada a Carlos V en 1520, así la llama: “esta Nueva España del Mar Océano […]”; por cierto, en este punto es dable sostener este punto con datos:‍ ‍

Según las Leyes de Indias, los reinos americanos estaban unidos a la Corona de Castilla a través de la persona del monarca; es decir, jurídicamente, tenían el mismo estatus que los reinos peninsulares. ¿Por qué? Porque España no era un “Estado-nación” moderno, sino una agregación de reinos, provincias, señoríos y coronas unidos en la persona del rey; es decir, no existía “España” como estado unitario centralizado en el sentido contemporáneo. En su lugar, existía la Monarquía Católica de los Austrias y luego de los Borbones y tantán.‍ ‍

Legalmente hablando, “Las Indias” quedaron jurídicamente incorporadas a la Corona de Castilla, no al “Reino de España” (que tampoco existía como tal). ¿El fundamento de este régimen? Las bulas alejandrinas y las capitulaciones de Santa Fe (acuerdo firmado el 17 de abril de 1492 entre los Reyes Católicos y Cristobal Colón. En ellas se establecieron los términos de la expedición hacia el oeste). Ése es el título originario.‍ ‍

Después, vendría el fundamento normativo directo de esa unión perpetua a Castilla: la Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias, Libro III, Título I, Ley I, que reza en lo conducente: “Que las Indias Occidentales estén siempre unidas a la Corona de Castilla, y no se puedan enajenar”. El texto arranca con la siguiente fórmula: “[…] es nuestra voluntad, y lo hemos prometido y jurado, que siempre permanezcan unidas para su mayor perpetuidad y firmeza, prohibimos la enajenación de ellas. Y mandamos, que en ningún tiempo puedan ser separadas de nuestra Real Corona de Castilla, desunidas, ni divididas en todo o en parte […]”.‍ ‍

¿Qué implica lo anterior? Por lo menos tres cosas:‍ ‍

1.     Igualdad de dignidad jurídico-política pues los reinos americanos estaban unidos a la Corona de Castilla a través de la persona del monarca;‍ ‍

2.     Instituciones propias como el Virreinato, la Real Audiencia y sus propios tribunales; lo que le otorgaba una estructura administrativa compleja, y‍ ‍

3.     Que el término “colonia” se generaliza y cobra fuerza con el reformismo borbónico del siglo XVIII, cuando la Corona tiende a centralizar, fiscalizar y explotar de manera más eficiente los territorios americanos, aunque el lenguaje jurídico tradicional siguiera hablando de reinos de Indias.‍ ‍

Es decir, de colonia, nada (o en todo caso, el empleo de ese término resulta insuficiente o anacrónico), y mucho menos, tres siglos de decadencia. Quien lo afirme, ése sí, es un ignorante de tomo y lomo. Escribe López Obrador:‍ ‍

La esclavitud, si no de jure, fue implantada de facto. El resultado fue un periodo de tres siglos de decadencia durante la dominación colonial, prolongada en un largo lapso del México independiente”.[1]‍ ‍

Como se ve que a este señor de poco le sirvió, según su dicho, haber estado en “todos los municipios del país”,[2] porque eso significa que no conoció nada: que no vio catedrales, ni universidades, ni retablos, ni hospitales, ni acueductos, ni caminos reales, ni puentes, ni plazas mayores, ni palacios virreinales, ni ayuntamientos, ni casas consistoriales, ni haciendas, ni bibliotecas, ni pinturas, ni platería, ni talavera, ni órganos barrocos, ni fuertes, ni astilleros, ni fortificaciones, ni portales, ni alamedas, ni fuentes, ni criptas, ni sillerías de coro, ni vitrales, ni rejas de hierro forjado, ni artesonados, ni teatros, ni obrajes, ni viñedos, ni ingenios azucareros. ¡De cuánta auténtica grandeza se perdió el pobre!‍ ‍

Vale la pena traer a colación —y cuantas veces haga falta—, al ilustre don José Fuentes Mares y su célebre Cortés:‍ ‍

A partir del testamento de la reina Isabel, abundan las provisiones reales en defensa de la dignidad moral y libertad de los indios, y las cartas y Ordenanzas de Cortés exhiben ese propósito no obstante las brutales exigencias de la Conquista y los conquistadores […] Sólo por miopía hemos transigido con ruedas de molino, y aplaudido la tonta versión que nos denigra”.[3]

Continuará…

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[1] LÓPEZ OBRADOR, Andrés Manuel. Grandeza, Océano, México, 2026, p. 35. Énfasis añadido.

[2] Nota de la redacción titulada: “Soy el mexicano que más conoce el país, de arriba a abajo: López Obrador”, publicado el 22 de diciembre de 2022. [En línea]. Visible en el sitio: https://lopezdoriga.com/nacional/amlo-lopez-obrador-mexicano-mas-conoce-pais-todos-municipios/ Consultado el 10 de mayo de 2026 a las 6.30 h. Énfasis añadido.

[3] FUENTES MARES, José. Cortés. El Hombre, Grijalbo, 6.ª edición, México, 1981, p. 260. Énfasis añadido.


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EL 3 DE AGOSTO NO SE OLVIDA

Hace justo 100 años, en 1926, se presentó el quiebre definitivo entre la Iglesia católica y el Estado mexicano, marcando el paso de la resistencia civil y legal al estallido violento de la Guerra Cristera. Lo que ocurrió ese año fue una escalada radical de provocaciones gubernamentales y respuestas de la sociedad civil que culminaron en el derramamiento de sangre en agosto y el posterior alzamiento en armas. Los antecedentes y sucesos clave se desarrollaron a través de los siguientes hitos:‍ ‍

1.    El 4 de febrero de 1926, el periódico El Universal publicó una entrevista al arzobispo de México, José Mora y del Río; en ella, el prelado declaró de forma contundente que la Iglesia no reconocía y combatiría los artículos anticlericales de la Constitución de 1917 —específicamente los artículos 3°, 5°, 27° y 130°—;

2.    El presidente Plutarco Elías Calles, masón irredento y furibundo anticatólico, ordenó la clausura inmediata de conventos, la expulsión de sacerdotes extranjeros y el cierre forzoso de escuelas religiosas;

3.    En junio de 1926, la confrontación ideológica tomó forma de decreto penal. El Ejecutivo emitió la conocida “Ley Calles” (Ley de Tolerancia de Cultos), una reforma diseñada para castigar penalmente cualquier desacato del clero: La ley prohibía a los sacerdotes usar sotana en la vía pública, eliminaba por completo la personalidad jurídica de las iglesias, sancionaba la educación religiosa y facultaba a los alcaldes civiles para decidir el número máximo de sacerdotes permitidos en cada municipio, asfixiando la operatividad de la Iglesia;

4.    La respuesta civil de la feligresía no se hizo esperar, encabezada por la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa y la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), quienes articularon una resistencia en dos frentes:‍ ‍

a)   Se organizó un freno económico nacional para presionar las finanzas del gobierno, consistente en no comprar billetes de lotería, reducir al mínimo el consumo de gasolina, electricidad y artículos de lujo, y evitar el uso del transporte público, ‍y ‍

b)   Ante la imposibilidad de cumplir con la Ley Calles sin someterse al control absoluto del Estado, el Episcopado Mexicano —con la autorización explícita del Papa Pío XI— tomó una medida inédita y drástica: suspender los cultos públicos en todos los templos católicos de México a partir del 31 de julio de 1926. Ese día, en una atmósfera de pánico y devoción, miles de fieles acudieron a las iglesias a bautizar y casarse en masa antes de que las puertas se cerraran indefinidamente, y

5.    Con los templos vacíos de sacerdotes, el gobierno federal ordenó que juntas civiles locales tomaran posesión y control físico de los inmuebles. Esto provocó el choque frontal con los jóvenes laicos que se habían organizado para custodiar los edificios sagrados.

Ése fue el punto de no retorno; el 3 de agosto, se desató el Sitio del Santuario de Guadalupe en Guadalajara; en este lugar, el ejército federal abrió fuego contra los jóvenes de la ACJM, perpetrando una matanza que sepultó la vía pacífica, inició una resistencia civil y terminó por convertirse en el prólogo sangriento de una guerra civil que dividió a México por tres años.‍ ‍

¿Por qué la masacre del 3 de agosto de 1926 quedó en la penumbra histórica, mientras que el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco se convirtió en un hito de la memoria nacional? Por una razón muy simple: El poder, la ideología y el control cultural moldean el recuerdo colectivo.‍ ‍

En efecto, a pesar de compartir la misma trágica esencia —población civil e indefensa masacrada por la barbarie y el aparato represor del Estado—, sus destinos en el imaginario público fueron radicalmente opuestos. La historia oficial, al final del día, no la escriben los muertos, sino los intereses políticos de quienes sobreviven para contarla.‍ ‍

En el caso concreto, el monopolio de la narrativa oficial posterior a la Revolución lo tenía el Estado mexicano surgido de la Revolución, mismo que construyó un relato oficial unificado. El grupo en el poder se autoproclamó como el único heredero legítimo de la “modernidad” y el “progreso” de la nación, lo que conllevó a estigmatizar la rebelión y a la censura por parte del Estado: En la especie, por ejemplo, al triunfo del aparato militar e institucional del gobierno de Plutarco Elías Calles, los hechos del Santuario de Guadalupe del mes de agosto de 1926 se registraron en los libros oficiales simplemente como el sofocamiento de una revuelta ilegal, sepultando el carácter de víctimas que tenían los jóvenes civiles.‍ ‍

Había, hubo, hay, un férreo control de los medios de comunicación y de los testigos.‍ ‍

El heredero de esa barbarie es el gobierno actual; plagado de priistas insepultos vestidos con chaleco guinda que no dudaron en llamar a la porquería que dirigen “4.ª Transformación”; es decir, movimiento heredero, descendiente directo, de ese régimen represor y falsario que dominó por entero tres cuartas partes del siglo XX en México.‍ ‍

Me queda claro que, México, no padece falta de memoria, sino que cuenta con una memoria selectiva; recordamos lo que confirma nuestros prejuicios y borramos lo que obliga a revisar nuestros mitos.‍ ‍

El 2 de octubre no debe olvidarse, el 3 de agosto tampoco, pues si el Estado va a decidir cuáles muertos merecen memoria y cuáles no, la historia deja de ser conciencia y se convierte en consigna; y eso es, precisamente, lo que quiere este régimen de pacotilla. En ésas estamos, mexicanos.‍ ‍

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CORTÉS: EL HOMBRE (7.ª de no sé cuántas partes).

‍Ciertamente, en la entrega anterior de esta serie, nos quedamos en lo que es el México de hoy. Esa mixtura preciosa,[1] magnífica obra inacabada que no se forjó de la noche a la mañana y que demandó —y reclama— siglos para su perfeccionamiento.

‍ Sin embargo, lamentablemente, hay quienes ignoran u olvidan —o pretenden hacerlo— que México no es sólo memoria; porque memoria es, y sólo eso, proclamar la grandeza de los mal llamados “pueblos originarios”. Así es; lo primero que cabe preguntarse es: “¿Originarios de qué? ¿De dónde? ¿Del actual territorio mexicano? ¿De América?”. Porque si nos ponemos serios —y claro que habría que hacerlo— casi ningún grupo humano, en el Planeta, es “originario” en términos absolutos. En todas las regiones, salvo contadas excepciones (Papúa, por ejemplo), los seres humanos llegaron de algún lado, desplazaron a otros, se mezclaron, guerrearon y ocuparon territorios ajenos.[2]

Por no ir más lejos, los mexicas mismos —convertidos hoy en el recurso preferido del proceso “reivindicador” de la mexicanidad en el discurso oficial— eran relativamente recientes en el Valle de México (y escribo “eran” porque la civilización mexica, como entidad política y cultural autónoma, desapareció hace siglos; cinco, para ser exactos); no brotaron del lago de Texcoco como ajolotes místicos enviados por alguna deidad lacustre; los aztecas llegaron, se asentaron, guerrearon, se expandieron y sometieron a los pueblos vecinos, si no “a sangre y fuego”, sí “a sangre y a macuahuitlazo limpio”.

Más aún, si hablamos del imperio mexica “como tal” —es decir, como estructura imperial dominante en la región—, su vida fue sorprendentemente breve: alrededor de 90 a 100 años de hegemonía real, no más. La fecha clave suele situarse en 1428, cuando se conforma la llamada “Triple Alianza” entre los pueblos de Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan, luego de derrotar a Azcapotzalco. Ahí nace el auténtico aparato imperial mexica; mismo que concluye en 1521, con la caída de Tenochtitlan ante Cortés y sus aliados indígenas. Es decir, un máximo de 93 años. ¿Originarios? ¡Ja!

En contraste, desde su fundación, en el 753 a.C., hasta la caída de Constantinopla en el 1453 d.C., la hegemonía romana duró 2206 años; es decir, veintitrés veces más que el imperio mexica; por eso resulta un poco cómico cuando ciertos discursos contemporáneos hablan de un imperio azteca “ancestral” como si hubiera sido una estructura milenaria comparable con la china, 2133 años; el Egipto faraónico,  3000; el imperio otomano, 623; la civilización hindú, más de 4500, o el Japón imperial, más de 2600. No, la mexica fue una potencia regional joven, muy brillante, muy feroz… y muy breve; más cercana al vértigo imperial de Alejandro que a las civilizaciones milenarias de Roma, China o Egipto.

Por eso, llamarlos “pueblos originarios” introduce en forma subrepticia una especie de legitimidad primordial, casi adámica: “ellos estaban primero”; y de ahí se pretende desprender otra insinuación no sólo más peligrosa, sino completamente errónea: “los demás llegaron después y son intrusos”. ¡Falso! Por lo menos en el caso de los aztecas.

Como inexacto es que Tenochtitlan fuera, además de ciudad majestuosa, “un símbolo de organización, de poder, de ciencia, de artes y de visión”;[3] o mejor dicho, sí, Tenochtitlan fue un símbolo de organización y poder, pero el resto de lo que fue estaba muy lejos de ser lo otro porque no existía un desarrollo científico-artístico propio ni universal comparable al de Eurasia del siglo XVI y porque su hegemonía no se explica sin la crueldad y la guerra. Por ello también es incorrecto insistir en que hablar dicha ciudad “no es hablar de un pasado muerto”.[4] y que es, por el contrario, “hablar del curso vivo que late bajo nuestra ciudad capital [de] nuestra grandeza cultural y nuestra identidad”.[5]

Y es así por tres razones: la primera, porque los mexicas arribaron relativamente al final de una larguísima cadena mesoamericana y absorbieron mucho de pueblos anteriores o contemporáneos a ellos: calendarios, astronomía ritual, urbanismo, iconografía, técnicas agrícolas, estructuras tributarias o escritura pictográfica; mucho de ese bagaje ya existía en Teotihuacán, en la tradición tolteca o entre mayas y zapotecos, etc.; segundo, porque no le habría alcanzado la vida para ser creadores, artistas e inventores y, al mismo tiempo, sojuzgar “a macuahuitlazo limpio”, a los pueblos vecinos; y tercero, excepto los rastros arqueológicos (es decir, un montón de piedras inanimadas) no existe ninguna tradición “viva”, ni nada que se le parezca, que pueda llamarse con razón, y sin fingimientos, “mexica” o “azteca”. Lo mexicano es mixtura: no hay comida “típica”, ni traje “regional”, ni arte “popular”, ni arquitectura “vernácula”, que no sean deudores de lo español.

Escribe cierto autor respecto de la organización social precolombina, asentada en nuestro territorio:

“Sin duda, se trató de una sociedad bien estratificada, dividida cuando menos en dos clases sociales, y con una dirección política y, posiblemente, clerical. Aun cuando es bastante general y poco lo investigado, su organización social debe haberse constituido, como sucedió posteriormente en otras civilizaciones prehispánicas, mediante un sistema de entrega de tributo, tanto en especie como en trabajo, a la clase gobernante, ya fuera por convencimiento ideológico, religioso y cívico o a través de medidas coercitivas impuestas a la población mayoritaria subordinada o sometida”.[6]

Y no creo que ni Clau ni ningún otro morenista se atrevan a poner en duda la veracidad de estas palabras, puesto que su autor es, ni más ni menos, que Andrés Manuel López Obrador.  ‍ ‍

Continuará…

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[1] Entendido lo “precioso” en un sentido específico y más fino que simplemente “bonito”. En el registro empleado significa: hecho con esmero, delicado, elegante, finamente trabajado y de gran gracia o perfección.

[2] También en Papúa, seguro, pero nadie se acuerda.

[3] Nota de Fernanda López-Castro  titulada: “‘México no nació con los españoles’: Sheinbaum celebra 700 años de la fundación de Tenochtitlan”. [En línea]. Visible en el sitio: https://www.infobae.com/mexico/2025/07/26/mexico-no-nacio-con-los-espanoles-sheinbaum-celebra-700-anos-de-la-fundacion-de-tenochtitlan/ Consultado el 10 de mayo de 2026 a las 9.00 h.

[4] Nota de Fernanda López-Castro  titulada: “Sheinbaum destaca legado de Tenochtitlan a 700 años de su fundación”. [En línea]. Visible en el sitio: https://www.informador.mx/mexico/Sheinbaum-destaca-legado-de-Tenochtitlan-a-700-anos-de-su-fundacion-20250726-0065.html Consultado el 10 de mayo de 2026 a las 9.50 h.

[5]Ibidem.

[6] LÓPEZ OBRADOR, Andrés Manuel. Grandeza, Océano, México, 2026, p. 131. Énfasis añadido.

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NO ES UN SIMPLE JUEGO DE PALABRAS

En años recientes, la Secretaría de Salud y el Poder Judicial en México han impulsado una modificación progresiva del lenguaje empleado en las Normas Oficiales Mexicanas y en diversas disposiciones relacionadas con la salud. El cambio consiste en sustituir o complementar términos biológicos tradicionales, como “mujer” o “madre”, con conceptos pretendidamente neutros, como “persona gestante” o “persona con capacidad de gestar”.‍ ‍

Institucionalmente, este movimiento se “justifica” invocando los principios de inclusión, no discriminación y progresividad de los derechos humanos, con el propósito de brindar cobertura legal e institucional a hombres trans y personas no binarias que conservan órganos reproductivos femeninos. Recién ocurrió con la NOM-005-SSA-2026, relativa a los servicios de planificación familiar y anticoncepción, y expresiones semejantes fueron incorporadas en la NOM-020-SSA-2025, referente a establecimientos de salud y partería.‍ ‍

También es un hecho que estas modificaciones han fracturado el consenso social y generado resistencia entre sectores civiles, juristas, organizaciones familiares e incluso colectivos feministas tradicionales, cuyos integrantes advierten un impacto profundo en la estructura jurídica, cultural y social del país.‍ ‍

Antes de continuar, debo hacer dos aclaraciones. Primera: me importa un pito meterme en este berenjenal. Segunda: no faltarán los tontos útiles que pretendan crucificarme por expresar libremente mis opiniones, valiéndose de los subterfugios acostumbrados y comenzando, ¡cómo no!, por la descalificación automática: «¡Transfóbico!», «¡Homofóbico!» y demás parafernalia retórica, empleada para evitar la discusión de fondo.‍ ‍

Nada de eso modifica el problema: esta serie de reformas constituye una sinrazón y un sinsentido monumentales, además de una afrenta para los ciudadanos que todavía no hemos reemplazado el juicio por un corazón de cristal. Ni modo. A darle.‍ ‍

En las burocracias incapaces de administrar la realidad, pero dotadas de ínfulas suficientes para corregirla, el lenguaje deja de ser un instrumento necesario para describir el mundo y se convierte en una herramienta de ingeniería social. Eso ocurre cuando las normas jurídicas comienzan a desplazar palabras como “mujer” o “madre” y las sustituyen —o las colocan en un proceso de progresiva irrelevancia— mediante expresiones como “persona gestante”, “persona menstruante” o “persona con capacidad de gestar”.‍ ‍

El cambio suele presentarse como una conquista de la inclusión; sin embargo, detrás de esa apariencia benévola se esconde una operación conceptualmente más profunda: la sustitución de una identidad humana, histórica y social por una función corporal administrada por el Estado. ¡Absurdo!‍ ‍

No se trata únicamente de ajustes terminológicos. Se trata de un auténtico proceso de desantropologización del lenguaje público. La inclusión es, dentro de límites razonables, un propósito legítimo; la desaparición lingüística de la mayoría no lo es; eso se parece demasiado a una ejecución simbólica.‍ ‍

La primera paradoja de esta reforma consiste en que, pretendiendo evitar la discriminación, termina borrando a la mujer, desnaturalizándola e invisibilizándola. Durante siglos, las mujeres lucharon para ser reconocidas como sujetos plenos de derechos y no como cuerpos destinados exclusivamente a la reproducción. Ahora, una curiosa vanguardia burocrática propone denominarlas precisamente por su función reproductiva: personas que gestan, cuerpos con capacidad de gestar, sujetos portadores de determinados órganos. ¡Ja, ja, ja, ja! El retroceso conceptual es evidente, y quien no quiera verlo así es un reverendo tonto o un profundo hipócrita.‍ ‍

La palabra “mujer”, por más malabares conceptuales que se intenten, nombra una realidad humana integral e insustituible. Comprende una dimensión biológica, pero también una historia, una experiencia social, una identidad cultural y una larga lucha por la igualdad; expresiones como “persona gestante”, en cambio, no describen al ser humano en su integridad: lo reducen a una función. Sería el equivalente lingüístico de mutilar la noción de “ciudadano” para dejarla en “persona contribuyente”; la de “enfermo”, para reducirla a “organismo medicable”; o la de “trabajador”, para convertirla en “unidad con capacidad productiva”. No. Engáñense cuanto quieran, pero esa clase de “evoluciones”, “reformas” o “transformaciones”, lejos de humanizar, cosifican al ser humano. Así es, digan lo que digan.‍ ‍

Por satisfacer las exigencias de una minoría ideológica estridente —a la que prefiero no calificar como merece su delirio conceptual, para evitar el consabido linchamiento mediático, como aquel al que sometieron a Pedrito Sola por decir lo que pensaba—, la mayoría debemos resignarnos a contemplar cómo se erosionan ideas, valores, principios y creencias fundamentales en la construcción de nuestra identidad; porque, para mí, pretender eliminar la palabra “madre” —y, por extensión, la palabra “mamá”— constituye un atentado cultural de proporciones monstruosas. La maternidad no se agota en el embarazo. Comprende vínculos afectivos, deberes jurídicos, responsabilidades de cuidado, memoria familiar y continuidad generacional. Una mujer no se convierte en madre únicamente porque su organismo desarrolla un proceso gestacional, sino porque entra en una relación profundamente personal, humana, histórica, jurídica y social que trasciende el hecho biológico; reducirla a “gestante” no enaltece esa experiencia: la mecaniza, la humilla y la degrada. La madre deja de ser una persona situada en una red de afectos, derechos y obligaciones para convertirse en la administradora provisional de un proceso fisiológico.‍ ‍

Extraña forma de progreso aquella que, para dignificar a una persona, comienza por despojarla del nombre correcto, adecuado y pertinente; desde luego, el orden jurídico puede —y debe— reconocer realidades personales y familiares diversas, además de establecer reglas destinadas a impedir la discriminación. Punto; pero de ahí a pretender ignorar una realidad evidente —histórica, biológica, social, cultural y jurídica— existe una distancia enorme. Negarla es una soberbia estupidez, un despropósito y una majadería burocrática.‍ ‍

La ley no debe ni puede sacrificar la claridad general para resolver situaciones particulares: la técnica legislativa inteligente añade, distingue y precisa; la mala, como ocurre con esta tendencia imbécil, borra, sustituye, confunde y, para colmo, denigra. Lo más asqueroso es que esta transformación no siempre proviene de auténticos órganos legislativos, sometidos al debate público y a la responsabilidad política, sino de aparatos administrativos y jurisdiccionales que introducen modificaciones conceptuales mediante normas técnicas, criterios, protocolos y resoluciones. En lugar de discutir abierta y democráticamente una transformación de semejante calado, la introducen por la puerta trasera del lenguaje administrativo. ¡Cobardes!‍ ‍

No toda diferencia de trato es discriminatoria ni toda distinción lingüística constituye violencia; quien sostenga lo contrario padece una confusión conceptual de campeonato; el derecho clasifica porque necesita distinguir, define supuestos, identifica sujetos, atribuye consecuencias y ordena realidades; sin distinciones, no existe el derecho: existe una sopa retórica servida por burócratas satisfechos de sí mismos. Una norma que se refiere a “mujeres embarazadas” no está necesariamente excluyendo a otras personas; está identificando al grupo que concentra, de manera abrumadora, la realidad biológica, estadística y sanitaria regulada; eso no impide que, cuando resulte necesario y jurídicamente pertinente, se incorporen disposiciones específicas para proteger a otras personas; lo que resulta inadmisible es pretender que la excepción, por respetable que sea, deba redefinir la totalidad del lenguaje y obligar a la mayoría a desaparecer dentro de una categoría artificial.‍ ‍

Termino: cuando el ciudadano deja de reconocer la realidad en las palabras de la ley, comienza a desconfiar de la ley misma; en un Estado como el nuestro, tan débil institucionalmente, la autoridad no se pierde únicamente cuando se actúa injustamente, también se pierde cuando se habla de manera incomprensible, afectada o deliberadamente artificiosa; una legislación escrita para satisfacer los códigos lingüísticos de círculos académicos, burocráticos o militantes, cualquiera que sea su naturaleza, termina alejándose de la sociedad a la que pretende gobernar. El gran problema no radica en que existan minorías ni en que reclamen protección especial (sus derechos deben ser garantizados con seriedad); el problema surge cuando esa protección se articula mediante la eliminación simbólica de categorías que continúan nombrando la experiencia de millones de personas.‍ ‍

Incluir no puede significar imponer a todos la obligación de desaparecer dentro de una abstracción; en mi caso, defender las palabras “mujer” y “madre” no implica negar derechos a nadie; implica rechazar la falsa disyuntiva según la cual sólo es posible proteger a unos borrando a otras; el derecho puede ampliar su vocabulario sin mutilarlo; puede reconocer casos particulares sin declarar obsoleta la experiencia humana mayoritaria; puede ser incluyente sin transformarse en un laboratorio de abstracción burocrática idiota; las civilizaciones comienzan a debilitarse cuando dejan de llamar a las cosas por su nombre, y una sociedad que ya no se atreve a decir “mujer” o “madre” está, definitivamente, enferma: no está ampliando ni transformando la realidad; está perdiendo las palabras con las que aprendió a comprenderla.‍ ‍

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ADIÓS AL MUNDIAL

Quien me lee con cierta asiduidad, sabe que he acertado en un porcentaje considerable con mis pronósticos futbolísticos (91.7% de acierto en los primeros lugares de los doce grupos; y además, acerté 21 de los 24 equipos que terminaron avanzando a la fase de eliminación directa); hubo fallos garrafales como Holanda y Alemania, pero, ¿quién nos lo iba a decir? Ya ni la tiznan.‍ ‍

Como sea, hablando de octavos, en la última entrega que hablé de futbol predije que jugarían: Canadá vs. Holanda, Alemania vs. Francia, Brasil vs. Noruega, Estados Unidos vs. Bélgica, Portugal vs. España, Suiza vs. Colombia, Australia vs. Argentina y México vs. Inglaterra; y que, tristemente, ahí sembrarían a México. Acerté 13 de 16 equipos y, además, que Inglaterra eliminaría a México; sólo me equivoqué al poner a Holanda, Alemania y Australia en lugar de Marruecos, Paraguay y Egipto.

La final va a ser épica: España le gana a Inglaterra, para vengar la afrenta de Trafalgar, y Francia a Argentina; sí, ya sé, hay gente —como mi compadre Jáuregui, el próximo presidente municipal de Chihuahua (que jura que nació en Buenos Aires y que los argentinos nacen donde les da su &$#@% gana… a ver si no tiene problema con la nacionalidad a la hora de rendir protesta)— que quiere que gane Argentina (ché boludos), pero temo que se van a quedar con las ganas.‍ ‍

Cambiando de tema, como ya me cansé de hablar de las internas del PAN rumbo a la alcaldía capitalina ya no voy a escribir sobre eso… de momento; ahora voy a ocuparme de mis personas favoritas en el Tribunal Superior de Justicia; no, no voy a hablar del güevón de Paco Acosta (él pertenece al Tribunal de Disciplina), sino de los magistrados.‍ ‍

Resulta —mi querida lectora, gentil lector—, que tanto estuvo a chille y chille que, por fin, el magistrado Yamil Athié se salió con la suya y se viene a Chihuahua; obviamente el Poder Judicial tiene que defender sus decisiones babosas y salieron con la payasada de que, por ese medio (ja ja ja), se “fortalece su modelo de segunda instancia mediante una Red Estatal de Magistraturas y Justicia Digital con el cambio de sede de las salas de Parral a Chihuahua”. La decisión, se dice, se hizo “con base en la necesidad operativa”. [1] ¿A quién fue a llorarle? Misterio. ¿Quién les dio permiso? Misterio. Lo único cierto —lo real, lo auténtico, la neta del planeta— es que es choro y una vil mentira para justificar un capricho idiota.‍ ‍

Idiota porque buena parte de esos mequetrefes no llegaron para cumplir con la Ley, llegaron a modificar todo lo que puedan para no despeinarse en el ejercicio de su función. ¿Necesidad operativa? Necesidad operativa mis… seguramente la administración de justicia en Chihuahua se iba a caer a pedazos si no llegaba el Caballero del desmoche, Bathié, al rescate. Agrega la nota que: “Los usuarios podrán presentar en ventanilla promociones, recursos, expresiones de agravios y demás trámites de segunda instancia, que serán digitalizados y enviados a la sala competente” —más trabajo para el Tribunal, incremento de gastos, etc., “¿y todo para qué?” (cantaría Intocable)—.‍ ‍

Lo que la nota no dice, es que ya están acondicionando espacios aquí en la capital; sería bueno saber cuánto le va a costar el erario el chistecito, porque entre el gasto adicional allá en Parral y las oficinas a todo tren que van a montar en la capital, ¿cuántos cientos de miles (… o millones) de pesos se van a gastar en enfriar esas calenturas geográficas?‍ ‍

Simulación, demagogia, arbitrariedad, posible desvío de poder, dispendio, privilegio, centralismo absurdo, opacidad e improvisación, son algunos de los calificativos aplicables a la maniobra.‍ ‍

No, sí, ni modo, ya le tocaba: ¿y el güevón de Paco Acosta?… bien, gracias.‍ ‍

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[1] [En línea] Visible en el sitio: https://puentelibre.mx/local/mueven-magistrados-parral-a-chihuahua-julio-2026/. Consultado el 14 de julio de 2026 a las 23.58 h.


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Carta abierta a Santiago de la Peña

Santiago:

Ahorrémonos las formalidades; ni yo te caigo bien ni tú a mí. Al punto, pues.

Te escribo porque es preciso que te exprese, con toda claridad, las razones que tengo para oponerme a tus actuales aspiraciones políticas.

Más allá de que careces de experiencia en campaña y eres una persona antipática —hagas lo que hagas, jamás vas a poderte despojar de ese aire de junior venido a más, “fifí”, diría un chairo (ambas afirmaciones son de índole subjetiva)—, existen razones de peso y objetivas para que ceses en tu afán de hacerte con la candidatura a la alcaldía, por lo menos bajo las siglas del PAN.

La primera, y la más importante, es que tú jamás vas a poder identificarte con el PAN; naciste y creciste en un entorno no sólo ajeno, sino opuesto a lo que el PAN es, a lo que el PAN significa; tus mayores, Santiago, son los mismos que justificaban sus desmanes y tropelías agregándole el adjetivo “patrióticos”. Traicionar la voluntad popular y pasarse la ley por el arco del triunfo, fue para ustedes, para ti y tus ascendientes, una especie de deporte nacional. No puedes, por más que lo intentes, entender al PAN porque desde que eras un junior chiquito —un juniorcito—, ver a los panistas por sobre el hombro fue lo tuyo; ya de mayor, de junior hecho y derecho, lo tuyo fue perseguirlos, reprimirlos y encarcelarlos; y ahora, senior ya, eres el puerco que eres porque no sabes otro modo de hacer campaña más que con marranadas; lo que nos lleva al segundo asunto.

Existe evidencia, Santiago, de que personal a tu cargo, Silvia Margarita Alvídrez, para empezar, en horario de oficina, acudió a espacios públicos para promover tu candidatura (la justicia la aguarda); existe evidencia periodística de que funcionarias del Poder Judicial fueron convocadas para asistir el sábado pasado a un desayuno organizado en favor tuyo; existe evidencia de que cientos de trabajadoras del gobierno del Estado fueron obligadas a asistir a ese mismo evento; existe evidencia de que —como en los mejores tiempos de tus mayores— se utilizaron camiones urbanos para acarrear personas (el identificado como “ESPECIAL” con número 2M-175), por ejemplo; existe evidencia de que subalternos tuyos, Héctor Barraza, por citar otro caso, citó precisamente para acarrearlas, a las 8:15 a.m. de ese mismo sábado, en la calle Río Almonte, número 834, de la colonia Vistas del Norte, a distintas personas, entre ellas: Lorena G., Vicky O., Anahí M., Yanet O., Valeria A., Yolanda P., Cristina L., Rocío Ch., entre otras —ahora, como consecuencia de tu proceder irresponsable, ellas van a tener que enfrentar procedimientos judiciales (porque no te quepa la menor duda de que voy a denunciar estos hechos, plenamente identificadas como están)—; también habré de denunciar el desempeño ilegal de la C. Fernanda Jazmín Martínez Quintero (otra que va a necesitar abogados); así como al responsable del vehículo tipo pick up, con placas de circulación DE6780B y número de serie 3C6SRBDT8NG414104, propiedad del gobierno del Estado (ese donde tú dizque trabajas), que fue captado mientras se empleaba para colocar publicidad a tu favor; existe evidencia de que has utilizado dinero del erario destinado a publicidad para financiar una campaña mediática en favor tuyo, promoviendo tu imagen. Y…, bueno, ¿para qué seguir?, el punto es que existe mucha evidencia, Santiago, de que tu campaña es una larga serie de abusos y corruptelas y está basada en la presión y el amedrentamiento, igualito que en 1986, cuando tu papá, desde Pensiones Civiles del Estado, ayudó a orquestar el “fraude patriótico” del que ya hemos platicado, extorsionando a empleados para obligarlos a votar en favor de tu partido de toda la vida (a eso volveremos después).

En tercer lugar, y esto sí es muy grave, no te engañes a ti mismo, Santiago: si debes recurrir a esa serie de medios ilícitos es porque no eres bien visto y lo sabes; si fueras un candidato natural, popular y carismático, no te verías en la necesidad de utilizar triquiñuelas y chanchullos; haces lo que haces, no sólo porque está en tu naturaleza —en tu ADN, como si dijéramos—, sino porque no tienes alternativa, para ti no hay de otra. Pues ese afán, Santiago, no puede terminar bien, porque el rastro de cochinadas que estás dejando no sólo resulta enorme, sino inocultable, y dejará a algunas personas sujetas a juicios, incluso penales, por los distintos tipos de responsabilidad en que están incurriendo.

En cuarto lugar, no sé si estás consciente del daño que le estás haciendo al gobierno del Estado y a tu jefa; yo no sé si ella, María Eugenia, está al tanto de tus excesos; quiero pensar que no; ella mejor que nadie sabe qué ocurre cuando desde el poder se pretende imponer a un sucesor o a un candidato; ella sabe, porque lo experimentó en carne propia, lo difícil que es sobreponerse a un yerro de tamaña naturaleza; ahí está el animal de Javier Corral, para dar fe de esos hechos.

Finalmente, lo que sigue no constituye una quinta razón para que desistas: estos tres párrafos contienen una aclaración, una pregunta y un reto; la aclaración es que no te confundas, Santiago, esta, la mía, no es guerra sucia. Guerra sucia la tuya, los analistas y comentaristas pagados, las veladas campañas de desprestigio, el batidero en que has convertido la contienda interna en el PAN (aunque lo niegues, hipócrita); lo mío es un enfrentamiento personal, a cara descubierta y con nombre y apellido frente a quien considero, con sobrada razón, que es la peor desgracia que le puede ocurrir al PAN en Chihuahua.

La pregunta es la siguiente: si bien no te cansas de repetir a diestra y siniestra que ya no eres priista, nunca has explicado los motivos. ¿Por qué? ¿Por qué ya no eres priista? ¿Te corrieron? ¿Te saliste? Si te corrieron, ¿por qué te corrieron? Si te saliste, ¿por qué te saliste? ¿Por asco? ¿Por miedo? ¿Qué te hizo abandonar a tu partido de toda la vida? ¿O solamente hiciste como las ratas y saltaste del barco antes del naufragio?

El reto es el siguiente: en el escenario que gustes, con el público que gustes, el día que gustes, a la hora que gustes, con el moderador que gustes —incluso yo, con una mano amarrada a la espalda, sin computadora, pluma ni tarjetitas—, te invito a debatir sobre el PAN y sobre el PRI: su historia, su doctrina, sus raíces, sus principios. Tienes mi número; llámame para ponernos de acuerdo.

Sin más y hasta la próxima, porque con toda seguridad habrá otra, quedo a tus órdenes. Por cierto, te hago responsable de cualquier daño a mi persona o familia; aunque en el mundo del hampa, tú eres un boy scout, tienes gente muy, muy, muy cercana, de muy mala fama y peores mañas. Ya pórtate bien.

Luis Villegas Montes.

 

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MUERTO DE HAMBRE

De nueva cuenta, el sicario famélico “escribió” su columna; la diferencia es que, ahora sí, mostró poquitos más pantalones, aunque no menos yerros gramaticales —continúa puntuando después de signos y se traga los acentos (ha de ser el hambre)—; otra vez, su extensión me impide reproducirla, pero aquí el link para quien desee leerla: https://lavisiondechihuahua.com/120449-2/ El mote no es enteramente gratuito; en el lenguaje penal se conoce como “robo famélico”; el concepto se aplica a los casos en los que una persona sustrae alimentos u objetos de primera necesidad impulsada por una situación de hambre extrema. Es obvio que el dizque columnista, por tragar, es capaz de redactar cualquier infundio.

Prueba de lo anterior, de su hambre intacta, es que el pobre infeliz ya ve visiones; escribe: “en los próximos días conoceremos la definición del PAN a candidato para la Presidencia Municipal de Chihuahua. Todo hace suponer que será Santiago de la Peña, el eficiente y discreto secretario general de gobierno”.[1] ¿Discreto? Como dirían los lepes: “¡Perdóoooon!”. Nuestro Oliver Twist local debe estar ciego de inanición.

Detallar en forma exhaustiva la cantidad de publicidad pagada que se encuentra en la página de Santehago de la Pena Ajena (https://www.facebook.com/profile.php?id=61571223135834&sk=reels_tab) resulta prácticamente imposible; tantas fotografías y reels hay; de hecho, a la fecha en que escribo estas líneas, la cuenta acumulaba 245 reels y, obviamente, todo lo que implica producir cada uno: filmación, edición, digitalización, musicalización, difusión, etc.; por no hablar de las decenas de elementos propagandísticos que, literalmente, tapizan la ciudad; de norte a sur, de este a oeste, por aire (espectaculares), por tierra (camiones y bardas), nomás le falta que a su coordinador de campaña se le ocurra echar lanchas en la presa y en los charcos que dejan las lluvias.

Eso sin contar cómo, sin pudor alguno, ha colado a funcionarios públicos a hacer campaña en su nombre. El 25 de junio de 2026, a las 14 horas con 27 minutos, la directora general del Registro Civil, la C. Silvia Margarita Alvídrez Valles, estuvo en el programa del C. Juan Enrique López —visible en el sitio: https://www.facebook.com/JuanEnriqueLopezAguirrenolecambie/videos/2108613770029689 (minuto 00:25)—, lo que constituye una clara violación a la legislación electoral; si hubiera justicia en este Mundo, mi querida amiga Margarita debería estar en la cárcel, por gandalla. ¿O qué decir de la C. Fernanda Jazmín Martínez Quintero, la flamante directora general del Instituto Chihuahuense de la Juventud y colega de Chago de la Pena? ¡Pobre niña! No sabe en lo que la metieron; ahora, a contratar abogado o a exigir que le paguen uno.

Ciego de extenuación debe estar el pobre Lazarillo, aprendiz de escribidor, que no vio los cientos de panistas que acompañaron a César Jáuregui en el festejo de su onomástico ni vio tampoco a las miles de mujeres que asistieron a un desayuno organizado el pasado 4 de julio.

Tan ciego, que tiene el atrevimiento de afirmar de Rafa Loera lo que afirma. Yo no lo sé; de él no me consta nada. De quien sí me consta que ha exhibido de fea manera su vulgar ambición, ha hecho de la secretaría a su cargo una instancia de promoción personal y de su precampaña un compendio de mezquindades, es de Santehago de la Pena. Después de reponerse comiendo sus Whiskas, invito al conato de articulista a que se meta a la página de Santehago y vea cómo gasta a manos llenas dinero del erario en una ilegal campaña de promoción de imagen personalizada (vea este TikTok[2]); cómo se harta de dinero público despilfarrando millones en una campaña mediática multinivel que mezcla recursos públicos y privados, con la excusa de ser una campaña “institucional” que, no se sabe cómo, cuándo o por qué, se vuelve una difusión masiva de su imagen, sin saberse quién o cómo paga la producción de videos, fotografías, reuniones, spots, etc.

Ciego de desnutrición debe estar (no tome usted en cuenta la panza de marrano que se carga: debe ser kwashiorkor), para afirmar que César Jáuregui tiene un problema y que el PAN jamás postulará en la joya de su corona a un candidato “que arrastra expedientes en la FGR y, como dicen algunos, si no tiene carpetas abiertas, en tres segundos le arman una”. Primero, ¿cuál carpeta? ¿Qué sabes, perro del mal? Segundo: ¿a quién, en este país, no se le puede armar un expediente en tres segundos? ¿Habrá leído algo sobre las cabañas en Creel or aboutthe awkward brother? La precaria situación jurídica la tiene todo México con la Corte del Bienestar; que no sude calenturas ajenas.

En otro orden de ideas —el hambre no sólo le perjudicó la vista: le destrozó la memoria—, ni María Eugenia metió a Jáuregui ni lo puso primero. Él, respetuoso, pidió permiso y se lo concedieron; por méritos, trayectoria, experiencia y talento, era, es y será el mejor candidato posible para ser presidente municipal de Chihuahua; no lo ha inhabilitado nada ni nadie, y si el escritorzuelo se ríe ha de ser de puros nervios; escribe: “llegando a la incredulidad de risa cuando declaró [Jáuregui] que los agentes muertos iban de ride. Procesen esa”; le recuerdo que la Secretaría de Relaciones Exteriores, mediante su Subsecretaría para América del Norte, clasificó y reservó por cinco años la respuesta de Estados Unidos a la nota diplomática sobre la presencia de agentes de la CIA en Chihuahua.[3] De modo que quien pretenda convertir una carcajada en prueba concluyente vende humo. La reserva no absuelve a nadie, pero tampoco autoriza a inventar ficciones. Cómeteésta, perra flaca.

Respecto de la afirmación de que tiene “dificultad para entender sus objetivos reales”, ya lo expliqué, es el hambre que lo trae loco.

Respecto de los acompañantes de Jáuregui, pedirle que denuncie lo que malinforma es un desperdicio (posiblemente lo primero que se comió fueron sus huevos); pero como alude a “un exmagistrado loquito al que le falta un tornillo”, me da la ligera impresión de que se refiere al suscrito y pues no es cosa de dejar de responder el cariñito: sí, tocayo, ciertamente soy exmagistrado y estoy loco (mi propio compadre Jáuregui lo afirma… y en mi cara), pero a mí, lo que me tiene aquí es la convicción, no la necesidad de un plato de croquetas, como a ti, que escribes a lo baboso sobre lo que no sabes ni entiendes: Santehago de la Pena Ajena es el peor candidato para la capital por tres razones muy simples y evidentes: 1.ª nació en el privilegio; 2.ª su entorno de vida estaba, está y estará en contra de los principios y valores postulados por el PAN, y 3.ª va a quitarle votos al candidato a la gubernatura (Marco Bonilla), quien debe llegar a la elección sin un PAN dividido. Todo eso le impide a Santehago procesar la información relativa al PAN y a los panistas, conocerlos, entenderlos, comprenderlos y liderearlos. Aunque quisiera —y no  quiere—, no puede, no tiene con qué: ni cerebro, ni corazón, ni entrañas para hacer del PAN algo suyo, propio. Una causa vívida, deseable, por la qué luchar. Él sólo conoce lo que mamó en la cuna: el privilegio y el chanchullo.

Termino: no, César no “debe recapacitar antes de que sea demasiado tarde”, la que debe recapacitar es la persona responsable de que Santehago esté contendiendo; la que le dijo que podía; la que le permite presumir, a él, a diestra y siniestra, que es “el bueno” porque se la deben, porque de niños compartieron casa, vestido y sustento; la que permite que haga campaña desde la secretaría violando toda la legislación electoral habida y por haber; o sea, la que está dispuesta a arriesgarlo todo por un capricho personalísimo.

Por cierto, tocayo, cuando quieras te invito a una comida, el césped de la casa está muy crecido. Saludos.

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[1] Énfasis añadido.

[2]https://www.tiktok.com/@marthaserrano06/video/7658221016048487701?_r=1&_t=ZS-97p16oAunuT&fbclid=IwY2xjawS5UWRleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeW0Qn1L9i-eAx-42izYYgpYaQHKo7YR9LWdVvJ63HW3lOr-iqsU6Yhjflmb8_aem_P4FCxTPHC3GYVLrzHk6vHw

[3] Nota de Diana Benítez titulada: “EU responde a México por incursión de agentes de la CIA en Chihuahua: 4T reserva información por 5 años”, publicada el 24 de junio de 2026, por el periódico El Financiero.

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HIJO DE TIGRE… PINTITO O 40 AÑOS NO SON NADA

La guerra sucia orquestada por el candidato oficial, Santiago de la Peña Grajeda (o Santehago de la Pena Ajena), resulta intolerable; fiel a su estilo, a su estirpe, a su genealogía, a su linaje, a su casta, a su apellido (diría Adela Micha), mete a su campaña y avienta al ruedo a subalternos o a personas que, como él, trabajan en el gobierno del Estado. Ahí están el caso de Margarita Alvídrez quien, desde el Registro Civil, en horario de oficina, acude a reconocidos programas a hacer abierto, e ilegal, proselitismo en beneficio de su jefecito chulo; o a una niña —quien con toda seguridad no tiene la menor idea de qué sucedía en Chihuahua durante el Verano Caliente de 1986—, Fernanda Martínez, directora del Instituto Chihuahuense de la Juventud (ICHIJUV), que también echó su cuaco a retozar.‍ ‍

Increíblemente, vemos al gobierno del Estado actuando como el PRI de hace exactamente 40 años; en aquel entonces, ocurrían eventos que —ingenuamente— creíamos ya superados, pero no; aquí y ahora, justos 40 años después, el apaño, el fraude y el abuso electorales tienen como protagonista al mismo gobierno estatal, aunque ahora pintado de otro color, el que se da vuelo cooptando, presionando o amenazando burócratas, para que se carguen en favor del citado candidato oficial, Santehago de la Pena Ajena.‍ ‍

Si usted es menor de 60 años con seguridad no lo recuerda; resumir aquí los acontecimientos ocurridos por aquellas fechas resulta arduo y contrario al propósito de estos párrafos; baste recordar, entre otros, el fraude electoral perpetrado en la capital (a la que aspira Santehago) en el VII Distrito Electoral. El proceso era muy distinto entonces; en la elección de diputados federales, la Cámara de Diputados se erigía en Colegio Electoral y era la encargada de revisar las impugnaciones. En el Diario de Debates de ese año, consta el debate suscitado en el seno de la Segunda Comisión Dictaminadora con motivo de esa elección. Entre los candidatos  con el mayor número de votos, se hallaban el C. Guillermo Luján Peña y el C. Doroteo Zapata García, quien había obtenido la constancia de mayoría; inconforme, el PAN impugnó y en el interesantísimo debate que se suscitó se encuentra la intervención del primero: quien, entre otras, hizo las siguientes manifestaciones:‍ ‍

“[…] una de estas personas que impugnó la casilla número 10, el licenciado Santiago de la Peña Romo, actual director general de Pensiones Civiles del gobierno del estado de Chihuahua, había sido representante de su partido el PRI el día de la elección en esa casilla. Y durante todo ese día de las elecciones, no dijo absolutamente nada. La acta, en su renglón correspondiente en donde se deben de anotar los incidentes, no dice absolutamente nada. Y la firmó también. Pero dos o tres días después, viendo el resultado, decide ir ante notario y decir que vio a jovencitos vestidos de azul y blanco, con un gáfete (sic) rosa mexicano —a la mejor eran del PPS—, que invitaban a las gentes que se encontraban en las filas de votantes a que votaran por el Partido Acción Nacional […] Estas ocho casillas, que no fueron computadas, nos favorecían en un resultado neto por 2 mil 966 votos. Además de esto, que fue lo que sometimos en nuestro recurso de queja que ustedes acaban de oír que fue presentado en tiempo y en forma, decíamos que se habían falsificado 21 casillas, entre las que lo que nos restaban y le sumaban al PRI, le deban una ayudadita al partido oficial de 7 mil 265 votos”.[1]‍ ‍

Empero, la anécdota no concluye ahí. En un libro que recopila testimonios de los protagonistas de aquellos ayeres, el prófugo corralista Arturo Fuentes Vélez recoge el testimonio de una destacada panista chihuahuense (y gran amiga de quien esto escribe), Carmelita Aguirre de Alzaga —quien participó de manera activa en las campañas y en las acciones de resistencia civil—: ‍ ‍

“Ahí estaba el hotel. Enfrente, ahí encerraron los paquetes electorales. Y ahí estaban los sol dados. Entonces nosotros hicimos un equipo y ahí nos quedamos. Y estábamos un día en la noche, ahí en la banqueta, en la orilla de la banqueta, y pasó el licenciado Santiago de la Peña, y por poco nos arrolla. Pasó con intención de asustarnos, pero si no corremos y nos subimos la banqueta […]”.[2]‍ ‍

Pues 40 años después —insisto—, panistas ignorantes o convenientemente olvidadizos, han decidido apoyar a un hombre que lleva en su sangre el signo de la represión y el abuso. Porque no es cosa de olvidar lo que escribía el mismo Santehago de la Pena Ajena en sus redes sociales no hace tanto tiempo.‍ ‍

No transcribo literalmente sus textos porque escribe tan mal que duelen los ojos, pero aquí algunas de esas publicaciones (cuyas imágenes las puede revisar en mi blog en la liga que anexo: https://www.luisvillegasmontes.com/dia-del-juicio/hijo-de-tigre-pintito-o-40-aos-no-son-nada: irresponsable actitud de la dirigencia nacional del PAN, coqueteando con el PEJE;[3] ya olvidaron que el patriotismo del PRI permitió la protesta de FCH; hoy conoceremos el resultado del “teatrito” que se montó el PAN. Calderón no corrió riesgos, va con 2 candidatos;[4]frustración de sus dirigentes, lleva al PAN a traicionar a nuestra democracia, siendo cómplices de la obsesión del PEJE;[5] denuncia PAN intimidaciones del narco a sus candidatos en Michoacán, qué raro “sólo pasa donde pierden”;[6] mucha especulación en torno a quién será candidato en la Capital... lo único seguro es que “TODOS iremos UNIDOS en torno al candidato del PRI”;[7] dice el vocero del PAN que el vacío en evento de Josefina Vázquez fue error de coordinación… ¿pues no dijo ella que estaba lleno? “#mentiraspiadosas”;[8]#YaseSupo Cordero gastó dinero de la bancada del PAN en joyas, ron y chicles”;[9] de acuerdo, no hay que olvidar la historia, pero, “¿no ver que al PAN lo que más le pesa son sus años como gobierno? #ladocenatragica”;[10] ¿cómo habla el PAN de incumplimiento, “si sus gobiernos han fallado en su compromiso + importante: cumplir la constitución”;[11] y esta joya: “si tienen vergüenza (lo cual dudo), que el PAN aclare el origen del “pesoducto” (sic) con que alimentan la fallida campaña de Josefina #JVMcadaVezPeor”;[12] y así nos podríamos seguir, pero, repito, duelen los ojos de lo mal que escribe el pobrecillo.‍

¿O cómo olvidar su veta sádica, cuando perseguía, detenía y reprimía panistas con esa ferocidad que deja traslucir en su redes? Dice una nota no tan vieja: “La Comisión Estatal de Derechos Humanos emitió diversas recomendaciones contra autoridades del municipio de Chihuahua para que se apliquen las sanciones administrativas y se haga la reparación del daño cometido en contra de siete panistas que el año pasado fueron detenidos por la Policía Municipal cuando ejercían su derecho a manifestarse […] Las acciones administrativas ‘deberán aplicarse al Secretario del Ayuntamiento Santiago de la Peña y al director de Seguridad Pública Municipal Horacio Salcido, no a los agentes que realizaron la detención, debido a que ellos recibieron la orden de parte de los funcionarios de primer nivel’ dijo el líder del PAN Municipal en rueda de prensa celebrada el día de hoy”.[13]

40 años más tarde, la chamba que realizaba el licenciado Santiago de le Peña Romo, desde Pensiones Civiles del Estado, la de reprimir burócratas para que votaran a favor de su partido, la repite ahora su vástago, Santehago de la Pena Ajena, en beneficio propio. ¿Ya ve? Hijo de tigre… pintito. ‍

O como dice el encabezado de este artículo —que nos recuerda el tango gardeliano, Volver—, tal parece que, si 20 años no son nada, 40 menos. Qué poca m…‍ ‍

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Luis Villegas Montes.

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[1] Visible en el sitio: https://cronica.diputados.gob.mx/Debates/53/1er/Ord/19850823.html Consultado el 30 de junio de 2026, a las 21.00 h. Énfasis añadido.

[2] FUENTES VÉLEZ, Arturo. Chihuahua 86. De viva voz, Partido Acción Nacional, Fundación Rafael Preciado Hernández, México, 2016, p. 245. Énfasis añadido.

[3] Énfasis añadido.

[4] Énfasis añadido.

[5] Énfasis añadido.

[6] Énfasis añadido.

[7] Énfasis añadido.

[8] Énfasis añadido.

[9] Énfasis añadido.

[10] Énfasis añadido.

[11] Énfasis añadido.

[12] Énfasis añadido.

[13] Artículo titulado: “Javier Garfio recibe recomendación de Derechos Humanos”, publicado el 13 de septiembre de 2016. [En línea] Visible en el sitio https://www.elagora.com.mx/Javier-Garfio-recibe-recomendacion,44063.html Consultado el 30 de junio de 2026, a las 21.10 h. Énfasis añadido.

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SE IMPONE HABLAR DE FUT OTRA VEZ O CUANDO EL PEDIGRÍ NO ALCANZA

Ni modo, por como están las cosas, a la necesaria seguidilla de que por sobrado Sanmehago no podrá ser presidente municipal —¡y ni siquiera candidato!— por el PAN, se impone hablar de fut.

Empiezo por casa: Mexicou (dirían Trump y el mamón de Santiago de la Peña —que anda con la gringada esa de SantiaGo!—); México hizo, la noche del miércoles, la hombrada que estaba obligado a hacer: ganar; y ganó con autoridad: 3-0 sobre la República Checa, lo que le dio el primer lugar de su grupo y, de paso, nos regaló una de esas noches inolvidables en las que hasta el más escéptico se permite ilusionarse un poquito. Si le digo que no se me aflojaron los entretelones del alma o que no se me mojaron los ojitos, le estaría mintiendo.

No sé si alcance para el quinto partido, el sexto o algo todavía más grande; eso ya lo veremos; lo cierto es que, hasta hoy, la Selección ha cumplido; y eso, créame, ya es bastante; y si me debo tragar mis palabras, me las trago hasta con un güisquito de marca y unos totopos, con tal de ver a mi Selección alzar la copa… pero no nos apresuremos. No maméis, no santiagueéis.

Empero, vayamos a otro asunto: tomemos lo escrito por mí el pasado 11 del actual; no se trató de un simple ejercicio de pronóstico futbolero, no señor; es una auténtica epifanía balompédica; mientras sesudos comentaristas televisivos se deshacían en estadísticas, probabilidades y modelos predictivos, y los matemáticos de Oxford sacaban humo haciendo algoritmos para descifrar el Mundial, quien esto escribe, humildemente, se encerró en su habitación, destapó una cerveza bien helada, abrió una bolsa de papitas y dictó, otra vez, sentencia. Nada de computadora ni inteligencia artificial, puro colmillo.

¿El resultado? Apenas un insignificante 91.7% de acierto en los primeros lugares de los doce grupos; además, acerté 21 de los 24 equipos que terminaron avanzando a la fase de eliminación directa, o sea, un 87.5 % de efectividad en un torneo cuyo formato nuevo volvió locos a analistas, apostadores y comentaristas. En resumen: seis grupos completos quedaron exactamente como los predije y, en otros cinco, sólo se me movió una pieza del rompecabezas. El fútbol tiene esas insolencias.

Brasil avanzó, aunque el empate frente a Marruecos le quitó bastante almidón a la camiseta; Alemania había sido, para mi gusto, la selección que mejor fútbol había mostrado hasta su derrota con Ecuador (ya ni la friegan); aunque Francia y Argentina hayan respondido conforme al libreto.

Se cuecen aparte: Portugal, Inglaterra y Estados Unidos, aunque avanzaron, no lo hicieron del mejor modo. Ahora bien, si algo me está divirtiendo de este Mundial es ver que los “machuchones” —esos mentecatos que se paseaban por la cancha muy orondos, seguros de que los indebidos apoyos de padrinos y bienhechores bastaban para ganar—, van a tener que batallar: sí, llegaron; pero llegaron gracias a su pedigrí, a su pelaje de lujo, a sus impecables credenciales (acta de nacimiento); empero, una cosa es llegar y otra muy distinta es ganar o pretender apabullar.

¿Ejemplos? Sobran: Holanda dejó dudas desde el principio con aquel empate frente a Japón; Bélgica no convenció (no fue tan belga); España abrió el torneo dejando puntos donde nadie imaginaba; Uruguay tampoco pudo con el empuje de Cabo Verde y varios de los candidatos han descubierto que aquello de calificar chiflando pasó a mejor vida.

En tanto, los supuestos patiños parecen haberse puesto de acuerdo en echar a perder quinielas. Marruecos ya dejó de ser sorpresa, empieza a convertirse en costumbre; Corea del Sur volvió a demostrar que el exceso de confianza se paga caro, dejando el camino libre para que Sudáfrica les diera para sus chicles y los desplazara por completo del anhelado segundo lugar del grupo, y Bosnia le complicó seriamente la existencia a Canadá.

Pues bien, al escribir este párrafo —querida lectora, gentil lector— le estoy informando tácitamente quiénes van a pasar a la siguiente ronda de 8vos. de final; y quiénes van a llegar a su quinto partido: Canadá vs. Holanda, Alemania vs. Francia, Brasil vs. Noruega, Estados Unidos vs. Bélgica, Portugal vs. España, Suiza vs. Colombia, Australia vs. Argentina y México vs. Inglaterra; tristemente, ahí siembran a México.

Ésa, para mí, ha sido la verdadera noticia de esta primera fase: los fuertes siguen siendo fuertes, sí, pero no todos, y ya no tanto; los débiles siguen siendo débiles, también, pero bastante menos; antes bastaba el escudo bordado en la camiseta para empezar ganando el partido desde el túnel, ahora ya no. Hoy por hoy, hay que correr la cancha, meterle ganas, sufrir y jugar; los nombres siguen pesando, pero pesan bastante menos que hace unos años.

Para ilustrar el tema (las personas que me conocen saben que soy intensito y monotemático) y emplear un ejemplo local idóneo en este punto, tenemos que el abanderado de palacio —el mero, mero petatero, el todas mías, el “ábranse, que llevo bala”, el non plus ultra de los secretarios de Estado, el guapo (¡ajá!), carismático (¡ajá!), inteligente (ja, ja, ja), simpático (¡ajá!), gallardo (¡ajá!), neopanista (JA, JA, JA), alto (¡ajá!), bien dado (¡ajá!), muy ancho de espaldas (¡ajá!) y rostro malencachado (¡eso sí!)— Santi, Chago, mi hermano putativo, Santiago de la Peña Grajeda, está como esas selecciones de muchos cohetes, muchas luces, mucho dinero, muchos apoyos, pero van a quedar más sembradas que una cebolla; esos equipos que llegaron creyendo que el uniforme bastaba para levantar la Copa y naranjas dulces, limón partido. Y eso es porque, del PAN, el pobrecillo sólo sabe que, a veces, lleva mantequilla… para que resbale.

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SERÍA BUENO QUE EL PAN NO SE ENGAÑE O LA REALIDAD DEL ESPEJO

Me queda clara la pertinencia y validez del acuerdo por el cual el PAN decidió darle la bienvenida a eventuales candidatos externos; jurídicamente es posible y políticamente podría resultar oportuno; sin embargo, este acuerdo no hay que interpretarlo a lo tonto; es decir, esto podría considerarse factible donde el PAN no tiene candidatos propios viables.‍ ‍

De acuerdo con los Estatutos Generales y el Reglamento de Selección de Candidaturas a Cargos de Elección Popular, el PAN tiene distintos métodos para elegir candidatos; cuenta con tres mecanismos principales, y la decisión sobre cuál aplicar corresponde, por lo general, a la Comisión Permanente del Consejo Nacional:‍ ‍

1. Votación de la militancia: éste es el método tradicional; los militantes del PAN votan directamente para elegir al candidato.‍ ‍

2. Elección abierta: aquí pueden participar ciudadanos en general, no sólo militantes.La Comisión Permanente Nacional puede autorizar este método cuando, por ejemplo: lo solicite un Consejo Estatal, una Comisión Permanente Estatal, la mayoría de los comités directivos municipales, según el tipo de elección, o se actualicen otros supuestos previstos en el Reglamento. ‍ ‍

3. Designación: consiste en que el candidato no surge de una elección interna, sino de un acuerdo de la Comisión Permanente Nacional, en los casos previstos por los Estatutos y el Reglamento.Entre esos supuestos están, por ejemplo: cuando un proceso interno es declarado nulo o en diversos casos excepcionales relacionados con la estrategia electoral, coaliciones o circunstancias previstas por la normativa interna.‍ ‍

Al examinar los Estatutos y su marco normativo de selección queda claro que el PAN establece una separación tajante entre un método de origen ordinario y los métodos extraordinarios o excepcionales. El método ordinario es el de la votación de la militancia; la normativa interna define que el canal regular y natural del partido para postular candidatos es dicha contienda. El artículo 92, numeral 1, establece que los militantes del Partido elegirán a los candidatos a cargos de elección popular, salvo las excepciones y las modalidades previstas en los propios Estatutos; es decir, los otros dos métodos son excepcionales y están sujetos a modalidades.‍ ‍

Esta noción se refuerza por el mismo artículo, numeral 2, que señala: “Cuando se cumplan las condiciones establecidas en este Estatuto, y con la mayor anticipación posible, podrán implementarse como métodos alternos al de votación por militantes, la designación o la elección abierta de ciudadanos”;[1] es decir, se emplea el verbo “podrán”, lo que significa que no es vinculante esa posibilidad; además lo condiciona a que “se cumplan las condiciones establecidas” en los Estatutos; y por último, expresamente habla de “métodos alternos al de votación por militantes”.‍ ‍

Empero, si todavía existieran dudas, está el artículo 11, numeral 1, inciso c), de los propios Estatutos, que consagra como un derecho fundamental de la militancia el “votar y participar en las elecciones y decisiones del Partido”;[2] lo que convierte la contienda interna en la base institucional natural de sus procesos.‍ ‍

En ese orden de ideas, la elección abierta no es, ni puede ser, una decisión en automático, sino una modalidad condicionada; y para proceder se requiere una solicitud aprobada por mayoría o dos terceras partes (según el cargo) de las comisiones permanentes estatales o de la mayoría de los comités directivos municipales, sujeta a la validación final de la Comisión Permanente Nacional.‍ ‍

De la designación directa mejor ni hablamos; el artículo 102 de los Estatutos constituye la piedra angular para comprender la naturaleza jurídica de la designación de candidaturas. De su lectura sistemática se desprende que no se trata de un mecanismo ordinario de selección, sino de un procedimiento excepcional, cuya procedencia se encuentra estrictamente condicionada a los supuestos expresamente previstos por la propia norma: i) para cumplir las reglas de paridad de género u otras acciones afirmativas; ii) por negativa o cancelación del registro acordada por la autoridad electoral; iii) por la actualización de una causa de inelegibilidad sobrevenida; iv) por fallecimiento, inhabilitación, incapacidad, renuncia o cualquier otro supuesto de falta absoluta del candidato; v) por la declaración de nulidad del proceso interno; o vi) por cualquier otra causa imprevista que impida al Partido registrar una candidatura.‍ ‍

Ahora bien, existen diversos criterios jurisprudenciales, del que destaca la tesis jurisprudencial 29/2002[3] y que, en lo medular, sostiene: “Interpretar en forma restrictiva los derechos subjetivos públicos fundamentales de asociación en materia política y de afiliación política electoral consagrados constitucionalmente, implicaría desconocer los valores tutelados por las normas constitucionales que los consagran, así cabe hacer una interpretación con un criterio extensivo, toda vez que no se trata de una excepción o de un privilegio, sino de derechos fundamentales consagrados constitucionalmente, los cuales deben ser ampliados, no restringidos ni mucho menos suprimidos. En efecto, los derechos fundamentales de carácter político-electoral consagrados constitucionalmente, como los derechos de votar […] Lo anterior, en virtud de que las reglas interpretativas que rigen la determinación del sentido y alcances jurídicos de una norma no permiten que se restrinja o haga nugatorio el ejercicio de un derecho fundamental, como lo son los de asociación política y de afiliación político-electoral […]”.[4]‍ ‍

En síntesis, en el PAN, la elección por la militancia es la regla, las alternativas son excepciones, la cúpula no tiene libre albedrío y, por ende, el dedazo es extraordinario. En ese tenor, sería bueno que el PAN, sobre todo el de Chihuahua, no se engañe; no puede tomar decisiones a lo tarugo porque lo que más sobra en Chihuahua, lo que más tiene Chihuahua capital, es candidato… y por cierto, se llama César Jáuregui.‍ ‍

Así las cosas —como Chabelo le cantaba a Supermán—: Adiós supersecretario, bye bye, bye, bye… a chtm.‍ ‍

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[1] Énfasis añadido.

[2] Énfasis añadido.

[3] De rubro: “DERECHOS FUNDAMENTALES DE CARÁCTER POLÍTICO-ELECTORAL. SU INTERPRETACIÓN Y CORRELATIVA APLICACIÓN NO DEBE SER RESTRICTIVA”.

[4] Énfasis añadido.

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ARENA POLÍTICA Y LAS HERIDAS DEL CAN, DIGO, DEL PAN

Tengo por costumbre, al ocuparme de una columna ajena, transcribirla; ello, por respeto a mis treintaidós lectores, para evitarles ese ir de Herodes a Pilatos y perderse en una maraña. No lo haré esta vez porque se comería la mitad de mi escrito. Lo que haré será señalar la liga y reflexionar sobre ese bodrio —que, más que “bodrio”, debería ser llamado “bolo”[1] porque no es más que una regurgitación (lo que escribe su autor lo dicta el hambre)— visible en el sitio: https://lavisiondechihuahua.com/118883-2/ Comencemos:‍

No me puedo tomar en serio un escrito cuyo núcleo es la retórica del lacayo y que, para lo único que sirve, es para demostrar la brutal ignorancia técnica de su autor, puntuación deficiente: demuestra su incompetencia al escribir con punto después de un signo de interrogación; sintaxis rota: separa de forma absurda oraciones condicionales que dependen de la idea anterior; errores de primaria: escribe “por que” separado cuando se trata de una conjunción causal; ortografía descuidada: ignora que los prefijos van soldados a la palabra, como en “exfiscal” o que los nombres propios (Chihuahua) se escriben con mayúscula inicial; y así podría seguir, pero, insisto, la crítica puntual se comería el artículo. Dejemos la gramática. Lo verdaderamente preocupante no es lo mal que escribe el autor, lo verdaderamente digno de destacar es que Santiago de la Peña es un auténtico riesgo para el PAN, uno que no se puede correr.‍ ‍

Como remate a un párrafo, escribe el autor de la nota en alusión a César Jáuregui: “[…] por favor, es un político profesional y en esa condición sabe que jugarla por fuera del partido y contra la voluntad de la gobernadora, es inaceptable”; ¿fuera del Partido? El único fuera del partido aquí se llama Santiago de la Peña; recuerdo —resulta oportuno— cuando los panistas estábamos peleando contra el PRI, el que perseguía, encarcelaba y reprimía panistas era Santiago de la Peña y no otro.‍ ‍

La trayectoria política de Santiago revela una relación predominantemente instrumental con el poder. Escribe el columnista, en relación a Mario Vázquez y a César Jáuregui, que a ambos “sugieren que las decisiones de Maru contribuyen a la desunión del PAN. ¿Es en serio?. (sic) ¿Cuándo dejó de ser ‘la jefa’, como la llamaban siempre?. (sic) ¿Ni por asomo se les ocurre pensar que (sic) son ustedes los que alientan la desunión?. (sic) ¿Maru es desleal y mal agradecida, ustedes leales y agradecidos?. (sic) Miren que bonitos, cuando me conviene sí, cuando no ni madre”; es preciso aclarar una cosa: no señor, no son ni Vázquez ni Jáuregui quienes contribuyen a la desunión; a ésta contribuye todo aquél que quiera impulsar la candidatura de Santi; somos muchos, miles, los panistas que no vamos a tolerar ni a consentir que un priista, un remedo de político y un junior cualquiera se haga con esa candidatura; muchos los que no vamos a consentir que el PAN destruya al PAN con una imposición desde la cúpula; y muchos los que no nos vamos a conformar con que un delincuente electoral, persecutor de panistas, se alce con una candidatura que no merece ni honra.‍ ‍

¿Delincuente electoral? Que cada quien saque sus conclusiones. Lo cierto es que lleva meses desplegando una campaña que cualquiera puede ver: espectaculares, bardas, reuniones, promoción sistemática de su imagen y presencia permanente en actos de claro contenido político, todo ello mientras ocupa una Secretaría de Estado. Después pretende que esos actos no son campaña. Negar lo evidente no convierte lo evidente en inexistente. Si un funcionario público utiliza su posición para construir una candidatura mientras sostiene que no está haciendo campaña, el problema deja de ser semántico para convertirse en electoral y generador de responsabilidad.‍ ‍

Además, su precampaña es una burla porque está basada solamente en la imposición y el dedazo. Reconoce expresamente el articulista: “Habiendo recibido todo (Vázquez y Jáuregui), asumen actitudes desleales ninguneando la facultad política de la gobernadora a recomendar perfiles para presidencias municipales y diputaciones”.[2] Ese supuesto derecho de que habla es ilegal, prohibido en la Constitución y la Ley (se llama “principio de imparcialidad”), así que, en estricto sentido, ningún funcionario tiene, ni ha tenido, ni va a tener ese derecho jamás.‍ ‍

A la única entidad que le corresponde el derecho a elegir candidato es a la militancia. Ni ética, ni jurídica, ni políticamente, ese derecho le corresponde a nadie más; y es preciso recordar aquí otra cosa, fue esa militancia la que, en su momento, se cagó en Javier Corral y se cargó a sus candidatos, no el dedo de Dios ni ninguna encarnación mesiánica de tipo morenista.‍ ‍

En otro párrafo, el pseudoanalista le atribuye a Cruz Pérez usar a la gente y luego limpiarse con ella; el que sí haría eso —más allá de toda duda— sería Santiago de la Peña de llegar al cargo: usar al PAN (a sus siglas y a sus militantes) y luego mandarlos a Chihuahua a un baile, por la simple razón que no le debería nada a nadie.‍ ‍

Esto último, sin remedio, llevaría a la destrucción del Partido. El párrafo ése donde el cronista alude a que César Jáuregui “fue parte fundamental […]” y que “fue muy bien recompensado” es de una vileza difícil de sobrellevar; me imagino que si una mascota toma una pluma, ése sería el único lenguaje asequible: el de la recompensa, el de las croquetas suministradas a tiempo; no se equivoquen: aquí no se trata de recompensar nada, es darle el crédito y el mérito que un político de la talla de César Jáuregui merece y jugar la mejor carta que el PAN tiene para retener Chihuahua en el 2027. De contender, Santiago de la Peña se va a encargar de hundir al PAN chihuahuense, sí, porque al demoler al PAN de Chihuahua capital se destruye el mayor bastión del PAN en el Estado y si se destruye ese bastión, el PAN se acaba.‍ ‍

A ese respecto, el cronista abre fuego afirmando que tiene “dificultades para comprender la insubordinación de César Jáuregui y el minúsculo grupo que lo acompaña en tal despropósito”; vale la pena recordar que en el pasado mes de abril se publicaron notas alusivas a que María Eugenia se había reunido con aspirantes a la Alcaldía chihuahuense: “La reunión […] contó con la presencia de Rafael Loera Talamantes, César Jáuregui, Santiago de la Peña, María Angélica Granados, Alfredo Chávez y Alan Falomir”;[3] eso se llama permiso tácito.‍ ‍

En ese tenor, la explicación racional que pide el editorialista, aquí se la brindo: kilo por kilo (y eso ya es mucho decir), Jáuregui es el mejor aspirante; es el más preparado, el que cuenta con la mayor experiencia, el que ha sido secretario de tres de los municipios más importantes del Estado (Juárez, Chihuahua y Delicias), el que ha sido dos veces coordinador de la fracción panista en el Congreso estatal, el que ha estado en el PAN, con el PAN y por el PAN, en las duras y en las maduras, en las buenas, en las malas y en las peores; y el único que se ha mantenido a pie firme y a cara descubierta, ante el vendaval; para lo que se viene en el 27 se necesitan hombres, no payasos.

‍En lo único que le asiste la razón al autor de la nota es cuando afirma que: “En chihuahua (sic) se juega el destino de la Patria, no es momento para ternuritas ni chantajes”; así es, es hora de que quienes se van a definir se definan claramente; pues bien, ¿saben qué?, Chago no va. De eso nos vamos a encargar los panistas.

Concluyo, donde sí se excedió el comentarista es en eso de que “mejores tiempos para ratificar nuestra convicción de mexicanos libres no existen”, porque, ¿qué tan libre puede ser quien suda peleas ajenas por un plato de lentejas. Un can triste que entra a la arena a sangrar por otros y, al terminar el combate, le limpian las heridas, le llenan el plato y lo dejan descansar en un rincón? Debería pedir un aumento de ración, las humillaciones a las que se expone en forma periódica deberían beneficiarlo de algún modo. ‍ ‍

Seguiremos platicando.‍ ‍

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[1] Masa de alimento ya masticado y mezclado con saliva que se forma en la boca antes de ser tragada.

[2] Énfasis añadido.

[3] Visible en el sitio: https://elindicadornoticias.com.mx/contenido/54069/maru-campos-reune-a-aspirantes-panistas-por-la-alcaldia-de-chihuahua-fijan-reglas Consultado el 20 de junio de 2026 a las 23.39 h.

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DE VUELTA

Como dice la canción: Ya vine de donde andaba, se me concedió volver. ¿Qué cómo me fue? Muy bien y muy mal. Bien porque cumplí con el cometido del viaje: asistir a la Convención Internacional de Rotary en Taipei y porque vi al Adolfo; mal, porque Japón, Corea y Taiwán son otro mundo, lo que más me hizo sufrir fueron los rigores de la dieta.‍ ‍

Yo soy medio especialito para comer, mi mamá así me crio: “¿que a m’ijo no le gusta el tomate?; no le damos tomate al niño”; “¿que no come pepino?; sin pepino”; “¿que la berenjena no la puede ni ver?; a la tiznada la berenjena”; y así. De tal modo que sólo como carne de puerco y de res; pollo y poquito pescado; nada de cosas raras, empezando por los pulpos y terminando con los chapulines.‍ ‍

De hecho, ahora que andaba por allá, me di cuenta de varias cosas; la primera, la más importante, es que yo tengo razón en andar de mentecatito con la comida. Mis treintaidós lectores (sí señor, a esto ya no lo para nadie) se podrán preguntar el porqué de dicha afirmación tan rotunda y yo les respondo: porque mucho tiempo, dinero y esfuerzo invirtió mi mamá para que yo me alimentara a mi gusto, como para andar, ahora, ahora traicionando su memoria y comiendo como oso hormiguero. Cierto que parte de la experiencia de viajar es comer lo que se comen en los lugares que visitas; pues yo me niego; el Adolfo se burló de mí dos días porque en Osaka fuimos a comer pasta y pizza a un restaurante italiano y porque en todo el viaje no comí sushi. En cambio, él terminó con los ojos papujados y un cómico color amarillo de tanto pescado crudo que comió; yo lo veía y se me revolvía el estómago. Una tarde, no pude más y mientras él se deslizaba en lo oscuros aposentos de un restaurante tradicional, en donde lo obligaron a quitarse los zapatos y sentarse en el suelo para comer anguila, yo caminé diez cuadras hasta llegar a un restaurante donde vendían hamburguesas al carbón. Muy buenas, por cierto. Con lo único que transigí, fue con la carne Wagyu, básicamente porque es carne de vaca; deliciosa, sin duda, al igual que la carne de Kobe, que también comimos.‍ ‍

Con lo que nos dimos vuelo fue con el ramen, ¡a cómo comimos! En nuestro viaje al monte Fuji, nos detuvimos en una pequeña ciudad para abordar el autobús que nos llevaría al lago Kawaguchiko, y comimos uno especialmente sabroso, atendidos por una japonesa que hablaba español, porque su papá es de origen peruano y los enseñó a hablarlo.‍ ‍

¿Volvería a ir? Quizá no. Siempre digo que a mí me gustan las grandes ciudades y donde estuvimos, Taipei, Tokio, Hiroshima, Kioto, Osaka y Seúl, lo son; pero son completamente ajenas a mi idiosincrasia; empezando por los aposentos; todo es diminuto, sentarse, pararse, comer, es una tortura; y lo que hay que ver es lo mismo: templos y más templos, palacios y más palacios y un sinfín de parques; paisajes espectaculares, eso sí, pero para mí que no soy de gustos campiranos, es un ya llegué, ya me voy; prefiero Europa, mil veces: Praga, Viena, Barcelona, Madrid o París.‍ ‍

Además está el asunto del idioma; a mí, desde antes, me caía bien el chat GTP, pero ahora lo amo; si no fuera por él no sé qué habría hecho. “Traduce”, le ordenaba; “lee”, “explícame”, una maravilla.‍

Sin embargo, dejo para el final la reflexión de fondo: ¿qué sentí durante todo el viaje al recorres esas urbes inmensa? ¿Con toda franqueza? Admiración, estupor, vergüenza, envidia; párrafos arriba afirmé que Japón, Corea y Taiwán son otro mundo y sí, lo son también por el orden, la puntualidad y la pulcritud que se viven en sus calles; ciertamente no sé cómo vivirán sus vidas a puerta cerrada, pero el ambiente que se respira en los espacios abiertos es increíble; la consideración, el respecto, la educación, son admirables; ¿qué pensará una de esas personas cuando viene a nuestro país? Suciedad, violencia, deterioro por todas partes.‍ ‍

Podrá mi querida lectora, mi gentil lector, pensar mal de mí por esto que escribo; “malinchista” podría ser una palabra que se le viniera a mientes y tal vez tenga razón, corro ese riego porque para eso escribo: para compartir mis pensamientos, pero sí tenemos mucho, mucho, qué aprender de esas civilizaciones, sus instituciones, su grado de desarrollo, su cultura, su civismo, son admirables por donde se les mire; vagábamos por sus calles (donde está prohibido fumar) y la limpieza y el orden cortan el aliento; por no saber, varias veces, Adolfo y yo anduvimos con la basura en la mano porque en kilómetros a la redonda no hay un solo bote de basura. Y sí, lo confieso: sentí envidia, de la mala; porque me gustaría vivir en un país así: limpio, ordenado, educado; y no tener que oír ni leer el montón de babosadas que a diario nos endilgan nuestros políticos de cuarta para justificar la ramplonería, ignorancia, estupidez, vulgaridad, suciedad, violencia, mentiras, desorden, corrupción e impunidad imperantes en nuestro país.‍ ‍

¿Qué viva México? Sí, que viva para que aprenda.‍ ‍

Nos falta mucho para ser un gran país; porque, para serlo, no bastan los discursos ni el autoengaño recetados a diario; es necesario construirlo paso a paso, ladrillo a ladrillo; y luego de escuchar hablar a los políticos que nos gobiernan, empezando por la doctora Sheinbaum, me doy cuenta que no hemos dado un solo paso de ese recorrido; seguimos estancados en la sordidez y la mediocridad y no se ve para cuándo empecemos a avanzar en ese trayecto. ‍ ‍

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SIGAMOS HABLANDO DE FUT

‍Ya empezó el campeonato y se me empezaron a desacomodar los números; dije, y dije bien, que en el grupo A México tenía la ventaja de la localía —y la tuvo—; que Corea del Sur se iba a merendar a la República Checa y así fue; y que Estados Unidos la tenía fácil contra un Paraguay y el 4 a 1 lo dejó en claro. Donde si ya no di pie con bola es que yo pensé que Suiza y Canadá iban a vencer sin contratiempos a Qatar y Bosnia, respectivamente, y resultó que no; salieron con su tarugada del empate.

En el C, lo único lógico fue que Escocia, como debía ser, venciera a Haití (ahí tí), porque, ¿quién iba a imaginar que Brasil —¡Brasil!—, empatara con Marruecos? O, ya puestos, Holanda —¡Holanda! ¡Y por dos goles!—, con Japón?  Yo digo que me leyeron y, para fastidiar mis pronósticos futbolísticos, salieron con su batea de babas. En el orden ilógico de las cosas (los que con toda seguridad también me leyeron), resulta que Australia se impuso a Turquía, ¡hágame usté el favor!, y dos a uno para colmo, algo así como para quitarme lo hocicón; el empate a cero entre Costa de Marfil y Ecuador es la suma de la intrascendencia con lo irrelevante. ‍

Otros que también me leyeron estoy segurísimo, fueron los suecos: ¿Qué la calor? ¡Ajá! Ahí te va tu golpe de calor; p‘a que veas que sí semos vikingos —o les fueron con el chisme—, porque a los tunecinos se los zamparon crudos, como atún en “Poké Bowl”, ahí está ese  5-1 que no me deja mentir.‍ ‍

Lo que sí ocurrió tal y como yo dije fue el contundente 7-1 de Alemania contra Curazao; escribí, y no me equivoqué ni tantito, que dominaría “el grupo desde la posesión del primer balón” y así fue, con un gol anotado en el minuto 5; ya luego Curazao respondió con la sorpresa emotiva del empate en el minuto 20, empero, como para quitarles lo soliviantados y castigar su atrevimiento, los alemanes le metieron otros 6 goles.‍ ‍

O sea, de mis tres preferidos (Alemania, España y México), la primera y el último no me fallaron. Falta ver qué hacen los españoles; para los mamones que nunca faltan, obvio en primer lugar estaría México si yo creyera que puede ganar la Copa; el problema es que según diversas estimaciones cualitativas, tenemos que la posibilidad de avanzar en el grupo es alta; pasar a cuartos, posible; llegar a semifinales, difícil, y ser campeón de escasa probabilidad, más o menos del orden de 1% a 3%; y no lo digo yo, que conste.‍ ‍

Si no me cree o va a empezar a discutir a lo baboso (y hasta de “malinchista” me va a acusar), métale lana (jamás apuesto, pero sería magnífico quitarle lo mentecato a ese mamón virtual). Total y los “Ratones Verdes” me leen —o les van con el chisme de estas mis malagoreras palabras—, y nomás para que me las trague, otra vez, ganan todos sus partidos, llegan a la final y ganan. Nada me daría más gusto.‍ ‍

Contarle cómo he visto los partidos es otra historia; por un precio ínfimo contraté un plan local japonés, el problema es que no funciona fuera; y, ya en Taipei, lógico, la señal no funcionaba; y como soy medio inquietito, bajé un VPN y así lo estoy viendo; lo malo es que lo narran japoneses y no les entiendo ni “j”; lo bueno, es que no necesito narrador para entenderlo; lo malo, es que, así, resulta medio aburrido; lo bueno, es que me ahorro al “Perro Bermúdez” (quién me cae gordo y no sé por qué); lo malo, es que me doy unas desmañanadas espantosas; lo bueno, es que aunque ya no estoy joven, soy “correoso”; lo malo es que me faltan la cervecita y los cacahuates; lo bueno, es que ya el jueves estoy en México —en caridad de Dios, los menús en caracter (y la zozobra de qué me irán a servir) ya me tienen harto—.‍ ‍

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VAMOS A HABLAR DE FUT

‍Si usted me lee, si usted me ha seguido en este avatar que se llama vida, donde llevo escribiendo ya desde hace casi veinte años, usted sabrá que cada cuatro años me aloco; no, no es con las Olimpiadas, ni con las de Invierno, ni con el Mundial femenil que, por no saber, no sé ni cuándo ni dónde se juega, ni siquiera si se va a jugar o no; no, a mí lo que me mata es la Copa del Mundo, la única.‍ ‍

Sí, cada cuatro años, esté donde esté, ahí ando, como judío errante, buscando dónde verla (siempre me ha agarrado trabajando); si me pregunta qué es lo que más me gusta es que los partidos se jueguen entre las 12 del día y las 12 de la noche, porque entonces mando todo al carajo —como hizo Samuel el gober precioso de Nuevo León— para verlos a gusto; si se puede con botanita y cerveza (c'est le meilleur) y que no me estén fregando.‍ ‍

Acá donde ando va a estar dificilito porque el partido inaugural se va a jugar a las 4 de la mañana, pero ni modo, c'est la vie. Yo puestísimo. Esta noche me acuesto temprano porque a las 3.55 am, tarán, de pie y dispuesto. Me vale que no sean horas: cervecita bien helada y botanas (papitas y cacahuates) y el Adolfo que se tizne, ¿quién le manda tenerme a mí de padre, ser güevón y que no le guste el fut? —es que, literal, estamos durmiendo en unas habitaciones de tres por tres metros—.‍ ‍

Como cada cuatro años, también, aquí va mi pronóstico, pero, antes, algunas aclaraciones; usted ya sabe, o debería saber, que el formato cambió y ahora juegan 48 equipos, con lo cual, ya no es como antes que iban 1.º y 2.º lugar contra 2.º y 1.º, respectivamente intergrupos; ahora pasarán, sí, el 1.º y 2.º de cada grupo (24) y los ocho mejores que queden en 3.º, ésa es una gran diferencia porque un equipo por lo general mediocre —como el mexicano— tiene muchas posibilidades de llegar a su 4.º partido. No se confunda, como el que más, yo quiero que gane México, pero soy realista. Sí, sí, yo como usted, ahí voy a estar: ¡México! ¡México! —y el Adolfo, desde su catre, perdón tatami, mirándome con rencor—. Va, pues, no voy a decir quién está en cada grupo porque es gastar párrafos a lo tarugo; voy a proceder diciéndole quién pasa, y porqué, en esta primera etapa.‍ ‍

En los grupos A, B y C, México tiene la ventaja de la localía y la obligación de liderar; Corea del Sur aporta ritmo y físico que desgastarán a la República Checa; Sudáfrica no tiene la menor oportunidad; México y Corea del Sur avanzan directo y los checos muy probablemente peleen en el grupo de los mejores terceros. En el B, creo que el equipo más fuerte es Suiza, y Canadá también aprovechará su localía; en el pasto se quedan Bosnia y, definitivamente, Qatar; y en el C, Brasil no tiene rival; el 2.º lugar se lo van a disputar Marruecos y Escocia; Haití posiblemente ni juegue, ¿cómo p’a qué? Brasil liderará sin sudar la camiseta pese al calorón (no como los suecos, que muy vikingos, muy vikingos, pero a los dos días ya se estaban deshidratando) Marruecos derrota a Escocia, pasa segundo; y Escocia pasa tercero.‍ ‍

En los grupos D, E y F, Estados Unidos pasa pos porque tiene que pasar (es local), en tanto que Paraguay y Turquía  se van a dar un buen agarrón entre ellos y con Australia; en suma, ¿qué va a pasar? No sé. En todo caso, por inercia, pasan Estados Unidos 1.º  y Turquía 2.º, en tanto que Paraguay pasa tercero. Australia, bais. En el E, Alemania (mi querida Alemania) dominará el grupo desde la posesión del primer balón; en tanto que 2.º pasará Ecuador; Costa de Marfil y Curazao —como el chinito (como Haití)— se quedarán milando; y en el F, están los Países Bajos —ah, la malhadada Holanda (y es que… no era penal)—, que deberá a enfrentar a un Japón retobón y bastante inquieto, a un Túnez salvajón y a una Suecia que se veía muy recia, pero que el calor de Los Ángeles los está matando; creo que Holanda fufe (diría m’ija María de chiquita), pero sí pasa en 1.º con Japón en 2.º y no sé quién en tercero, si Suecia o Túnez. ‍ ‍

En los grupos G, H e I, Bélgica domina por la previsible, aunque no inevitable, debilidad de sus rivales: Egipto, Nueva Zelanda e Irán. En ese orden, Bélgica pasa en 1.º  y Egipto en 2.º; los neozelandeses pasarán sin pena ni gloria y los de Irán —como querría Trump— irán mucho a.... En el H, España (¡Olé! ¡Arriba España, con tres “ñ”!) pasa con comodidad, aunque Uruguay puede darnos una mala sorpresa; en tanto que atendiendo a su plantilla, mayor roce internacional y una liga más competitiva, los “halcones verdes” de Arabia Saudita podría pasar como mejor 3º.; en tanto,  Cabo Verde —junto con Costa de Marfil, Curazao y Haití— engrosarán las filas de los chinitos y junto con Irán irán... En el I es dónde está el auténtico groupe de la mort, parce que, ma petite et bien-aimé France, aunque tiene un plantel muy completo, deberá enfrentar a Senegal y ya se sabe que esos en un descuido se lo comen a uno; a una Noruega hambrienta, con un Erling Haaland a la cabeza; y un Irak que se irá a ya saben dónde, de tal modo que quedan Francia y Noruega 1.º y 2.º, respectivamente, y Senegal 3.º.‍ ‍

En los grupos J, K y L el clima pinta despejado para la odiosa Argentina (claro que la de Maradona fue mano), con una Dinamarca que le irá a la zaga, con una Honduras y unos Emiratos Árabes que no tienen nada qué hacer; en el grupo K Portugal pasa como si la marrana, con Cristiano Ronaldo de indiscutido capitán, y una Colombia que pasa fresca, parce, en 2.º; en 3.º pasa Uzbekistán y la República Democrática del Congo se queda con las ganas y se va a la fila de los chinos; y por último, en el L, la pérfida Albión pasa sin problemas seguida de Croacia, por descarte pasa Ghana de buena gana y en el terreno quedan las aspiraciones de un neooriental Panamá que se va a chinar su madre.

El análisis de la segunda parte, se cuece así… aparte.

Luis Villegas Montes.

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CORTÉS: EL HOMBRE (6.ª de no sé cuántas partes).

No lo olvide, lo dejé a usted, en el artículo anterior, con el dilema de resolver si se decidía entre ser malincortés o cortinche —yo me decanto por el primer gentilicio porque, hablando estrictamente en términos apícolas, comprendo la importancia de la “semillita”, sin embargo me quedo con el cálido y amoroso seno materno como la auténtica fuente de la vida—, empero, lo hice sólo para introducirnos en el tema vía Cortés y merced al posdebate que surgió luego de la fallida visita de Chabelita Ayuso y la mefítica y virulenta reacción de la Clau.

Lo que quisiera hacer aquí y ahora —dentro de esa línea ya anunciada del pueril odio a Cortés— es ahondar en su significación y en sus ramificaciones; a saber, que ese odio a Cortés es, al final de cuentas, odio a España (país que ni siquiera existía en aquellos tiempos) y que, tristemente, ese odio a España es odio a nosotros mismos.

Entremos en materia. Entre los desatinos que la presidente mexicana expresó, se halla esta joyita: “A quienes reviven la conquista como salvación, les decimos: están destinados a la derrota”.[1]‍ ‍

Luego de leer esa línea sulfurosa me asaltan un montón de preguntas: “¿qué comió la presidente?¿Qué la indigestó?¿Qué le hizo daño? ¿Se les cayó de chiquita del moisés? ¿Se dio en la choya? ¿En qué forma, rediós, pretender reivindicar nuestro pasado mestizo, a partir de todos sus componentes, es pretender revivir la conquista?”.

Hablar de hechos pretéritos no es ni significa, per se, defensa a ultranza de ninguna cosa; y hacerlo para indagar sobre nuestros orígenes es tan legítimo como cualquier otra actividad humana, por lo que en principio no merece ningún tipo de ataque o condena; hablando de excesos, me mete más ruido, por ejemplo, que una gobernante desde su elevada investidura propale discursos de odio y, en plan papisa tropical, pretenda proclamar verdades inmutables y eternas.

Renegar de Cortés en esos términos y reivindicar el “glorioso” pasado indígena (que además se ha adulterado a lo bestia), es renegar de nuestra mexicanidad; es un intento de obligarnos a andar “a la patita coja” por la vida; ¿por qué?, porque para explicarnos en la mitad de nuestro ser actual es preciso recuperar, o por lo menos reconocer, nuestra parte ibérica.

Aquí hago otro paréntesis; buena parte de los detractores del proceso de la conquista —con Cortés como epítome— no son imparciales, pues no buscan hallar la verdad sino exacerbar o, en el mejor de los casos, evacuar su odio. Claro ejemplo de ello es la alucinante iniciativa presentada hace unas semanas por un tal Pedro Miguel para que los restos del “señor Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano” sean echados “en una caja de detergente Roma y se los entreguemos [a Chabelita] para que haga un caldo de tuétano o los meta en su cama y duerma con ellos”.[2] ¡Absurdo!

Lo interesante del caso no es la originalidad de la propuesta (lo de hacer caldo con el tuétano me parece muy ingenioso), sino el autor de la iniciativa; un escritor que sin empacho habla de su odio a Cortés: “Para sacarme el odio contra Cortés, escribí una novela sobre lo que le pasó después de que se murió. Se me pasó el enojo porque creo que le hice una canallada gorda, una venganza fuerte”.[3] ¿Proponer desde el odio? ¿Debatir desde el odio? ¿Discutir desde el odio? ¿Estudiar desde el odio? ¿Construir desde el odio? ¡Por Dios! ¿qué se puede hacer desde el odio y que salga bien? Es más, clara prueba de que el odio trastorna es el de ese perturbado (no hay otra forma de calificarlo) que piensa que, por escribir un engendro rencoroso (lo leí por encimita y ¡pobre!), le hizo una canallada gorda, una venganza fuerte, a un señor (él sí) que se murió hace 478 años, 5 meses y 7 días.[4]‍ ‍

Es decir, sólo el talante —que no el talento— belicoso, atrabiliario y descompuesto de la Clau deslegitima sus palabras; máxime que, por mucho que sea la presidente de mi país, en este punto, como en otros más, no me representa en lo absoluto. Ahí debería ir con tiento porque, a querer y no, debe gobernar para todos los mexicanos y esforzarse por representarnos a todos. Lo otro, lo otro es fascismo disfrazado.

Retomando el tema (odio a Cortés = a odio a España = a odio a nosotros mismos), al centrar su discurso en Cortés se soslayan, se mutilan de nuestro pasado, siglos de convivencia, aculturamiento y apropiación. La mexicanidad (ser mexicano —esa criatura mestiza, contradictoria y rutilante—) posee una capacidad casi milagrosa para convertir el dolor en fiesta, la escasez en ingenio y la mezcla en belleza; en ella conviven la piedra solemne de las ciudades virreinales y las pirámides antiguas; el barroco delirante y el humilde adobe; el mariachi, el bolero y la marimba; el mole, la canela, los chiles, el limón, el maíz, la caña de azúcar y el cacao; la pólvora de las fiestas patronales y el recogimiento silencioso de los altares domésticos o catedralicios. México huele a pan recién horneado, a copal, a pólvora mojada y a café de olla; canta, reza, maldice, comercia, improvisa y sobrevive con una vitalidad descomunal. Pocos pueblos han sabido fundir tantas sangres, memorias y símbolos distintos en una identidad tan reconocible, exuberante y profundamente humana; y todo eso (todo absolutamente) es producto —y no es posible negarlo— de esa mixtura, me atrevo a decir que “mágica”, entre lo africano, lo indígena y lo español.

Escribe a este respecto don José Fuentes Mares, a quien tenía un poco olvidadón:

“[…] la conquista del mundo azteca fue obra de la espada primero y luego de la cruz, pese a que en Castilla, con el océano de por medio, creyeron posible consumar la hazañas mediante la sola doctrina cristiana. Sangre sí, pero también catedrales y palacios, universidades, imprentas, libros, evangelizadores, defensores de derechos indígenas, maravillosos pastores de almas, poetas, pensadores, científicos, arquitectos, pintores, escultores, y sobre todo el dominio de una lengua universal”.[5]

Continuará…

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[1] Nota de la redacción titulada: “‘Quienes buscan reivindicar a Hernán Cortés y sus atrocidades, están destinados a la derrota’: las críticas de la presidenta Claudia Sheinbaum a la líder derechista española Isabel Díaz Ayuso”. [En línea]. Visible en el sitio: https://www.bbc.com/mundo/articles/c62d713zep2o Consultado el 9 de mayo de 2026 a las 7.00 h. Énfasis añadido. Énfasis añadido.

[2] Artículo de Yanet Aguilar Sosa titulado: “Militante de la 4T solicita al INAH exhumar y empacar a España, los restos del señor Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano”, publicado el 4 de mayo de 2026, por el periódico El Universal.

[3] Artículo de Reyes Martínez Torrijos y Juan Carlos G. Partida titulado: “Saqué el odio contra Cortés: Pedro Miguel”, publicado el 2 de diciembre de 2020, publicado por el periódico La Jornada.

[4] Este texto lo escribí el 9 de mayo de 2026.

[5] FUENTES MARES, José. Cortés. El Hombre, Grijalbo, 6.ª edición, México, 1981, p. 260.

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