El Día del Juicio
Este espacio reúne artículos de análisis y opinión sobre derecho, instituciones y vida pública. La mayoría de los textos abordan cuestiones políticas y jurídicas vinculadas al contexto mexicano.
Ocasionalmente, el autor comparte también experiencias o reflexiones personales sobre asuntos más generales, cuando considera que estos pueden iluminar, desde otro ángulo, los temas que aquí se discuten.
ABRIL 26 EN CHIHUAHUA
No sé si fueron ellos o fui yo, pero la ciudad se dejó ver con una docilidad que no siempre concede. Llegaron —Adolfo y Laura— y desde el primer momento algo se acomodó.
A Adolfo lo miro con ese desdoblamiento inevitable: es mi hijo y, al mismo tiempo, no lo es del todo; es un hombre que toma decisiones, que se equivoca —como todos— y que, sin embargo, empieza a trazar con una firmeza inesperada la línea de lo que quiere ser. Laura lo acompaña con una naturalidad que no estorba, lo cual ya es decir mucho; mira, pregunta, se asombra. Tiene esa cualidad rara de quien llega de fuera y ve mejor que uno —por costumbre, por la edad, por el desencanto— ya no ve.
No fue un programa rígido; fue un dejarse ir. Hubo, más bien, una sucesión de momentos: comer sin prisa, beber con la medida exacta en que la conversación mejora, caminar lo suficiente para que el cuerpo recuerde que existe. La ciudad —sus piedras, sus historias repetidas hasta el cansancio— se filtró entre nosotros sin imponerse. Sólo puse el carro y no estorbé que la descubrieran por sí mismos.
En algún punto —no sabría decir cuándo— entendí que no se trataba de la visita; o no sólo. Había algo más, una especie de corriente subterránea que nos iba juntando en un mismo cauce. Hablamos de libros, claro, pero no de libros en abstracto sino de ese gesto obstinado de creer que todavía vale la pena hacerlos bien, leerlos con rigor, exigirles algo más que la mera existencia.
Abril 26 —de la que ya les he hablado— tomó peso y cuerpo en esas charlas largas, no solamente como empresa, sino como una promesa compartida: hacer las cosas con cuidado, con un cierto grado de exigencia que hoy parece fuera de moda. A Dios gracias, coincidimos en lo esencial, que es raro y, por lo mismo, valioso: intentar hacerlo sin prisas lo mejor posible.
Hay una escena con la que me quedo: los tres sentados, sin prisa, en mi despacho, dejando que la tarde se estire más de la cuenta; cubiertos los rostros con máscaras. Jugando a no ser nosotros, o siéndolo, que al fin de cuentas eso es la literatura: un desdoblamiento, un juego de espejos, o de sombras… o de máscaras. Pensé —no sin cierta sorpresa— que algo había cambiado de lugar: ya no era yo llevando a mi hijo de la mano por la ciudad; era él quien, de alguna forma, me estaba invitando a entrar en un territorio nuevo, el suyo, en el que yo participo, sí, pero no guío.
Ésa, supongo, también es una forma de ternura.
Lo demás fue lo de siempre y no por eso menor: risas, comida abundante, música que se cuela por debajo de la conversación y la sostiene.
Abril 26 —nuestro pequeño despropósito— ya existe. Tiene nombre, tiene forma legal, tiene incluso un catálogo de libros asomando en el horizonte; pero sobre todo tiene esto: tres voluntades, tres inteligencias, que, por razones distintas, han decidido encontrarse en el mismo punto y ver qué pasa. No es poco.
No sé en qué acabará. Tampoco importa tanto ahora. Hay proyectos que se justifican por el solo hecho de intentarlo con seriedad, con una mezcla de entusiasmo y prudencia que evita tanto la ingenuidad como el cinismo. Éste, me parece, es uno de ellos, y con eso basta.
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Luis Villegas Montes.
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Carta abierta a César Jáuregui Moreno
Querido César:
No sabes cómo lamento no poder acompañarte en este lance y limitarme a ser testigo; pero ya ves, de nuevo, me hallo en una de esas encrucijadas en las que —yo digo— la vida me pone; y tú, con tu pragmatismo implacable, dirás que no, que me meto yo solito.
Pensé mucho en a quién dirigirle esta misiva y, en honor a la verdad, tendría que habérsela escrito a Angélica. Con toda seguridad tú no lo sabes: pero después de 2010, en alguna plática informal, me reprochó el no haberte acompañado en tu aventura de ese año; mi única disculpa fue que no pude estar aquí. Debía mantener una familia y, casualmente, era el coordinador jurídico general en una campaña estatal a la gubernatura, en Oaxaca, donde ganamos, pero fue como si no, porque el perro que ganó, un expriísta, Gabino Cué, a los dos minutos se rajó y no mandó a todos al carajo.
¿Entonces?, “¿para qué te escribo?”, te podrás preguntar. Te escribo, me repito, para dejar testimonio. Para que sepas que aunque no esté, estoy. En este trance donde, como panista, estoy más solo que un pingüino en la Plaza de Armas —no falta quien, si me ve venir de lejos, se cambia de acera (cosa a la que estoy acostumbrado, pues me ha pasado más de una vez en los últimos veinte años)— poco puedo hacer por tu precandidatura en esta contienda interna; pero, sábete, que si te haces con la candidatura externa, tienes desde ya mi voto —y no sólo el mío—: el de mi familia entera, el de muchos de mis alumnos y exalumnos, el de mis conocidos, el de muchos de mis compañeros rotarios, el de colegas, amigos empresarios, emprendedores y, en general, el del modesto círculo donde me desenvuelvo.
Te escribo porque en verdad me aflige no poder estar ahí, contigo en primera fila, porque recuerdo, intactos, muchos de los momentos que vivimos hace más de cuarenta años y por fuerza, el pasado siempre nos trae al presente. Éramos jóvenes y —porque te conozco— sé que no lo recuerdas: yo había estado en el movimiento del ’85 y, a mis veintipocos, tenía en mi haber una experiencia que a ti y a Memo Saucedo les hacía falta en su propio movimiento.
El primer recuerdo nítido que tengo de ti es el de una noche borrascosa en la que los acompañé, a ti y a Memo, al palacio de gobierno, donde se les ofreció la mafiosa alternativa porfiriana —en su versión priísta de “zanahoria o palo”—, que ustedes declinaron. Ahí estaban, jovencísimos ambos, hijos de familia sin abolengo, abriéndose paso por la vida y mandando al carajo al gobierno —y a un futuro promisorio de rodillas— para mantenerse de pie, erguidos frente a la intemperie. Ahí nos hicimos amigos. Su ejemplo de integridad me ganó para su causa.
No sé tú, pero yo recuerdo cómo alguna vez, Memo y tú me reclamaron porque, lector ávido como era (y sigo siendo), no había leído a Mario Benedetti. Lo leí y a ustedes dos les debo una de las novelas más importantes y queridas que he leído en mi vida: La tregua. Y si me sigo por ahí, a ti te debo otras dos de las lecturas más reveladoras de mi existencia, aunque por distintos motivos: Presidente interino, de Rafael Loret de Mola —publicado en 1993 y que anticipó el asesinato de un candidato presidencial en México (libro que todavía conservo)— y a quien leí, inútilmente, durante diez años (el tipo es malísimo y ése fue su único acierto editorial); y La guerra de Galio, de Héctor Aguilar Camín. Ese libro que también me regalaste no lo conservo; en alguna charla le platiqué de él a don Luis Herrera González (secretario de Obras de Pancho Barrio) y le obsequié mi ejemplar. Nunca tuvimos oportunidad de comentarlo, pero siempre que puedo lo recompro, en la edición de Cal y Arena, y lo he regalado (junto con La tregua) un montón de veces. Para mí, ésa es la mejor novela mexicana del siglo XX. Recuerdo, ¡cómo no!, tu entusiasmo por leer la novela que anunció —y nunca publicó— el gran Octavio Paz; y recuerdo también que la noche que asesinaron a Luis Donaldo Colosio estábamos juntos, en una fiesta, y gastamos la madrugada entera discutiendo sobre sus posibles implicaciones y fumando como chacuacos.
Hablando de libros, por cierto, no sabes cómo me pudo, hace unos años, llevarte a regalar uno —La octava vida (para Brilka), de Nino Haratischwili, una de las mejores novelas que he leído— y que me dijeras que ya leías más bien poco, ocupado como estabas en los asuntos de Estado (te confieso que sentí una ligera envidia por ese montón de libros que te regalan a diario y que, sospecho, se van a quedar sin leer). Me quedo con el Jáuregui —y con el Memo Saucedo— que a los veintitantos leían como locos y que me enseñaron tantas cosas, aunque yo también haya contribuido con mi sabiduría fútil. Recuerdo que alguna vez, camino a no sé dónde, refiriéndote a Julio César, empleaste esa frase tan famosa de que fue “la mujer de todos los hombres y el hombre de todas las mujeres”; te dije que me gustaba y te pregunté de dónde la habías sacado; tú te volviste y me respondiste: “de ti”.
En ese entonces, además de libros, hablábamos de teatro, de cine y de futbol. No sé si para ti fue también la primera vez (para mí lo fue), pero la primera obra de teatro que vi en la Ciudad de México fue Entre Villa y una mujer desnuda (habíamos ido a la asamblea para elegir al Jefe Diego como candidato a la presidencia de la República), protagonizada por Diana Bracho y Jesús Ochoa; discutíamos apasionadamente sobre si Forrest Gump era, o no, un imbécil; y el primer partido de futbol de primera división, en vivo, lo vi contigo en el Azteca; “es otro mundo”, me advertiste. Y sí. Años después, cuando viví en aquella ciudad, fui muchas veces al Azul, de nuevo al Azteca y al estadio universitario (a ver a los Pumas), a disfrutar un montón de partidos que siempre, por alguna razón, me recordaban aquella primera vez.
En el transcurso de estos años —los últimos once, por lo menos— mi actividad partidista disminuyó en forma sensible; sin embargo, a cada llamado, cada vez que fue necesario, acudí. Te lo comento porque no falta quien cree que, durante ese lapso (e incluso durante el tiempo previo), la nuestra fue, más que una larga amistad, una connivencia compleja. De hecho, tampoco falta el o la imbécil que cree que mi pluma ha estado a tu servicio en una especie de sicariato editorial. Nada más alejado de la verdad. Tú, mejor que nadie, sabes lo indócil que suelo ser. Tú eres la única persona que me ha dicho, en serio y en mi cara, que estoy loco… a lo que no respondí; pasaron los días y me dejaste pensando. De un modo extraño, debo concederte razón, aunque sólo en forma parcial, porque, tras meditarlo con seriedad y calma, llegué a la conclusión de que la mía es sólo una forma peculiar de pensar y actuar que no obedece a patrones preestablecidos. Díganme neurodivergente.
En eso somos muy diferentes. Yo me considero en extremo ejecutivo, alguien que avanza por la vida a machetazo limpio, mientras tú eres un político en toda la regla, que sabe, en todo momento, qué hacer y cómo hacerlo. En ese plan, tú sueles irte —como Tarzán— por las ramas y de liana en liana hasta alcanzar tu cometido, sea cual sea. En este punto, recuerdo la anécdota que me contó un buen amigo: una vez, un secretario de Ayuntamiento, que no hacía distingos y atendía a quien fuera que acudiera a visitarlo, así fuera un completo desconocido, recibió la visita de una señora de la tercera edad cuyas primeras palabras, cuando llegó a su presencia, fueron trágicas: “¡Ésta no es vida!”. Alarmado, mi amigo la escuchó con el corazón en un puño: “¿por qué?”, quiso saber. La mujer le confesó que se trataba de un gallo: el gallo de la vecina, que no la dejaba dormir porque a las cinco de la mañana empezaba a cantar con un estrépito digno de mejores causas. Mi amigo, sin saber qué hacer ni qué decir, salió a fumar (él no fuma, pero esa vez hizo una excepción) y regresó con una pregunta, a la que siguió este diálogo surreal: “oiga, ¿y si mata al gallo?”, “¿usted me autoriza?”, “no, ¿pero usted le va a decir a alguien?”, “no”, “pues yo tampoco”. Vaya usted a saber si el gallo pasó a mejor vida.
Así te imagino desde entonces: como ese mítico secretario. De Juárez a Delicias, de Delicias a Chihuahua, de Chihuahua al Estado, durante años, con toda la experiencia e inteligencia del mundo, resolviendo problemas ajenos; resolviendo, resolviendo, siempre resolviendo. Si yo fuera Miguel de Cervantes y tú don Quijote, te diría que desfaciendo entuertos… pero no lo somos, compadre: apenas sí somos estos dos hacedores de realidades en el perpetuo surco que don Manuel llamó “brega de eternidad”.
Y es precisamente por eso —por esa historia compartida, por lo que fuiste y por lo que sigues siendo, por un aprecio y gratitud inquebrantables— que, llegado el momento decisivo, no tengo duda: entre opciones, inercias y simulaciones, mi respaldo es para ti. Sin matices. Sin cálculos.
Que tengas mucha suerte y que Dios te bendiga, con cariño,
Luis Villegas Montes
RESPUESTA A FROYLÁN
El 26 de los corrientes, circuló una nota (https://www.lavozdeldesierto.mx/la-politica-me-da-web-75/), que dice, respecto de mi humilde y oscura persona, que:
“En algún momento durante su trabajo de magistrado, el abogado Villegas perdió la razón. Durante buena parte de su ejercicio quiso desahogar flatulencias por arriba de la cintura, como haciendo gala de un poder que nunca tuvo. Como magistrado y consejero de la judicatura cometió cualquier cantidad de excesos, llegando a despotricar contra la gobernadora. A pesar de sus habladurías quería seguir cobrando en el nuevo Tribunal, cómo. Al no conseguir su propósito, responsabilizó a Santiago de la Peña, sobre quien hace tiempo desahoga sus frustraciones personales. Agregue a lo anterior que, contrario a lo que dijo una y mil veces, decidió comprometerse con Cruz Pérez Cuéllar, agradecido de que el edil puso a su esposa en los acordeones del Bienestar. Decía que Corral era un vil rencoroso y mire en las que anda el señor exmagistrado. Sin embargo hay quienes todavía le conceden el beneficio de la duda, dicen que es inimputable; quedó loquito”.
Leyendo este tipo de infundios yo jamás pensé que podría darle las gracias a su autor, pero en esta ocasión no tengo alternativa: tocayo, gracias. Gracias de todo corazón porque me brindas una oportunidad dorada para dejar algunas cosas en claro, nomás espero que no tengas la piel tan sensible como algunos mequetrefes que se sienten, y luego se sientan, cuando me leen.
Gracias porque con tu notita, entiendo que quien te paga el pienso (te lo pagan y ni así) no tuvo los arrestos suficientes para encararme y asumir el hecho de que se va a poner los guantes y se vio en la necesidad de mandar un gato como amago.
Antes de continuar, veamos tu escrito —que voy a despachar rapidito—: no veo cómo, sin poder alguno —como tú afirmas— pude cometer cualquier cantidad de excesos (¿dónde estaba Miriam? ¿Cómo el chinito?); ni tampoco cómo pude despotricar contra la gobernadora si, ya ves, no tengo pelos en la lengua y a diferencia de quien te soltó la correa, yo las cosas sí las digo de frente. ¡Mírame! Sobre comprometerme con Cruz Pérez Cuéllar, suponiendo sin conceder que así fue, ¿qué prueba eso? ¡El poder de Cruz! Insinuarlo, tarado, deja mal parado a mi amigo, ¡qué digo mi amigo, mi hermano, Santiago de la Peña!, pues quedaría como un imbécil incapaz de imponérsele al edil juarense, quien pudo más, mucho más, que todo un secretario… ¡qué digo secretario! ¡Señor ministro de gobierno! Y no, no pongas palabras en mi boca, de Javier he dicho hasta de lo que se va a morir, pero, ¿“rencoroso”?, ¡jamás!
Gracias porque ahora sé —mejor dicho, lo confirmo— que vienen detrás de mí con todo, mascotas incluidas (tú eres la mejor prueba de ello).
Todo empezó con un hackeo que denuncié hace semanas, me imagino que lo bueno está por venir. Esa certeza se me presentó, en realidad, como una especie de déjà vu (para ti, que tundes teclas a lo baboso, un déjà vu es la sensación de estar en una situación que ya has vivido). Tú no lo sabes, pero hace años, me hallé en una situación muy similar y decidí afrontarla como te voy a contar.
Si no me crees, puedes preguntar por ahí… (Si fueras otro tipo de persona yo te diría que por ahí no puedes preguntar, pero gente como tú yo creo que por ahí puede ir hasta chiflando), porque todavía hay testigos de estos hechos, muy cercanos al poder en turno.
Te cuento: en esa ocasión, veintitantos años ha, rodeado de enemigos por todos lados (como Cúster contra los siux), con varias demandas en mi contra, laborales, penales y administrativas, sin dinero, etc. (muy parecido a cómo voy a estar en un ratito), me fui a México a hablar con el entonces presidente del Partido (ése sí y no las porquerías que hemos tenido desde el 2007 a la fecha —excepto por doña Cecilia Romero, quien lo fue por dos benditos meses—) a exponerle mi penosa situación y a informarle que ya había comprado una tienda de campaña, un sleeping bag, una lámpara, un magnetófono, varias botellas de agua y dos kilos de azúcar. El señor me miró muy extrañado pensando qué demonios tendría que ver él con mi excursión campirana (y preguntándose, quizá, si no me haría falta algo más, como café o cerillos y si no me estaría sobrando el magnetófono), hasta que le expliqué mis intenciones y cayó en la cuenta de la gravedad del asunto porque no, no es que me fuera a ir al Desierto de los Leones a acampar, sino que me iba a poner en huelga de hambre en la Cámara de Diputados. Gracias a Dios el asunto se resolvió en forma ecuánime: delegados por ambas partes, abrazos cordiales, acuerdos que se cumplieron a cabalidad y tantán.
Lo hice, tocayo, no porque fuera diputado, no; lo hice porque soy Luis Villegas.
Ahora que ya empezaron a soltar a sus perros (con gatos de avanzada), estoy consciente de lo que se me viene encima: confío en que la estrategia legal correcta me permita llegar en paz al término del sexenio (que ya le falta poco, a Dios gracias) y después platicar y aclarar las cosas con el nuevo mandatario… o mandataria (¡uy, uy, uy!). Ya te veré moviéndole el rabo como el que más.
Lo interesante es lo que va a ocurrir en el ínter porque la plaza Hidalgo me parece un lugar muy cómodo para enfrentar a mis detractores, romper el cerco que algunos medios de comunicación (chayoteros como tú) intentarán imponerme y bajar unos kilitos que traigo de más bajo el sol inclemente de la canícula chihuahuense. Espero con todo mi corazón, y sus arterias saturadas de manteca, que victimizarme no vaya a ser necesario —por si las moscas, la tienda, el sleeping, el magnetófono y la lámpara, los he cargado de casa en casa, como don Quijote a su lanza—. Como quiera, nada más saco el magnetófono y me asoleo repartiendo cuartillas y volantes. Va a estar muy padre porque siempre voy a poder desmontar los embustes que armen en mi contra mientras me doy vuelo platicando en serio el quién, el cómo, el cuándo, el dónde y el porqué.
Si todo falla, renegrido, me puedo ir a pasear al Perú o al Ecuador —países que no conozco ni tienen tratados de extradición con México— a esperar que termine el sexenio, etcétera.
Aunque no lo creas, tengo previsto hasta que se pongan estúpidos y violentos (uno nunca sabe, ya ves, aquí estás tú) y por eso tengo resueltos mis asuntos con Dios. A mis hijos, quienes saben que no les heredo nada material, le dejo el ejemplo de integridad que tú —y los que te pagan las croquetas—, ni volviendo a nacer, podrán jamás legar.
Huelga decir —mira tú, ¡qué bonita palabra! ¡Qué eufónica!— que a ti y a quien te da de tragar los hago responsables de cualquier accidente o atentado que sufra mi prieta y rechoncha persona… lo que no va a servir de nada, pero que el testimonio quede. Saludos, tocayo, a ver cuándo nos vemos para ir a comer prójimo.
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Luis Villegas Montes.
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PRIMERA Y ÚLTIMA CARTA A PINOCHO
Santehago:
Me hubiera gustado empezar esta carta con un “apreciable” o “estimado”, pero ya ves, no hay modo. Entremos en materia, Pinocho:
Como hago con los payasos de quiénes sé que están discapacitados para discurrir o siquiera debatir, me voy a ocupar de ti por una única ocasión.
A la queja que interpuse en tu contra, tuviste el atrevimiento, el descaro y el cinismo de responder el día de ayer (visible en el sitio: https://www.facebook.com/reel/1848515135828470) con tono de burla, entre otras cosas: que no habías tenido oportunidad de ponerle mucha atención al tema, aunque sí lo habías visto, porque lo consignaron algunos medios de comunicación; que creías que eso derivaba de una confusión; que honestamente (ja, ja, ja, “¡honestamente!” ¡Tú!) hasta que la leyeras verías a qué me refería con estos temas; que crees que estoy confundido con tu función como secretario de gobierno y la obligación, la intención, que hay de comunicar las actividades que tienes en tu carácter de servidor público con lo que yo señalo como alguna actividad digamos preelectoral; que habrá que ver la denuncia; que recordemos que los funcionarios públicos también tienen la obligación de informar sobre sus actividades diarias; que ves “con mucho interés” que me di el tiempo de revisar todas tus redes sociales; que “¡Qué bueno!”, y que esperas que te “haya dejado por ahí un like”; que ¿cómo vas a utilizar recursos “para una campaña que no existe?, si no hay campaña”, y que, la mía, te parece “una acusación grave e irresponsable”.
Como buen priísta, para ti, mentir es como respirar; porque, Santehago, no te hagas, tú te puedes haber salido del PRI, pero el PRI jamás se podrá salir de ti.
De tus palabras se infiere que, a falta de argumentos, pretendes descalificarme, pues me acusas de estar confundido y de ser un irresponsable; vamos a ver tus respuestas, una a una:
A. Afirmas que no habías tenido oportunidad de ponerle mucha atención al tema, pero sabes, y ves con mucho interés, que me diera tiempo de revisar todas tus redes sociales; si no le has puesto atención al tema, ¿cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que desmenucé tus redes sociales? ¡Mentiroso!
B. Afirmas que crees que estoy confundido con tu función como secretario de gobierno y la obligación que hay de comunicar las actividades que tienes en tu carácter de servidor público, veamos, Santehago: si todo lo que has hecho en redes tiene que ver con tu función pública (y sólo por vía de ejemplo), ¿qué tiene qué ver eso con lo que te gusta tragar? Visible en: https://www.facebook.com/reel/1213246550981417); ¿o con que la Ruffles ya haya encontrado su lugar favorito para la siesta? Visible en: https://www.facebook.com/reel/1508926470654910); ¿o que pases los fines de semana en familia con dos princesas que llenan todo de alegría? Visible en: https://www.facebook.com/reel/1663818601723064); ¿o con la visita a tu amigo, “El Gordo”, tu bolero de toda la vida? Visible en: https://www.facebook.com/reel/1508926470654910); ¿o con un sábado de boda con tu esposa… y la mesa que les tocó (la más ambientada de la noche)? Visible en: https://www.facebook.com/reel/911288711726194); ¿o con la música que te gusta (de la que lo sabes todo, porque eres un todólogo)? Visible en: https://www.facebook.com/reel/1581762049766142); ¿o con los dayvasos que te tomas saliendo de la chamba? Visible en: https://www.facebook.com/reel/771849085615420); ¿o con tu infancia jugando en las calles? Visible en: https://www.facebook.com/reel/1603728547627645); ¿o con tus arrebatos sociológicos que te llevan a explicarnos “cómo somos los chihuahuenses”? ¡Ay, perrito! Visible en: https://www.facebook.com/reel/940360425337892); ¿o con que hayas encontrado tu vocación de fotógrafo callejero? Visible en: https://www.facebook.com/reel/2064442557735444); ¿o con quién disfrutas el Superbowl (los amigos que son familia)? Visible en la página https://www.facebook.com/reel/902328829168672). ¿Confundido yo? ¡Confundido tú que no sabes ni lo que subes! ¡Mentiroso!
C. ¿Qué estoy confundido entre lo que tú supuestamente haces y yo señalo como alguna actividad digamos preelectoral? La verdad es que yo no soy el único en creerlo; vista tu exposición mediática, tu estrategia y la cantidad de recursos (financieros, humanos y materiales) que has puesto en juego, hay varios que así lo piensan. Mira: el 19 de marzo a la 1.24 p.m., el medio electrónico Sin Fronteras MX, publicó en Facebook (visible en: https://www.facebook.com/search/top/?q=sin%20fronteras%20MX), una imagen que da cuenta de una nota titulada: “Santiago de la Peña acorta distancias en la pugna por la alcaldía de Chihuahua” (nota visible en el sitio: https://sinfronterasmx.com/santiago-de-la-pena-acorta-distancias-en-la-pugna-por-la-alcaldia-de-chihuahua/?fbclid=IwY2xjawQv_X5leHRuA2FlbQIxMQBicmlkETF6TTNRSzZjZ2hsUEpwSmlLc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHiXecJFFe4TNZEyOugMgMsrMbE3Eb0WlJ0o_1bFv_-M8lPEmuYD5fMBcfART_aem_X-RAphFY4sjB1m430M_60w); que, entre otras cosas, dice que el impulso sostenido por de la Peña (o sea tú: te lo explico porque ya ves que no eres particularmente brillante) “lo coloca en una posición estratégica, perfilándose como el competidor que llega con mayor fuerza a la recta final de la precampaña por la alcaldía”.[1] Es decir, la nota se publicó ¡el jueves 19 de marzo! No hay que ser un genio Santehago —digo, hasta tú lo puedes entender (y eso ya es muuucho decir)—, para darse cuenta que ese medio, cuatro días antes de que el PAN dijera cómo se iban a elegir a sus candidatos para el 2027, ya hablaba de que estabas acortando distancias, que había una pugna, que ésta era por la alcaldía de Chihuahua, que tu no sé qué que qué sé yo (¡ay, papá!), te colocaba “en una posición estratégica” y que te perfilabas “como el competidor que llega con mayor fuerza a la recta final de la precampaña por la alcaldía”.[2] ¿Fue éste el único medio que “se confundió”? No, ve las siguientes notas de prensa: “Tendencias en la elección del municipio de Chihuahua, Chihuahua rumbo al 2027 - Marzo 2026 - RUBRUM”,[3] “Crece Santiago en encuestas de preferencias electorales”[4] y “De la Peña el aspirante que más crece: Rubrum”.[5] Ya ves, entonces, cómo hasta las encuestas y medios de opinión así lo creen. Parafraseando lo que dicen algunas féminas: “Santehago, no soy yo, eres tú”. ¡Mentiroso!
D. Sobre que los funcionarios públicos tienen la obligación de informar sobre sus actividades diarias; dime dónde dicen eso la Constitución o la ley. Te lo digo yo, Santehago, que sí sé derecho (por lo menos mucho más que tú): ¡En ningún lado! ¡Mentiroso!
E. Que mi acusación te parece “grave e irresponsable”. Santehago, llevas el priísmo metido tan dentro de ti que, así como tu precampaña —que no se sabe dónde empieza el funcionario y dónde termina el precandidato o viceversa— no se sabe ya ni quién eres. Como diría Jorge Negrete en Dos tipos de cuidado, lo llevas metido “[…] en el alma, en la sangre, en el corazón, ¡hasta en la médula de los huesos!”. Cuatro datos concretos de tu campaña ilegal:
1. No dudas en utilizar imágenes religiosas, como pueden ser la catedral de Chihuahua en distintas fotografías y desde distintos ángulos (visibles en https://www.facebook.com/profile.php?id=61571223135834&sk=photos) o incluso la imagen característica del Camino de Santiago (una concha amarilla), en manifiesta alusión a que vas “por buen camino” (lo que es completamente ilícito, en materia electoral);
2. Un reel que ha alcanzado, a la fecha de su consulta, 6,5 mil vistas, visible en la página https://www.facebook.com/reel/1398847411796709, nos regala una emotiva y conmovedora escena donde un niño se adelanta y te grita: “señor, ¡soy su fan!”; empero, no se muestra evidencia de que exista la debida autorización de los padres o del tutor; e igual ocurre en tratándose de una fotografía (https://www.facebook.com/profile.php?id=61571223135834&sk=photos) donde se te ve acuclillado frente a un niño en instalaciones públicas;
3. Un Reel que ha alcanzado, a la fecha de su consulta, 10 mil vistas (en el sitio: https://www.facebook.com/reel/1516432640244892); donde se aprecia la reproducción de un diálogo de la película Monter’s Inc. En efecto, mientras corre el video, se escucha una voz en off que dice: “¡Déjame verla! Estamos en la portada, ¿no? No puede ser… (puchurrumino) aparezco en la portada!”, diálogo que es audible (junto con las imágenes), en la página de Facebook (en el sitio: https://www.facebook.com/watch/?v=541450598850363). Esta película es una cinta producida por Pixar Animation Studios y distribuida por Walt Disney Studios Motion Pictures; y no hay que ser un genio (ni secretario general de gobierno) para saber el costo exorbitante que tiene el utilizar segmentos de material de ese tipo; a menos, que haya sido un video ilegal, editado sin pagar los correspondientes derechos de autor, en cuyo caso, es claro que el autor o autores del mismo incurrieron en una grave responsabilidad por el indebido uso de textos e imágenes ajenos, y
4. La mezcla de recursos públicos y privados es evidente porque, si según tú, se trata de una campaña “institucional”, no entiendo cómo, cuándo o porqué, tú pagaste por lo menos la difusión de nueve reels. Lo anterior, como se acredita con el acceso visible en la siguiente dirección: https://www.facebook.com/ads/library/?active_status=active&ad_type=all&country=MX&is_targeted_country=false&media_type=all&search_type=page&sort_data[mode]=total_impressions&sort_data[direction]=desc&view_all_page_id=555202811000820. En este sitio, se aprecian nueve anuncios identificados con los números 2127214394695146, 929328002836756, 1490992049040825, 1440451840858231, 925388799859605, 1860906757897666, 1492055732640572, 1547296179708746 y 25610309185315810, en circulación desde el 13 marzo de 2026, en la plataforma de Facebook, de tipo político/de promoción, que sólo durante la semana pasada (del 11 al 17 de marzo de 2026), reporta un gasto sumado de más de 47 mil pesos que tú sufragaste (ahí vienen todos tus datos).
Finalmente, y ya para finalizar: gracias, gracias, gracias por reconocer pública y expresamente que “no hay campaña”, lo que quiere decir que has gastado carretadas de dinero de manera ilegal en una campaña que, tú bien sabías, no existía aún.
Sin más por el momento, y para nunca jamás, quedo a tus apreciables órdenes.
Luis Villegas Montes.
luvimo6609@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com
[1] Énfasis añadido.
[2] Énfasis añadido.
[3] [En línea]. Visible en el sitio: https://rubrum.info/tendencias-en-la-eleccion-del-municipio-de-chihuahua-chihuahua-rumbo-al-2027-marzo-2026/ Consultado el 17 de marzo de 2026 a las 22:40 h.
[4] [En línea]. Visible en el sitio: https://el-observador.mx/2026/03/17/crece-santiago-en-encestas-de-preferencias-electorales/ Consultado el 17 de marzo de 2026 a las 22:48 h.
[5] [En línea]. Visible en el sitio: https://chihuahua.quadratin.com.mx/principal/de-la-pena-el-aspirante-que-mas-crece-rubrum/ Consultado el 17 de marzo de 2026 a las 22:59 h.
ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA: EL FRUSTRADO MILAGRO CHIHUAHUENSE. 3.ª DE 3 PARTES
6. Seguridad jurídica. Los jueces sometidos a control disciplinario deben saber que serán evaluados conforme a reglas claras y procedimientos formales. Cuando un órgano anuncia públicamente que actuará contra determinadas conductas sin precisar criterios legales, introduce incertidumbre y erosiona la previsibilidad del sistema;
7. Neutralidad institucional. Un tribunal disciplinario no puede convertirse en aliado de movimientos, colectivos o causas sociales. Hacerlo equivale a colocar el aparato disciplinario del Estado al servicio de una agenda externa al derecho;
8. Independencia judicial. Cuando el órgano encargado de vigilar a los jueces anuncia públicamente que “no permitirá” determinadas decisiones jurisdiccionales y que para impedirlas activará mecanismos disciplinarios, el mensaje deja de ser administrativo y se vuelve intimidatorio. El resultado es obvio, presión indirecta sobre la función jurisdiccional, y
9. División funcional dentro del Poder Judicial. El órgano disciplinario controla la conducta de los jueces, no el contenido de sus decisiones. Cuando la amenaza disciplinaria se utiliza para orientar o condicionar criterios jurisdiccionales, se rompe la frontera entre control administrativo y función jurisdiccional.
En resumen: el discurso de este dizque magistrado no revela únicamente una penosa y risible indigencia oratoria y un severo retraso mental; revela algo más preocupante: una incomprensión alarmante de los principios constitucionales que sostienen la disciplina judicial.
Si el propio presidente del Tribunal de Disciplina declara públicamente que el órgano que encabeza está “sumado a una causa”, la discusión jurídica prácticamente termina ahí. En términos clásicos del derecho probatorio: a confesión de parte, relevo de pruebas.
Un órgano disciplinario que anuncia empatías, militancias y advertencias públicas pierde, en ese mismo acto —y por decir lo menos— la apariencia de imparcialidad que la Constitución exige a quienes ejercen control sobre los jueces.
En esas condiciones, lo políticamente sensato y jurídicamente correcto sería una de dos cosas o las dos: que el magistrado se aparte del cargo. No por sensiblería ni por susceptibilidad política, sino por elemental higiene institucional. Si Paquito no es el patán que parece ser, debe renunciar. Que su amiga Maru —o su compinche Santiago de la Peña— lo sostengan, habla mal de ellos dos y habla mal de él (siempre queda la posibilidad de darle otro hueso a ese perro, en un lugar donde no haga tanto daño). En segundo término, ¿qué están esperando las barras y colegios? En vez de ser clubes de amigos deberían presentar una solicitud formal para que Acosta sea removido del cargo u obligarlo a renunciar; no hacerlo, les hace cómplices de la incompetencia y corrupción de un funcionario que públicamente se asume parcial y contrario a la independencia judicial. Ello, porque la independencia judicial no se defiende con discursos empáticos necios e insensatos ni con amenazas públicas; se protege con reglas claras, procedimientos formales y autoridades que recuerden que su única causa legítima es la ley.
Cuando ese principio se diluye, la política —y no el derecho— comienza a mandar en los tribunales; y si eso ocurre, el Estado constitucional empieza a convertirse en una simple ficción retórica.
¡Ay Dios mío! ¿Ven a dónde nos han llevado las estupideces de Santiago?
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ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA: EL FRUSTRADO MILAGRO CHIHUAHUENSE. 2.ª DE 3 PARTES
Más allá de que Paquito Acosta necesite tomar un curso elemental de oratoria para aprender a hablar y encabalgar dos frases con cierto sentido, es de atender a lo que dijo en el caso que comenta: que el TdD actuó de manera absolutamente empática con una problemática social, con una situación que se les denunció y con un problema social grave; que dicho problema lo es la cuestión que defienden los colectivos en ese tipo de temas; que el TdD se suma a este tipo de causas, y que se suma a ellas porque son causas que le duelen a todos; que el TdD no va a permitir, bajo ninguna circunstancia, que ninguna autoridad judicial vaya más allá de sus atribuciones (no determinaciones) sin que se apliquen ese tipo de instrumentos.
En este punto, lo verdaderamente relevante no es su torpeza expresiva, sino lo que dijo, porque leído con mínima atención jurídica, resulta todavía mucho más grave que su deficiente dicción.
De su propio discurso se desprende —sin esfuerzo interpretativo alguno— una vulneración en cascada de varios principios constitucionales que sostienen la función disciplinaria dentro del Poder Judicial:
1. Imparcialidad. Un tribunal disciplinario no puede “sumarse a causas” ni alinearse con colectivos o agendas sociales. Su única función es resolver expedientes conforme a la ley. Al declararse públicamente adherido a una causa, el órgano disciplinario prejuzga y pierde la apariencia de neutralidad que la Constitución exige;
2. Debido proceso. Anunciar la aplicación de “instrumentos” disciplinarios antes de la apertura de un procedimiento formal sugiere decisiones anticipadas. En un Estado de derecho las sanciones no preceden al procedimiento: son su resultado;
3. Presunción de inocencia. Cuando un órgano disciplinario proyecta públicamente la activación de sanciones antes de la investigación correspondiente, introduce la idea de culpabilidad previa. La presunción de inocencia no es una cortesía procesal, es un principio estructural del orden constitucional;
4. Principio de legalidad. La potestad disciplinaria sólo puede ejercerse con base en normas previamente establecidas y criterios jurídicos verificables. Sustituir ese marco por apelaciones a “problemáticas sociales” o “causas que nos duelen” desplaza la ley y la reemplaza por criterios políticos o emocionales, lo cual es incompatible con el principio de legalidad.
5. Objetividad. Los órganos de control judicial deben actuar con criterios técnicos, no con simpatías ideológicas. El lenguaje utilizado por el magistrado no describe un análisis jurídico, sino una toma de posición política, impropia de un órgano disciplinario;
Continuará…
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MARÍA EUGENIA CAMPOS Y EL SILENCIO DE CLAUDIA SHEINBAUM. 2.ª DE 2 PARTES.
Por cuarta ocasión, la reportera preguntó: “¿Qué opina frente a todo esto, Presidenta?”.
Claudia Sheinbaum: “Bueno, primero hay que revisar el caso, ¿verdad?, para poder opinar. Pero no, en caso de ser cierto, no puede ser; así de sencillo. Y tiene que demostrarse de dónde vienen los recursos, siempre”.[1]
Por quinta ocasión, la reportera preguntó: “¿Le competería también a la Fiscalía General realizar una investigación?”.[2]
Claudia Sheinbaum: “Pues hay que ver. Primero hay que revisar el caso. Y sí tendrían que revisar las instituciones competentes, si es que hay un delito en todo esto, o delitos en todo esto”.[3]
Por sexta ocasión la periodista preguntó: “¿O si hay recursos federales involucrados?”.
Claudia Sheinbaum: “Si hay recursos federales involucrados, tiene que ser la Auditoría Superior en una primera auditoría y, en todo caso, a la Fiscalía General. Pero, hay que revisar el caso”.[4]
Diversos medios, han sostenido la falacia de que Claudia Sheinbaum exigió investigar a María Eugenia Campos. ¡Falso! Lo más parecido a una exculpación, a un perdón anticipado por parte del Ejecutivo federal a la gobernaitora, lo acabamos de ver el pasado 2 de los corrientes.
¿Qué sí dijo Claudia Sheinbaum? ¿Qué repitió seis veces —SEIS VECES—?
“Pues hay que revisarlo”; “tiene que revisarse”; “Congreso estatal también tiene que revisarlo”;[5] “Bueno, primero hay que revisar el caso, ¿verdad?, para poder opinar […] tiene que demostrarse de dónde vienen los recursos, siempre”;[6] “pues hay que ver. Primero hay que revisar el caso […] si es que hay un delito en todo esto, o delitos en todo esto”;[7] y “[…] Pero, hay que revisar el caso”.[8]
Ahora bien, ¿qué es lo que ha dicho o hecho Claudia Sheinbaum en lo que va del sexenio cada vez que se ataca, cuestiona o acusa a un integrante de MORENA, de la comisión de un delito o falta? ¡Protegerlo! ¡Encubrirlo! ¡Solaparlo!
¿Qué repite casi a diario respecto de Adán Augusto y sus vínculos con La Barredora, los hijos de AMLO, el huachicol fiscal, las campañas financiadas por el narcotráfico, etc.?
Yo se lo respondo: “Que hay que revisar el caso”, que “tiene que revisarse”; que “tiene que demostrarse” o cualquier otra cosa parecida o similar. Una y otra vez, desde el púlpito de La Mañanera, Claudia Sheinbaum protege, encubre, consiente o arropa al interfeito (diría Cantinflas).
Porque a la oposición, a la verdadera, a la que la enfrenta, la cuestiona o le exige, a esa oposición (política o mediática), la maltrata de obra y de palabra de lo lindo. La vilipendia, la ataca, la acusa y siempre, siempre, siempre, lo hace sin pruebas.
¿Entonces?
La pregunta que sigue es muy simple: ¿Por qué?
O, mejor dicho: ¿A cambio de qué, Claudia Sheinbaum protege o solapa a María Eugenia Campos? ¿Por qué no la agarra de piñata como hace con la gobernadora de Guanajuato a la que cada lunes y martes la pone como lazo de cochino?
Más aún, ¿por qué la insistencia de María Eugenia en aquello de que “Chihuahua no se Entrega”,[9] en su IV informe? Como dice el refrán: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.
A mí me preocupa. Mucho, mucho, mucho. Vista la criminal inactividad del PAN en Chihuahua y como, de facto, su dirigencia ya lo entregó.
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[1] Énfasis añadido.
[2] Énfasis añadido.
[3] Énfasis añadido.
[4] Énfasis añadido.
[5] Énfasis añadido.
[6] Énfasis añadido.
[7] Énfasis añadido.
[8] Énfasis añadido.
[9] Nota de Rafael Navarro Barrón titulada: “Chihuahua no se Entrega”, afirma Maru Campos y Rinde su IV informe Entre Cohetones del Morenismo”, publicada el 10 de marzo de 2026. [En línea] Visible en el sitio: https://misionpolitica.com/2026/03/10/chihuahua-no-se-entrega-afirma-maru-campos-y-rinde-su-iv-informe-entre-cohetones-del-morenismo/ Consultado el 11 de marzo de 2026 a las 9:15 h.
ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA: EL FRUSTRADO MILAGRO CHIHUAHUENSE. 1.ª DE 3 PARTES
El fin de semana vi tres películas que en realidad son una sola y la llamaré: Miracle in Cell No. 7; película coreana dirigida por Lee Hwan-kyung, cuyo argumento es muy sencillo, casi primitivo en su eficacia: un hombre con discapacidad intelectual es acusado falsamente del asesinato de una niña y enviado a prisión; allí, los reclusos terminan protegiéndolo y ayudándolo a mantener el vínculo con su pequeña hija. Aunque no la vi en ese orden: primero vi la versión mexicana protagonizada por Omar Chaparro,[1] luego la turca[2] y al final la coreana, la original.[3]
Me gustaron horrores y hasta una moqueadita eché. No voy a explicar por qué funciona (inocencia primigenia, paternidad amorosa e injusticia judicial), tres resortes universales que, bien manejados, provocan una reacción emocional inmediata; ni por qué razón me gustó más la versión turca; ni por qué, aunque la mexicana es malísima —por culpa del guion—, la actuación de Omar Chaparro me encantó; ni por qué me caían mal, muy, muy mal, Chaparro y otro paisano, Chumel Torres, y ahora soy súperfan de los dos. Sería muy largo de explicar y traicionaría el propósito de estos párrafos; mejor haga lo que siempre sugiero que haga cuando escribo este tipo de cosas: juzgue por usted mismo; cómprese su cocota, su bolsón de palomitas y a darse gusto.
Para centrar el debate debo hacer una postrera referencia a la película: la historia funciona mejor cuando el espectador cree que el sistema judicial, en general, es razonablemente justo y, en ese contexto, el error judicial aparece como una anomalía monstruosa, una desviación intolerable del orden normal. Ese supuesto implícito explica por qué el relato conmueve tanto en Corea, por ejemplo; y explica también por qué la adaptación mexicana tropieza y por qué resultaba indispensable trabajar el guion con “pincitas”.
México es un país donde una parte considerable de la opinión pública asume —con razón o sin ella— que el sistema de justicia funciona mal con demasiada frecuencia. En ese contexto, la premisa pierde su carácter extraordinario porque el espectador ya no piensa: “Qué horror que algo así pueda suceder”; más bien piensa: “Sí, eso pasa”. La película pierde de ese modo una parte esencial de su fuerza dramática.
Claro ejemplo de lo anterior, del pésimo sistema de justicia, es una de las entrevistas más lamentables, tontas e impúdicas que he visto en mi vida. El viernes 6 de marzo, en las instalaciones del Tribunal de Disciplina (TdD), el inefable “Paquito” Acosta en una más de sus intervenciones, entre un montón de barbaridades y más allá de pésima y ridícula definición de “medida cautelar”, hizo una serie de declaraciones —que hacen que merezca ser corrido de inmediato por cínico e incompetente— como son las siguientes: “de manera contundente, de manera… absolutamente empática con una problemática social y con una situación que se nos denunció y con un problema social grave, como es la cuestión que defienden los colectivos en este tipo de temas, el Tribunal de Disciplina se suma a este tipo de causas, porque son causas que nos duelen a todos, en esos términos, por supuesto que no vamos a permitir, bajo ninguna circunstancia, que ninguna autoridad, del Poder Judicial, vaya más allá de sus determinaciones sin que podamos aplicar este tipo de instrumentos”.[4]
Continuará…
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[1] La celda de los milagros.
[2] 7. Koğuştaki Mucize (“El milagro en la celda 7”).
[3] 7번방의 선물 (transliteración: 7-beonbang-ui Seonmul “El regalo de la celda número 7.”).
[4] Artículo de la redacción titulado: “Suspende Tribunal de Disciplina Judicial a juez Manuel Jurado Torres”, publicado el 6 de marzo 2026 [En línea]. Visible en el sitio: https://laopcion.com.mx/local/suspende-tribunal-de-disciplina-judicial-a-juez-manuel-jurado-torres-20260306-512954.html Consultado el 7 de marzo de 2026 a las 22:30 hrs.
MARÍA EUGENIA CAMPOS Y EL SILENCIO DE CLAUDIA SHEINBAUM. 1.ª DE 2 PARTES.
En La Mañanera del 2 de marzo ocurrió algo. Algo grave, en mi opinión. Algo que claramente demuestra que María Eugenia Campos (MEC), la gobernaitora del Estado de Chihuahua YA está protegida por la cúpula de MORENA.
No por lo que dijo la titular del Ejecutivo federal, Claudia Sheinbaum (CS) sobre MEC, sino por lo que no quiso decir: en seis ocasiones distintas CS repitió la misma fórmula: Ni condena, ni exigencia, ni investigación inmediata.
La pregunta es ¿Por qué? O, mejor dicho: ¿A cambio de qué? ¿Qué prometió MEC que le valga tan encendida y persistente defensa?
Como no quiero que nadie me acuse de hocicón (cosa por demás frecuente), voy a transcribir parcialmente lo que se dijo ese día en relación con MEC:[1]
“Romina Gándara […] Sin Embargo publica hoy un reportaje sobre una lujosa residencia que se está construyendo la gobernadora María Eugenia Campos, en Chihuahua. Se trata de operaciones que permitieron sumar terrenos para la propiedad, que mezclan negocios, política y viejas alianzas corruptas: por ejemplo, José Luis García Mayagoitia fue el contralor general y el secretario de Hacienda durante el gobierno de César Duarte, y es uno de los facilitadores de esta “mansión en dorada”, como nosotros le llamamos, porque usa lámina de oro para decorar al menos el baño de visitas.
Varias de las personas que están involucradas en estas operaciones, incluyendo a la gobernadora, fueron señalados como parte de este esquema de la nómina secreta —no sé si la recuerda—, por medio de la cual se repartió dinero tanto a funcionarios, a periodistas, a legisladores, opositores, funcionarios, opositores y hasta sacerdotes. El mismo César Duarte está preso, entre otras causas, por el tema de corrupción.
Preguntarle, Presidenta, ¿quién investiga un caso como este? Y si ¿existen mecanismos para que se investiguen los recursos de una propiedad multimillonaria, que todavía ni siquiera se ha estrenado, a una servidora pública que ya antes ha sido señalada, incluso vinculada a temas de corrupción?”.
Aquí es donde viene lo interesante.
CS sólo respondió: “Pues hay que revisarlo”.
Seguramente insatisfecha con la respuesta, la periodista insistió: “Esta ‘casa dorada’ de la gobernadora panista es vigilada, Presidenta, por al menos por (SIC) una decena, más de una decena de elementos de la Policía Estatal […] La pregunta es: las contralorías locales suelen servir siempre a los gobernantes en turno, ¿quién garantiza una investigación a una trama como esta?”.
Respuesta de CS: “Tiene que ser la Fiscalía. Y si no, vamos a revisarlo, tiene que revisarse”.
Por tercera vez, la reportera volvió a insistir: “¿Cómo es posible esto? ¿Qué se dejó de hacer? ¿Qué se debe de hacer para frenar, al menos, que los servidores públicos en funciones con señalamientos de corrupción hagan negocios con los gobiernos?”.
También por tercera ocasión, CS disque respondió: “Congreso estatal también tiene que revisarlo”.
Continuará…
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[1] Visible en línea. Versión estenográfica. Conferencia de prensa de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo del 02 de marzo de 2026 | Presidencia de la República | Gobierno | gob.mx Consultado el 5 de marzo de 2026 a las 23:57 h.
HACKEO MASIVO
Iba a escribirle una carta abierta a Daniela Ávarez que versara sobre su falta de congruencia, sobre sus compromisos incumplidos, sobre los retos ignorados, pero deberé posponerla. Durante la semana, fui víctima de un hackeo. Por esa razón, debí partirle su mandarina en gajos a todas mis cuentas en redes.
Pero como soy inquietito, aquí vamos de nuevo; mi nueva cuenta de Facebook es la de Lvm Luis Villegas y la dirección es la que señalo a continuación: https://www.facebook.com/profile.php?id=61587818366550 y mi nuevo blog es: https://www.luisvillegasmontes.com
Si usted quiere ser mi amiguis ésa es la ruta. Mándeme una solicitud de amistad y prometo responderla. La verdad es que, saturadas mis dos anteriores cuentas en FB, tenía casi (de veras no miento) quinientas solicitudes de amistad sin responder por falta de espacio. Sé que hay un montontísismo de gente que no conozco y que, por ende, es irrelevante si me siguen, los sigo o nos seguimos; el asunto es que, por ahí, sanseacabó.
Hay otro montonsísimo que sí quiere saber qué ha hecho, qué hace o qué hará el que esto escribe, su Blue Demon de petatiux, pos en eso estamos: comunicándonos.
Esto es bueno, al final de cuentas, me brinda la oportunidad de saber quién sí sigue aquí, quién no y, por ende, quién está interesado en mis contenidos.
También eso me permite recapitular: amigos, adversarios o enemigos a secas, es bueno tenerlos ubicados en alguna categoría: perritos, perritas, perros; porque lo que se avecina es inédito por lo menos para los menores de cincuenta años, vale la pena tenernos ubicados para los bueno y para lo malo.
Como sea, aquí estamos y aquí vamos a seguir hasta que el cuerpo aguante.
Por cierto, vamos con todo por Jáuregui, que este fin de semana, ¡por fin!, empezó a enseñar músculo y a decirle —sin decirle— a Santi (hermanito y todo en el dizque Informe), que ahí le va un saco de naranjas y que manos le van a faltar.
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TRISTE PREMONICIÓN O INFAUSTA CASUALIDAD 1ª. DE 2 PARTES.
Parece ser que el Poder Judicial estaba condenado a ser construido precisamente donde se erigió: en las inmediaciones de la zona roja en la ciudad de Chihuahua.
Para despedazar al Poder Judicial no fue suficiente el criminal intento de ese pillo de siete suelas de José Miguel Salcido Romero, cuya administración fue la responsable de que el edificio actual se esté cayendo a pedazos. Él era el presidente y punto. Siempre pudo haber dicho “no” a cualquier iniciativa contraria al interés público. No lo hizo y, por increíble que parezca, se plegó, se frunció, se hizo chiquito, chiquito, chiquito.
Tampoco el jamelgo que fue Julio César Jiménez Castro, rocín de la inefable Lucha Castro (tocaya de apellido), pudo con el Tribunal, dos tres abolladuras y nada más.
De Pablo Héctor González mejor ni hablar: la intrascendencia hecha persona en casi dos metros de piel inútil.
Es decir, en dos administraciones —la de Duarte y la de Corral—, el Poder Judicial sobrevivió, para bien o para mal, de las inclemencias y obstáculos que la fatalidad decidió ponerle enfrente.
Hasta que llegó María Eugenia: le bastaron dos pseudoadministradores, primero para para doblegarlo; después para envilecerlo, degradarlo, pervertirlo.
Un ejemplo evidente y cínico, de esa reiterada violación al orden jurídico, la tuvimos el pasado lunes 23 de los corrientes (me refiero a los días que corren, no a los magistrados que integran el pleno del Tribunal Superior de Justicia y andan pidiendo, mami, más gasolina).
En efecto, en sesión del pleno, visible en el siguiente sitio de la red: https://www.facebook.com/watch/live/?ref=watch_permalink&v=920024457232036 (minuto 07:12), el magistrado Rubén Aguilar hizo alarde de un despliegue oratorio digno de admiración y envidia; algunas de las expresiones que se escucharon fueron: “ejercicio ejemplar”, “lluvia de ideas”, la importancia de verse “como un solo Tribunal” y “mesas de trabajo para poder llegar a la construcción de los acuerdos y con esto poder participar de manera coordinada con los integrantes del órgano”. Detenerse en el resto del balbuceo del magistrado no tiene sentido —virtud a la exquisita elocuencia y elegancia sin par, desplegadas en defensa de un punto que está más fuera de su competencia que aprender a leer— por la simple razón de que el artículo 187 de la Ley Orgánica del Poder Judicial (que posiblemente en estos seis meses nadie ha leído) establece textualmente:
“A las Magistradas y Magistrados corresponderá:
I. Remitir al área de estadística correspondiente, dentro de los cinco primeros días hábiles de cada mes, un informe sobre el movimiento de los asuntos habidos en la Sala durante el mes anterior, especificando el estado que guarden y la naturaleza de las resoluciones pronunciadas; asimismo, un informe anual dentro de los primeros cinco días hábiles del mes de enero de cada año.
II. Vigilar que las Secretarias o Secretarios y demás personal de la Sala cumplan con sus deberes respectivos y, en su caso, dar cuenta al Órgano de Administración o al Tribunal de Disciplina para los efectos legales correspondientes.
III. Encomendar a las Juezas y Jueces del Estado, conforme a su ramo, la práctica de diligencias en asuntos de su competencia que así lo requieran.
IV. Realizar el control de constitucionalidad y convencionalidad de las normas jurídicas en los asuntos de su competencia, en los términos de la Constitución Federal y Constitución Local.
V. Denunciar ante el Pleno del Tribunal Superior las contradicciones de criterios que se susciten entre las Salas.
VI. Ejercer las demás atribuciones que señalen las leyes, los reglamentos y Acuerdos Generales”.
Ni una sola palabra, ni una sola, sobre “mesas de trabajo para poder llegar a la construcción de los acuerdos y con esto poder participar de manera coordinada con los integrantes del órgano”. De hecho, no leer la Ley y no tener voluntad de acatarla, ocurre por una sencilla razón: porque a algún imbécil se le ocurrió organizar una serie de ejercicios ejemplares o lluvia de ideas, en vez de cumplir con ella, de acatarla a rajatabla y actuar en ejercicio de atribuciones expresas, visto el principio de legalidad que rige todo el quehacer público: ningún órgano de autoridad puede realizar ningún acto jurídico de contenido particular que no esté expresamente previsto en una norma jurídica; principio que es la base del Estado de Derecho.
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