EL CINISMO Y LA “PUREZA MORAL” MORENISTAS
En el teatro de la política chihuahuense, la simulación ha alcanzado niveles de comedia negra u ópera bufa. La desincorporación y venta de un tramo secundario de apenas 100 metros en la calle Anastasio Bustamante —un pedazo de asfalto de 2,110 metros cuadrados incrustado en una zona comercial— ha sido elevada por la bancada de MORENA a la categoría de “crimen patrimonial del siglo”. Con un discurso inflamado de indignación artificial, los voceros de la supuesta pureza pública rasgan sus vestiduras en la capital, gritando que se ha entregado la soberanía comunitaria a un corporativo privado.
Hay que tener un descaro monumental, o una amnesia colectiva clínicamente preocupante, para pararse frente a un micrófono a exigir “autoridad moral” cuando se carga a las espaldas con el mayor ecocidio y la mayor opacidad financiera en la historia moderna de México.
La realidad del proyecto en Chihuahua se rige por el más elemental urbanismo pragmático y representa un beneficio brutal, directo y definitivo para los intereses de los habitantes de la zona. Ese tramo de calle, subutilizado y convertido por las noches en una boca de lobo insegura y desierta, se transformará gracias a una transacción de más de 18 millones de pesos. El impacto positivo es evidente, medible y tangible para el ciudadano de a pie: dinamización económica sin precedentes en la colonia Altavista, ordenamiento del tráfico de carga que durante décadas asfixió la zona, la inyección de 400 empleos directos e indirectos, y una oleada de plusvalía que elevará de inmediato el valor de todas las propiedades vecinas gracias a un complejo comercial de primer nivel.
Se hace lo que se tiene que hacer: sacrificar una nula conectividad vial secundaria en favor de un bien público mayor y del desarrollo económico real, sin que exista un auténtico daño al erario ni afectación alguna a la circulación vehicular de la capital, pues el flujo fuerte se mueve por las arterias principales circundantes. Esos son hechos.
No obstante, para la oposición oficialista en la capital, esto es un pecado imperdonable. El chiste se cuenta solo. Mientras los diputados locales del movimiento guinda vigilan con lupa microscópica y santurronería barata cada centímetro cuadrado de pavimento vendido en Chihuahua, guardan un silencio sepulcral, cómplice y grotesco ante las atrocidades cometidas por su propio partido en el ámbito federal. Sí, atrocidades.
Ahí radica el brutal doble rasero moral de MORENA: ¿Bajo qué estándar ético se atreven a criticar una acera urbana quienes justificaron la destrucción sistemática y violenta de miles de hectáreas de selva virgen en el sureste mexicano? El Tren Maya, Dos Bocas y el AIFA no son proyectos de infraestructura; son monumentos al sobrecosto escandaloso, a la ineficiencia operativa subsidiada con el dinero de todos y al desprecio absoluto por la ley ambiental. Por si fuera poco, la hipocresía se corona con el saqueo y la opacidad total del destino de miles de toneladas de maderas preciosas —como el cedro y la caoba— extraídas de esa misma selva mutilada. Un negocio redondo e indiscutible cuyo paradero se ignora por completo bajo el manto protector del discurso de la “justicia social”. Para ellos, talar un pulmón biológico mundial y devorarse el presupuesto público es “transformación”; pero enajenar legalmente un callejón para generar inversión local es “corrupción”.
No hay autoridad moral en quien mide el impacto público con una doble vara tan cínica y desproporcionada. Comparar el ordenamiento de una calle local con la devastación impune del territorio nacional es una aberración argumentativa que insulta la inteligencia de los chihuahuenses. Al final del día, los hechos sepultan los gritos. La venta del tramo de la Anastasio Bustamante es una decisión ejecutiva orientada al crecimiento y la plusvalía de su entorno.
Las protestas de la oposición no son más que pataletas mediáticas, tonterías retóricas y cortinas de humo diseñadas para ocultar una verdad incómoda: que para señalar la paja en el ojo ajeno, primero hay que tener el valor de mirar la selva entera que tiraron en el propio.
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Luis Villegas Montes.